Diccionario de los nombres de persona – Dictionary of personal names

El siguiente texto es un extracto del libro Diccionario de los nombres de persona (ISBN: 9798894055695) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Jordi Bas, publicado por de Vecchi /DVE ediciones

Introducción

La onomástica, y principalmente la antroponimia, especialidad que hace referencia a la significación de los nombres propios, suscita hoy en día un extraordinario interés. Y ello resulta lógico y natural, por cuanto las personas, prescindiendo de añejos formulismos, se llaman mayoritariamente unas a otras por su nombre respectivo. Existe, por lo tanto, de un lado, curiosidad e interés por descubrir el significado del nombre propio, así como el de los familiares, amigos y conocidos.

Pero frente a este nombre impuesto, insisto en la personalidad de cada uno, que puede complacer en mayor o menor medida, y procurar incluso alguna insatisfacción, aparece en un momento determinado aquel que se ha de escoger para los propios hijos o sugerir a quienes solicitan nuestra opinión o consejo para análoga o similar eventualidad.

Cuanto antecede pone de manifiesto la utilidad de una obra que propone al lector el conocimiento del significado y origen de los nombres, objetivo inicial ampliamente rebasado con la inclusión de nuevos apartados que incrementan notablemente su interés, tales como la forma correspondiente del nombre en los tres restantes idiomas españoles y en cuatro extranjeros, la fecha de su onomástica y, principalmente, las notas biográficas.

La intención de dotarlas de una extensión uniforme, se ha visto obstaculizada por determinados factores, entre los que sobresalen la documentación disponible, su interés y atractivo, así como la proyección popular alcanzada, lo que ha propiciado en algunos casos la mayor o menor extensión del espacio otorgado a los protagonistas del relato. Cuestión enlazada con el apartado anterior es la de la cantidad idónea de nombres que deben alinearse a lo largo de las páginas del libro.

Partiendo del hecho evidente de que la elección de nombres propios lindantes con la extravagancia y proclives a una difícil locución, abundantemente representados en santorales y martirologios, puede considerarse una costumbre prácticamente extinta, se ha elegido un total de seiscientos, número que se considera adecuado y suficientemente representativo, pues una desmesurada inflación de nombres, una parte de los cuales podría recoger la obra, solamente le otorgaría un relativo interés suplementario, atendido el escaso número de personas que se verían en ellos identificadas circunstancia que, por otra parte, incidiría negativamente en el texto, al alargar su extensión más allá de lo razonable.

La mayor parte de las noticias biográficas recogidas en Los nombres propios y su historia tienen por protagonista a alguno de los santos del día respectivo. Sólo en contadas ocasiones se ha recurrido a personajes de la mitología y de la historia universal, y ello por un doble motivo: por un lado, por la carencia de datos hagiográficos; por otro, por la extraordinaria personalidad, legendaria o real, de los accidentalmente protagonistas.

Una parte muy considerable de los nombres incluidos tiene por destinatario a un único personaje. Dos excepciones se han tomado en consideración para alterar esta norma general. La primera hace referencia a aquellos nombres de igual grafía que han sido llevados por dos o más personajes eminentes. Piénsese, por ejemplo, en nombres como Juan, Francisco, Tomás, Luis, Teresa, Isabel y algunos más, de gran arraigo popular, con los que han alcanzado la gloria de los altares, dos o más santos del mismo nombre.

En tales supuestos, de cada nombre se incluyen dos resúmenes biográficos, en el segundo de los cuales se anota con precisión el nombre del biografiado, que antecede a la exposición de su peripecia vital. La segunda excepción se origina en aquellos casos en que la escasez de noticias, o la posibilidad de que las existentes aparezcan más contrastadas, ha sugerido la conveniencia de ampliar, en dos o más protagonistas, las referencias del correspondiente epígrafe, circunstancias personales de los cuales se introducen usualmente en el texto, sin mención previa de su nombre propio.

La tradición y la leyenda proporcionan abundante, curiosa y, en ocasiones, espeluznante información sobre destacados e ilustres componentes del santoral. Este acervo tradicional y legendario ha sido motivo de inspiración de muchas obras literarias y artísticas, por lo que su conocimiento ofrece un relevante interés, motivo que ha determinado la inclusión de alguno de estos relatos en el correspondiente apartado biográfico.

