El siguiente texto es un extracto del libro Aceites esenciales (ISBN: 9798894055688) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Francesco Padrini y Maria Teresa Lucheroni, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción

En nuestra vida cotidiana a menudo nos encontramos con hierbas medicinales como el romero, la salvia, la manzanilla, la menta y otras. Pero hemos olvidado que en su interior esconden principios esenciales.
En cambio, las antiguas civilizaciones lo tenían muy presente y durante mucho tiempo nuestros antepasados se curaban con las esencias extraídas de estas hierbas, que prevenían y curaban las enfermedades.
Este libro pretende principalmente hacer visible de nuevo el estrecho y olvidado vínculo que ha unido desde siempre al ser humano con la naturaleza.
Un conocimiento profundo del mundo de las especies vegetales y de sus esencias puede prevenir y neutralizar el desgaste físico y psicológico provocado por el estrés, sin duda el mayor enemigo de nuestro equilibrio energético, dada su habilidad para acumularse en nuestro organismo y manifestarse con especial saña en numerosas patologías psicosomáticas.
Las fichas monográficas de las plantas que contienen estos aceites se han clasificado alfabéticamente en las páginas siguientes según su nombre científico latino. Sin embargo, para facilitar su búsqueda se ha preparado un índice de nombres comunes (véase el «Índice de los aceites esenciales », pág. 4).
El lector que desee aplicar los conocimientos adquiridos en este libro al masaje terapéutico o a los problemas psicosomáticos, sexuales y estéticos, puede consultar el libro de F. Padrini y M.T. Lucheroni, El gran libro de los aceites esenciales, así como el de F. Padrini, Il grande libro del massaggio con gli oli essenziali, publicados por esta misma editorial.
En este libro, por primera vez, se han estudiado y puesto a punto nuevas síntesis terapéuticas que prevén el empleo de los aceites esenciales para el masaje bioenergético, naciendo, de esta manera, el masaje aromático o aromamasaje.
Los aceites esenciales
Qué son los aceites esenciales
Cada vez que arrancamos el pétalo de una flor, una hoja, una rama o cualquier otra parte de una planta, esta libera un perfume. Esto significa que se ha liberado un aceite esencial. Los aceites esenciales —también llamados esencias, aceites volátiles o aceites etéreos— son una mezcla de sustancias aromáticas producidas por muchas plantas.
Están presentes en forma de minúsculas gotas en las hojas, en la piel de la fruta, en la resina, en las ramas o en la madera. Las plantas poseen pequeñas cantidades de aceite esencial respecto a su masa vegetal. Estos aceites son olorosos y muy volátiles, es decir, que se evaporan rápidamente al entrar en contacto con el aire. Tienen una química compleja, pero en general son una mezcla de terpenos, alcoholes, aldehídos, ésteres, etc.
Son solubles en los aceites y en el alcohol, e insolubles en el agua, aunque le transmiten el perfume. Son inflamables. Si, por ejemplo, se exprime un trozo de piel de naranja cerca de una estufa encendida, las gotitas de aceite que expulsará se encenderán al entrar en contacto con la llama.
La composición de una esencia natural es mucho más compleja que la suma de sus constituyentes. Los experimentos clínicos han demostrado que las esencias sintéticas no tienen en absoluto la misma eficacia y actividad que las naturales. La reproducción en un laboratorio de una esencia de la que se conoce la composición genera un compuesto que sólo es aparentemente igual al original.
Las esencias contenidas en la planta modifican su composición de un lugar a otro según cambie la estación y la hora del día. Las cualidades de los aceites esenciales varían en función del tiempo de recogida, también por el tipo de suelo, por el procedimiento de extracción y de conservación. Las plantas destinadas a la extracción de la esencia se recolectan al alba, cuando aún hay rocío y antes de que el calor del sol libere la sustancia aromática.
No existen dos plantas con el mismo perfume y la esencia representa en cierto sentido la «personalidad» de la planta, que, como ser vivo que es, será única e irreproducible. La esencia lleva en sí misma la huella del vegetal del que procede, y si es pura y ha sido extraída de forma correcta y respetuosa, se presenta extremadamente concentrada.
