El siguiente texto es un extracto del libro Cómo organizar fiestas para ninos (ISBN: 9781683254188) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por T. Ferroni y M. Lironi, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción

Los adultos olvidan a menudo la importancia del placer de la espera, esa angustia sutil y expectante que invade a todos los niños cuando se acerca un acontecimiento. Esta sensación que les hace anticipar la alegría, que les hace estar tan nerviosos que no consiguen dormirse la vigilia y que hace que se despierten por la mañana y salgan corriendo para despertar a sus padres por miedo a haber dormido demasiado y perdido una parte del día en el que han pensado tanto y que se imaginan extraordinario e inolvidable.
El éxito de una fiesta para niños depende de los preparativos y de las actividades que se proyectan para que todos los participantes se sientan a gusto.
Pero puesto que los niños están tan implicados a nivel emocional, ¿por qué no participan también en los preparativos, haciendo que se sientan realmente una parte importante de un acontecimiento que les concierne?
No debemos emplearlos sólo en tareas secundarias, como desplazar las sillas de una habitación a otra sino que, según la edad, podemos confiarles también labores que precisan más atención y que pueden realizar acompañados.
Por ejemplo, si hemos previsto enviar invitaciones, no debemos conformarnos con hacer que el niño rellene unas que ya estén preparadas, sino que podemos aprovechar la ocasión para pasar un rato con él y prepararlas juntos: será suficiente con un poco de papel, un par de tijeras y rotuladores.
No nos debe refrenar el miedo de ver un par de tijeras entre las manos de un niño, o el pánico ante los desastres que podrían causar los rotuladores y la pintura: bajo nuestra vigilancia, podrá manipular las tijeras de punta redonda sin ningún peligro y aprender a dibujar y a pintar sin manchar nada.
A los más mayores, bastará con explicarles cómo tienen que actuar, limitándonos a dar consejos si lo preguntan.
Esto es válido también para las decoraciones, las tarjetas personales, etc. En la cocina, se debe vigilar y mantener a los más pequeños alejados de los fogones, pero sacaremos provecho de sus ganas de trabajar en las fases de preparación: obtendrán una gran satisfacción y su grado de autonomía se verá reforzado.
En una fiesta para niños, la contribución de los adultos es de todos modos determinante. El trabajo de prevenir cualquier riesgo para los pequeños invitados desenfrenados recae sin duda sobre los adultos, así como la tarea de organizar todas las fases de la fiesta, desde la merienda a los juegos, teniendo en cuenta la edad media de los participantes, de forma que nadie se sienta excluido.
En general, cuando los niños se reúnen, el desorden aparece de inmediato, provoca gritos y risas y, sea cual sea la razón de la fiesta, lo que cuenta es que se diviertan; pero si se quiere que la celebración tenga éxito y que todo vaya de la mejor forma, la reunión tiene que estar organizada, en la medida de lo posible, hasta los más mínimos detalles (pero sin exagerar).
Este libro ofrece justamente una serie de consejos sobre las decoraciones, los alimentos a preparar, las bebidas a ofrecer y los juegos a organizar, considerando tres franjas de edad: hasta los seis años, de seis a nueve y de nueve a doce.
Lejos de prever la fiesta como una serie frenética de juegos movidos, con una panda de niños extenuados, hemos escogido la alternativa de juegos de acción y otros más tranquilos que se pueden modificar a gusto de cada uno, para evitar los embarazosos paréntesis de silencio o, peor todavía, de aburrimiento.
Para no quitarle a la fiesta su espontaneidad natural, será necesario dejar espacio para la creación y el espíritu de iniciativa de los participantes, que podrán sugerir variantes en los juegos, más o menos largos según la acogida que reciban.
El papel de los adultos depende de su apreciación: a los más pequeños les gusta que los adultos jueguen con ellos, pero si su participación se ve forzada, los niños lo notan; los más mayores, al contrario, aceptan con placer la intervención de los adultos, pero rechazan las que consideran demasiado invasoras.
La participación no deseada de los adultos se tiene que limitar a los momentos de cansancio, y deben tener como objetivo conciliar los intereses de todos, en particular cuando la fiesta reúne a niños de distintas edades.
Los preparativos
La organización de la fiesta
Cuando ya se ha establecido el número de invitados, se puede hacer una simple llamada telefónica o enviar una tarjeta de invitación.
A continuación, tendremos que preocuparnos de acondicionar la habitación en la que se desarrollará la fiesta, teniendo en cuenta un lugar para realizar los juegos y otro para recibir a los eventuales acompañantes. Luego se tendrán que decorar.
El siguiente paso será preparar la mesa a la que se sentarán los niños para la merienda; más tarde, establecer el menú y, para acabar, pensar en la organización de los juegos.
A partir de la página 14, se encuentran las indicaciones que aportan una solución a cada una de esas cuestiones; en este apartado, nos conformaremos con algunas consideraciones generales.
El lugar
La elección nos tiene que llevar a escoger habitaciones poco alejadas del baño donde los niños, sobre todo los más pequeños, tienen que poder dirigirse con rapidez y a veces incluso con urgencia, puesto que aguantan mucho, ocupados en sus juegos… hasta que es demasiado tarde.
Así pues, se tienen que evitar los locales de dos plantas o las habitaciones a las cuales se accede a través de un tramo de escaleras e intentar proteger, aunque sólo sea con una sencilla planta, los ángulos, las partes puntiagudas o las tapias bajas. Si las puertas tienen vidrieras, se tienen que dejar abiertas. En cambio, se cerrarán siempre las ventanas, sobre todo las que son muy bajas.
Es necesario, aunque está claro que se debe evitar fumar, airear las habitaciones evitando las corrientes de aire, que pueden ser peligrosas si los niños han tenido calor: aunque el desarrollo de la fiesta sea tranquilo, existe siempre una cierta animación, sobre todo para los juegos más entusiastas.
El centro de la habitación tiene que estar despejado: lo mejor es colocar los muebles contra las paredes y hacer desaparecer la televisión, las revistas y los juguetes que podrían llamar la atención de los más perezosos, impidiéndoles integrarse en el grupo; si los juegos necesitan un acompañamiento musical lo único que se puede dejar es el equipo de música.
Si no se dispone de otro lugar para acoger a los acompañantes, se pueden colocar el sofá y los sillones en un rincón. Si desde la habitación se tiene acceso a un balcón o a una terraza, hay que hacer desaparecer todo lo que podría facilitar que los niños se asomaran a la barandilla.
Si la fiesta se desarrolla en un jardín, se tienen que guardar las herramientas de jardinería, como los rastrillos, con los que es muy fácil tropezar. También hay que controlar los grifos y las instalaciones de riego: el agua es un elemento que atrae a los niños.
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