El siguiente texto es un extracto del libro El libro de las hierbas medicinales (ISBN: 9781683251392) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Tina Cecchini & Bernardo Ticli, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Prólogo
No es de extrañar que los tratamientos naturales atraigan cada vez más. La Organización Mundial de la Salud afirma que el 60 % de las muertes registradas en 2002 en el mundo (46 millones de personas) pueden atribuirse a enfermedades evitables con una alimentación correcta y una actividad física moderada; asimismo destaca que la inmensa mayoría de las enfermedades (incluso no mortales) que afectan al ser humano son causadas por una alimentación incorrecta o insuficiente.

Si por un lado no sorprende —aunque debería escandalizar— que en el tercer milenio muchas personas sigan padeciendo hambre con las graves consecuencias que ello conlleva en duración y calidad de la vida, por el otro sin duda asombra que el rico y opulento mundo occidental tenga la primera causa de muerte en los hábitos alimentarios incorrectos, responsables de la mayor parte de las afecciones cardiovasculares. Así pues, comemos mal.
Sabemos que nuestro cuerpo produce sin cesar sustancias de desecho, muchas de ellas potencialmente peligrosas, como los radicales libres. Pero la naturaleza nos ofrece un escudo protector, sobre todo a través de la fruta, la verdura y los vegetales comestibles en general, que por desgracia consumimos de forma insuficiente a pesar de que nos permiten introducir sustancias beneficiosas como muchas vitaminas (A, E y C en particular), sales minerales, carotenoides y flavonoides, sustancias cuyas acciones beneficiosas se van perfilando cada vez más (son potentes antioxidantes y estimulantes del sistema inmunitario).
Un estudio llevado a cabo con algunos voluntarios, privados durante cierto periodo de fruta y verdura, ha revelado una drástica reducción de las funciones del sistema inmunitario. Por lo tanto, no es un tópico afirmar que en el alimento de origen vegetal se halla la solución a muchos de nuestros problemas y, naturalmente, que vale más prevenir que curar. De todos modos, cuando surge la enfermedad, es necesario intervenir, y los vegetales, tan útiles en la prevención, pueden volver a ayudarnos cuando falla la salud. Sin embargo, es obligado hablar con honradez y precisión en este ámbito tan delicado, que pone en juego nuestro propio bienestar.
Ante todo es necesario subrayar que un gran número de medicamentos y cosméticos utilizan sustancias extraídas de las plantas. Esta realidad queda atestiguada por la circunstancia de que de todas las estructuras químicas básicas hasta hoy conocidas por ser biológicamente activas, el 85 % tiene origen natural y sólo el 15 % proviene de la síntesis química de laboratorio, y que casi el 30 % de estas estructuras es de origen vegetal. Además, algunas moléculas naturales se reproducen o modifican en laboratorio o bien son aisladas de los organismos productores.
Y en muchos casos, eso facilita la administración de las sustancias en las dosis justas, y sólo de las más eficaces. Hay que decir también que, mientras que para la toma de un medicamento se consulta siempre —o así debería ser— al médico o al farmacéutico, para los trastornos más leves muchos consideran que el consumo de preparados a base de hierbas medicinales es siempre beneficioso y sin contraindicación alguna, por lo que se auto prescriben tratamientos de todo tipo. Sin embargo, las cosas no son así.
Muchos vegetales —como la digital, la belladona, el acónito, el eléboro, el veratro, la adelfa, el ricino, etc.— contienen venenos sumamente potentes. Además, algunas sustancias contenidas en estas plantas, si bien por un lado son muy útiles en medicina, por otro deben dosificarse de forma rigurosa y tomarse bajo estricto control médico, para evitar graves trastornos o incluso resultados trágicos. Otros vegetales contienen sustancias tóxicas que pueden revelarse como tales después de mucho tiempo, cuando ya han producido graves daños en órganos como el hígado.
¿Qué hacer, entonces? En primer lugar cabe precisar que las hierbas no ofrecen la seguridad de curación allí donde la medicina tradicional ha fracasado, y que tratar por cuenta propia las enfermedades, sobre todo si revisten cierta gravedad, no es sensato.
