Lecciones de fútbol. El juego de ataque – Soccer lessons. Attacking

El siguiente texto es un extracto del libro Lecciones de fútbol. El juego de ataque (ISBN: 9781639198016) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Aldo Preda y Antonio Kuk, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Introducción

En los dos primeros volúmenes de esta colección dedicada a las Lecciones de fútbol (El control del balón y Driblar, pasar, tirar) nos hemos ocupado, genéricamente, de los fundamentos de este deporte, es decir, de las bases técnicas que todo jugador debe poseer, empezando por la simple conducción para llegar al manejo del balón, y siguiendo con el control preciso, la superación del adversario con fintas y contrafintas y los pases a los compañeros, en todas sus variantes, hasta la conclusión: el tiro a puerta.

Dando ya por sabidas gran parte de las nociones generales (que en cualquier caso volverán a mencionarse para mayor claridad expositiva), en este libro pasamos a ilustrar más detalladamente los aspectos ofensivos del juego del fútbol, tanto desde el punto de vista individual como desde el colectivo.

En las siguientes páginas se explicarán el tipo de jugador que precisa cada puesto —que ya no se puede definir tan rígidamente—, los consejos técnicos necesarios para superar la defensa adversaria y marcar un gol (de este aspecto nos ocupamos en el cuarto y último volumen de esta colección: Lecciones de fútbol: la defensa y el portero) así como los diferentes esquemas tácticos, siempre teniendo en cuenta que en el fútbol moderno un atleta tiene que saber hacer de todo y adaptarse a cualquier situación.

Cuando se oye la palabra ataque, instintivamente se piensa en los dos o tres puntas encargados de coronar con un gol el juego de su equipo. En realidad, el ataque a la portería contraria empieza desde el saque de puerta o desde un balón robado al contrario.

Según el mismo principio por el que se puede afirmar que en la defensa de la propia portería tienen que contribuir, si bien en distinta medida, los once hombres que están en el campo, también en el avance hacia la portería contraria desempeñan un papel indispensable todas las líneas. Es más, la participación de centrocampistas y defensores, cuando se realiza de manera eficaz, sirve para descomponer los contragolpes del otro equipo.

Desde un punto de vista táctico nos daremos cuenta de la importancia de la participación colectiva en la maniobra de ataque, sea cual sea la disposición de los jugadores (al hombre, en zona o en una variante mixta que hoy en día se aplica mucho).

Los momentos de la ofensiva son dos: primero está la preparación, encomendada sobre todo a los centrocampistas, con la función de construir e hilvanar el juego; después se pasa a la conclusión, que es tarea específica de los delanteros, que a los ojos del público son los jugadores principales por ser los encargados de marcar goles. Con razón se dice que el equipo que tenga un delantero y un portero buenos ya tiene medio equipo hecho.

En las mejores ligas europeas abundan los buenos delanteros. Los hay de todo tipo: el ariete, el atacante que sabe maniobrar y el rompedor. Con todo, incluso este último es un tipo de jugador que ha evolucionado, precisamente porque el fútbol actual no permite que los delanteros obedezcan sólo el instinto y el olfato de gol, sino que les obliga a sacrificarse en la construcción de la jugada y a veces en la obstrucción de la táctica de los rivales.

Capítulo a capítulo, veremos que un delantero completo debe cumplir con muchos requisitos: saberse desmarcar; no dar nunca un balón por perdido mientras haya una posibilidad de mantenerlo en juego (se dice que «debe creer en él»); ser valiente y hábil en las acrobacias; ser oportunista y temperamental; ser frío frente al portero adversario, tanto cuando el balón está en movimiento como en los tiros a balón parado; ser rápido de reflejos para evitar la trampa del fuera de juego.

Un buen ejemplo de todo ello es el jugador italiano Pippo Inzaghi, un delantero que hoy en día está muy cotizado: en la temporada 1996-1997, con el Atalanta, fue el máximo goleador de la liga, y sin embargo, al principio de la temporada tenía el defecto de quedarse repetidamente en fuera de juego; después, debido a que es un atleta inteligente y muy profesional, se corrigió hasta el punto de llegar a ser contratado por el Juventus y ser seleccionado para el equipo nacional.