Sin embargo, los aceites esenciales a menudo son adulterados con alcohol, aceites o esencias de valor inferior, cuando no se trata de sustancias sintéticas. A ello hay que sumar el difícil reconocimiento de estas adulteraciones. Así mismo, estas sustancias se alteran con facilidad y pierden sus propiedades si no se conservan en recipientes bien cerrados, protegidos del aire y de la luz.
La naturaleza esencial de los aceites: un concentrado de luz y calor
El término «esencial» deriva de la teoría de Paracelso —extraordinario mago y terapeuta— que se refiere a la concepción herméti- ca que afirma que el hombre (el microcosmos) es un reflejo fiel de la imagen del universo (el macrocosmos).
Paracelso preveía la posibilidad de extraer de las plantas sólo lo que constituía su parte activa, entendida tanto en sentido material como espiritual. De la misma forma que el cuerpo físico del hombre interactúa con la materia, la composición espiritual de la planta, «la quintaesencia», entraría en contacto con la naturaleza sutil del hombre, su componente invisible, el cuerpo astral; por lo tanto «el alma» de la planta influiría en el alma del hombre.
Los aceites esenciales representan el componente más sutil y purificado de la planta: su preparación tiende a eliminar la materia más «densa», liberando el esquema de «inteligencia», la información energética subyacente. Los aceites esenciales constituyen una característica común a todas las plantas con flor.
Ejercen una función de reclamo para los insectos encargados de la polinización, pero sólo algunas familias de plantas, entre las que destaca la familia de las labiadas, tienen un porcentaje superior a la media, es decir, de más del 0,1 % del peso total de la flor.
Es interesante destacar que la mayoría de estas especies crecen en zonas cálidas, donde los factores de luz y calor convergen con mayor intensidad. Nos referimos al área mediterránea en particular, la tierra de las labiadas (romero, salvia, lavanda, orégano, tomillo, etc.) y a los países de la franja ecuatorial, donde abundan las especias (nuez moscada, canela, pimienta, jengibre, etcétera).
La producción de esencias por parte de la planta es directamente proporcional a la longitud y a la intensidad de la fotoexposición. Su formación se origina gracias a los procesos de calor y de luz ligados al sol. El aceite esencial está emparentado con la luz y el calor, con el fuego (se trata de sustancias fácilmente inflamables).
Bajo la acción intensa del sol, estas sustancias aromáticas no sólo se distribuyen en las flores, como sucede con otras plantas, sino también en las semillas, en las hojas y en las partes leñosas. Estas, respecto a otras sustancias vegetales, poseen una naturaleza superior, que cruza los límites de la simple naturaleza vegetal.
El perfume se expande, entra en contacto y comunica con el mundo de los insectos y, por consiguiente consiguiente, con el mundo animal, a la vez que no tiene compromisos con la tierra de la planta, es decir, con sus raíces, ni con el elemento agua, puesto que las esencias son insolubles en agua.
En cambio, sí que se evaporan con facilidad al entrar en contacto con el elemento aire, queman y tienen su origen en la luz, que representa el elemento fuego. Se abren y se expanden al exterior entregándose a un mundo superior. Por este motivo, los alquimistas hablaban de sustancias dotadas de «espíritu». Su parentesco con la luz y el calor se manifiesta en el hecho de que ciertas labiadas producen esencias mucho mejores cuando crecen en zonas elevadas, es decir, allí donde la luz del sol es más intensa.
Desde el punto de vista botánico, esta relación con la luz se confirma por el hecho de que dichas sustancias se forman a partir de una molécula simple de base, el llamado «hemiterpeno», alrededor del cual se condensan los componentes individuales de las esencias. Pero para que puedan desencadenarse el resto de reacciones, esta molécula necesita unirse a un reactor, porque por sí misma es inerte.
El reactor que hace posible la biosíntesis de las moléculas aromáticas es el ácido pirofosfórico, cuyo nombre deriva de pir (fuego) y phosphor (luz), esto es, la formación de las esencias tiene lugar gracias a la intervención del «fogoso portador de luz».
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