El siguiente texto es un extracto del libro El gran libro del acuario tropical (ISBN: 9781785259623) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Gelsomina Parisse, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción

Cada vez son más numerosos los españoles que en vacaciones eligen como destino las playas coralinas del Caribe, el Mar Rojo, las Seychelles o las Maldivas, paraísos tropicales cuyas límpidas aguas proporcionan gratas sorpresas a quienes se sumergen en ellas incluso con una simple máscara de buceo.
Los fondos, tan llenos de peces multicolores y de los invertebrados más raros, causan gran nostalgia en los grises días de invierno cuando su recuerdo aparece más lejano que nunca.
Al igual que una espléndida postal siempre cambiante, los acuarios nos ofrecen la ocasión de conservar siempre con nosotros, en una esquina del salón o incluso en nuestra habitación, un trocito de arrecife de coral con sus habitantes: gracias a los acuarios, ya no hace falta cerrar los ojos para revivir los inolvidables momentos pasados entre corales y peces ángel.
Este manual le ayudará a proyectar, acondicionar y mantener en las mejores condiciones posibles un acuario tropical marino donde peces e invertebrados puedan vivir mucho tiempo e incluso llegar a reproducirse.
Tipos De Acuario
Acuario para peces
El acuario marino se ha convertido en una ocupación al alcance de todo el mundo desde los años sesenta, cuando empezaron a comercializarse las primeras sales marinas sintéticas. Sin embargo, durante mucho tiempo sólo se ha podido mantener los peces e invertebrados más robustos, porque las primeras composiciones de las sales carecían de diversos elementos necesarios para garantizar una larga existencia a organismos muy exigentes, como es el caso de los corales.
Hasta los años ochenta (cuando surgieron los primeros acuarios llamados «de arrecife», dedicados sobre todo a invertebrados), el clásico acuario marino tropical consistía en un acuario decorado básicamente con grandes conchas y esqueletos madrepóricos, entre los que nadaban pocos y majestuosos peces coralinos, de colores brillantes pero de corta vida.
Hoy en día no es común este tipo de acuarios; por suerte, la acuariofilia actual, moderna, madura y responsable, da preferencia a especies que aunque no sean tan vistosas pue dan adaptarse con mayor facilidad a la vida en el acuario, y prefiere ejemplares jóvenes antes que grandes ejemplares adultos.
El acuario dedicado exclusiva o prácticamente a los peces está muy extendido sobre todo entre aquellos que poseen un acuario de medidas relativamente pequeñas (100- 200 l), en general de producción industrial, provistos de cubierta y de una iluminación tradicional, y, por lo tanto, poco indicados para los acuarios de arrecife.
En este tipo de acuarios, se pueden mantener con éxito peces robustos y de tamaño no demasiado grande, como los pomacéntridos (Chrysiptera, Chromis, Dascyllus, Amphiprion), escorpénidos (Pterois, Dendrochirus), apogónidos (Pterapogon, Sphaeramia), lábridos (Bodianus, Halichoeres), pomacántidos enanos (Centropyge) y los pequeños peces globo (Canthigaster).
Junto a los peces, también se puede introducir algún invertebrado que actúe de limpiador de fondo al alimentarse de restos de comida y de algas filamentosas, como las estrellas de mar (oreastéridos), los ermitaños y las gambas. El acuario marino clásico es más grande y está dedicado a los peces coralinos más majestuosos.
Este tipo de acuario suele pertenecer todavía al ámbito de los apasionados (o por lo menos, a los afortunados que puedan permitírselo). En cualquier caso, la decoración tradicional formada por esqueletos de corales ha ido siendo sustituida por piedras «vivas» (véase pág. 33), que suponen una valiosa integración a la dieta de los peces más exigentes, facilitando de este modo su cuidado.
Los protagonistas de este tipo de acuario (con un volumen de 500 l como mínimo) son principalmente los grandes pomacántidos, quetodóntidos y acantúridos (Pomacanthus, Holacanthus, Chaetodon, Heniochus, Acanthurus, Zebrasoma, Naso), grandes meros, peces globo, peces ballesta, morenas, etc.
Acuario para invertebrados
Más conocido por los aficionados y por la bibliografía especializada como acuario de arrecife, su difusión comenzó en los años ochenta y en la actualidad representa la concepción más moderna y apreciada de la acuariofilia marina. Se trata de reproducir un verdadero rincón de barrera coralina en un acuario, dando preferencia a los invertebrados respecto a los peces, en la misma proporción en que se encuentran en la naturaleza.
En el acuario de arrecife, los protagonistas son los constructores de barreras coralinas: madréporas, alcionarios o corales blandos, tridacnas, etc., rodeados de esponjas, moluscos, crustáceos, estrellas de mar, erizos y otros fascinantes organismos de arrecife.
En este tipo de acuarios, los peces desempeñan un papel secundario: los más importantes son los comedores de algas (acantúridos y singnátidos), las especies territoriales de pequeño tamaño que viven entre corales (pequeños gobios, peces mandarín, pequeños lábridos, pseudocrómidos, grammátidos, etc.), o bien las especies que se alimentan muy despacio y en un acuario formado únicamente por peces podrían llegar a morir de hambre (hipocampos, peces aguja, peces navaja, etc).
Respecto al acuario tradicional de peces, el acuario de arrecife requiere una iluminación más intensa porque sus habitantes principales —corales y tridacnas— alojan en sus tejidos algas simbiontes (zooxantelas) que necesitan mucha luz para la fotosíntesis. Por ello, este acuario suele ser abierto (sin tapa) e iluminado con lámparas de haluros metálicos colgadas (véase pág. 16), con una luminosidad muy intensa y superior a la de los tubos fluorescentes.
Los cuidados que necesita un acuario de arrecife son, sin lugar a dudas, mucho más extremados que los que se requieren en un acuario de peces: los invertebrados más exigentes, como muchas madréporas, gorgonias, tridacnas, etc., requieren valores fisicoquímicos especialmente estables y pueden soportar un grado de concentración de sustancias orgánicas contaminantes, como nitratos y fosfatos, mucho más bajo del que toleran los peces.
Además, se requiere una renovación constante de los elementos y las sustancias que los invertebrados toman del agua para su propio metabolismo, en particular el calcio utilizado por los corales para construir su esqueleto calcáreo. El acuario de arrecife debe tener una capacidad no inferior a los 200-300 l (la óptima es superior a 500 l); su tamaño dependerá también tanto de la potencia y del coste del sistema de iluminación como de la necesidad de mantener las condiciones ambientales lo más estables posible.
Quienes por primera vez deseen instalar un acuario marino deben saber que conviene que su capacidad oscile entre 200-400 l: en un acuario más pequeño, es difícil alcanzar y estabilizar los valores fisicoquímicos del agua adecuados para los organismos que habitan en él, mientras que un acuario más grande requiere un mantenimiento demasiado laborioso para un aficionado.
El primer acuario se debe poblar con peces robustos y poco exigentes —sobre todo en lo relativo a la alimentación— y con algunos invertebrados que funcionen como limpiadores de fondo. Cuando se haya adquirido la experiencia necesaria (en un par de años), se podrá pasar a la instalación de un acuario de arrecife o un gran acuario para grandes peces coralinos.
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