Al contrario, siempre es necesario consultar al médico, aunque sólo se quiera hacer uso de productos de herboristería o naturales en general. Dicho esto, podemos afirmar, sin lugar a dudas, que muchos trastornos, y desde luego los más leves, pueden hallar una solución con un tratamiento natural, teniendo en cuenta además que, en muchos casos, recurrir a los productos químicos podría resultar excesivo. Hay que pensar también que el principio activo aislado de la planta en laboratorio en ocasiones no tiene el mismo efecto que el presente en la planta utilizada en su conjunto.
Por eso, es muy probable que su actividad curativa se vea potenciada por la presencia de todos los demás principios presentes en el vegetal, con los que evidentemente trabaja en sinergia. En definitiva, una infusión contra el dolor de cabeza, para los trastornos digestivos o para tratar ligeras inflamaciones suele ser más idónea que una pastilla analgésica o antiinflamatoria o un antibiótico.
Por último, como el lector podrá observar, algunas fichas específicas van acompañadas también de los consejos relativos al uso de las hierbas en veterinaria. Así se atestigua el estrecho y antiguo vínculo entre el amor por la naturaleza, el conocimiento de las hierbas y el cuidado de lo más querido por el ser humano, según los consejos transmitidos de generación en generación y aún hoy reconocidos como eficaces.
La Recolección
Ante todo conviene escoger un día seco y soleado, pues nuestra salud y ánimo se verán beneficiados. Recordemos que, por la mañana, las plantas poseen concentradas al máximo todas sus virtudes medicinales. También la tarde puede estar bien (aunque haya menos luz), siempre que no exista humedad, pues podría perjudicar la «cosecha ». Los mejores años para recoger hierbas y plantas medicinales son aquellos en los que no ha llovido mucho.
Pocas palabras merece el equipo necesario. Cada cual se proveerá del instrumento más cómodo y adecuado para el tipo de recolección: las raíces requieren utensilios para excavar y podaderas robustas, mientras que las hojas y los frutos no crean problemas (un buen cuchillo afilado puede ser suficiente). Además, un cesto de mimbre amplio y hondo permitirá que las hierbas empiecen a marchitarse, primera frase del proceso de secado, e impedirá la negativa fermentación de las mismas.
Para una utilización óptima de sus propiedades medicinales, la recolección de las hierbas debe efectuarse en el periodo en que las sustancias activas alcanzan su máxima concentración. Así pues, en lo que respecta al mejor momento damos sugerencias de carácter general: para las flores, la época más indicada es el inicio de la floración, y para las hojas, coincide con la fase juvenil o el desarrollo alcanzado antes de la floración. Conviene recoger los frutos en plena maduración, las raíces en primavera u otoño, las yemas a principios de la primavera, los tallos en otoño y las semillas cuando la planta está seca.
Sin duda hay que elegir ejemplares sanos, sin enfermedades ni parásitos, situados lejos de fábricas, desagües y zonas contaminadas (líneas de tren, carreteras, suelos muy abonados).
Antes de salir para la recolección conviene formularse una serie de preguntas:
• ¿Qué plantas necesito?
• ¿Cuáles son las partes que debo recoger?
• ¿Tengo posibilidad de encontrarlas en el lugar escogido?
• ¿Es el periodo adecuado para la recolección?
Y lo que es más importante:
• ¿Soy capaz de reconocer con seguridad las plantas que quiero recoger?
• ¿Conozco bien las propiedades de esas plantas?
Sólo cuando se haya establecido un plan de recolección completo y correcto se tendrá la seguridad de poder salir al campo con toda tranquilidad.
Y para acabar, algunas recomendaciones: más vale no mezclar entre sí las plantas recogidas; si las raíces no interesan, es inútil arrancarlas (como es inútil y desconsiderado dañar toda la planta o recoger más de lo que se necesita realmente); por supuesto, nunca se deben recoger las plantas protegidas, y hay que respetar siempre las normas para la protección de la naturaleza. En todos los casos dudosos, sin duda es mejor acudir a una buena herboristería.
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