Una vez terminadas estas Lecciones de fútbol, es importante haber aprendido que la técnica es fundamental, aunque por sí sola no hace al buen futbolista, ya que también debe estar bien dotado física y psicológicamente, así como tener la inteligencia para aprovechar las situaciones favorables y superar las difíciles, asimilar las enseñanzas, hacer buen uso de la experiencia (en la que caben muchos errores) y no olvidar nunca que tiene la suerte de practicar una de las profesiones más divertidas del mundo. Si además puede llegar a ser rentable…

La llegada de los patrocinadores

No se puede hablar de fútbol, en las puertas del año 2000, sin tratar un aspecto, aparecido desde hace poco más de un decenio, que está cambiando profunda y rápidamente la manera de concebir y de acercarse a este deporte.

Estamos hablando de la llegada de los patrocinadores y de la insólita relación que se ha creado entre los nuevos empresarios del balón y el mundo del fútbol profesional.

Alguien podría pensar que estos argumentos no deberían tratarse en un manual de fútbol, porque están lejos de la problemática de los chicos que se acercan a este deporte y que deben aprender a darle patadas a un balón. ¡Nada más lejos de la realidad!

Los aspirantes a futbolistas, los jugadores que empiezan a jugar y que se familiarizan con los conocimientos de sus primeros entrenadores se darán cuenta enseguida —desde luego de manera casi inconsciente, inducida, pero en la misma medida que sus ídolos, que negocian contratos estratosféricos— de que el fútbol está cambiando.

Hasta hace unos veinte años, los presidentes de los equipos de primera división solían ser grandes empresarios que se acercaban al fútbol casi como un pasatiempo, invirtiendo en el equipo de sus amores y dando la impresión de haber encontrado una ocupación también para el domingo.

En cambio, presidentes del calibre de Silvio Berlusconi, Massimo Moratti o la familia Agnelli en Italia conciben sus clubes como auténticas y verdaderas empresas de las que obtener beneficio, con negocios de mi les de millones (de hecho, mu chos de ellos son sociedades anónimas con ánimo de lucro que pueden cotizar en Bolsa).

Estos equipos, gestionados como empresas, con programas y políticas específicos (por ejemplo, la revalorización de los jóvenes) incluso a largo plazo, deberían ser capaces de resistir (algo que no siempre sucede) cualquier cambio en los cuadros directivos y convertirse en una organización perfecta en la que nada se deja al azar y que forma una pirámide que va desde el gran campeón que enardece al público en cada partido hasta los jugadores reservas de los alevines.

De este modo, el fútbol se transforma en una reluciente máquina que fabrica millones y que atrae los intereses de quienes se mueven a su alrededor. Los chicos, si tienen talento, se dan cuenta enseguida de que no hay demasiado tiempo para divertirse.

Apoyados por los patrocinadores, los nuevos empresarios traen a nuestros campos a grandes campeones que han pagado con cifras que casi están fuera de la realidad, aunque proporcionadas a los intereses que estos jugadores son capaces de mover. Los patrocinadores aportan grandes sumas que han cambiado el panorama del fútbol europeo.

En estos últimos años, por primera vez, muchos jugadores han ido a jugar a las mejores ligas en Italia, España, Inglaterra, Alemania o Francia, atraídos por contratos de nueve cifras, financiados en parte por patrocinadores y sociedades de comunicación.

Hay que tener en cuenta que los campeones dan espectáculo, y este atrae el interés de la televisión, que garantiza una buena parte de los ingresos de los clubes y que obliga a las directivas y las federaciones a aceptar imposiciones, como cambios de horario para que la cadena que tiene los derechos pueda retransmitir en directo los encuentros.

Sin embargo, los ingresos por los derechos de televisión se compensan por el continuo descenso de la presencia de espectadores en los estadios que puede llegar a producirse en algunos países. ¿Matará la televisión al fútbol? ¿Cuando se detendrá el río de millones que se está vertiendo en este deporte?

¿Se podrá volver atrás? La realidad y las exigencias de las cadenas no parecen permitirlo por el momento. ¡El fútbol moderno está levantando el vuelo!

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