Llegados a este punto, cabe anotar dos consideraciones respecto a la equivalencia en 8 idiomas de los nombres contenidos en la obra. En lo que concierne a su transcripción en los cuatro idiomas más relevantes dentro del contexto de la cultura occidental, (inglés, francés, italiano y alemán), no ha sido posible realizarla en su totalidad, dado que muchos nombres populares en España, son prácticamente desconocidos en los países que se expresan en las lenguas referenciadas. Con respecto a los idiomas peninsulares, el vascuence y el gallego presentan algunas carencias en relación a la antroponimia castellana.

Esta insuficiencia no se produce en el caso del catalán, cuyo acervo lingüístico antroponímico tiene su equivalente idiomático en cada uno de los seiscientos nombres de que consta la obra. La diversa información que de cada nombre se facilita (transcripción en idiomas españoles y extranjeros, fecha onomástica, etimología y referencias biográficas) tiene como aspiración fundamental proporcionar al lector, de manera llana y asequible, una entretenida y atractiva información, reunida en forma concisa en un solo volumen, lo que evita la dispersión de esfuerzos que representaría recoger igual o parecido caudal informativo a través de la consulta de distintas obras, no siempre fáciles de localizar y adquirir.

La consecución de tal propósito se considerará cumplido con creces si el presente libro alcanza la consideración de instrumento válido y útil para los cada vez más numerosos adeptos de la onomástica, ciencia que ha alcanzado un extraordinario auge e importancia, tanto a nivel científico como popular.

Variante: Abelardo. Es identificado en algunos casos con Adelardo.

Catalán: Abel. Vascuence: Abel. Italiano: Abele. Alemán: Abel.

Onomástica: 25 de marzo.

Nombre bíblico formado sobre el sustantivo hbl, cuyo significado es «efímero, frágil». Abelardo se considera variante de Abel, formada con la terminación germánica hard, «fuerte». Adelardo podría traducirse por «noble y fuerte».

Abel fue el segundo hijo de Adán y Eva, según el Génesis. Era pastor de oficio y ofrecía sacrificios más gratos a Dios que los de su hermano Caín, agricultor, quien por envidia lo asesinó.

Lo más probable es que el oficio de Abel sea la personificación de la vida nómada, más grata de Dios, según la tradición israelita, que la sedentaria, propia de su hermano Caín.

Catalán: Abelard. Inglés: Abelard. Francés: Abélard. Italiano: Abelardo

Onomástica: 9 de febrero.

Variante de Abel, formada con la adición del sufijo germánico hard, «fuerte».

San Abelardo viaja, en el siglo VIII, desde Escocia hasta Alemania para regentar en Tréveris una cátedra de Sagrada Escritura y fundar en Ratisbona un célebre monasterio.

Catalán: Balbina. Vascuence: Balbiñe. Italiano: Balbina.

Onomástica: 31 de marzo.

Nombre de origen romano: balbius, relativo a «la familia de Balbo», nombre que a su vez deriva del latín balbus, «tartamudo», frecuente en la antigua Roma.

Una antiquísima tradición pone el nombre del tribuno Quirino al lado del de san Alejandro en el no confirmado relato del martirio de este papa. A tal tribuno le da la leyenda una hija, Balbina, que había sido bautizada por aquel pontífice, y después de llevar una vida de virgen fue enterrada junto a su padre en el cementerio de Pretextato, en la vía Apia.

Otra santa Balbina —no hay razón para confundirla con la anterior— es la que dio nombre al cementerio situado entre la vía Apia y la vía Ardeatina, en el que se le dedicó una basílica.

Catalán: Baldomer. Vascuence: Baldomer. Italiano: Baldomero.

Onomástica: 27 de febrero.

Nombre germánico: Baldmiru, «protector valiente».

San Baldomero comparte en Lyon su trabajo de ferretería con la piedad ejemplar en el templo.

Dirigido espiritualmente por el abad de San Sulpicio en Lyon, Vivencio, abraza allí mismo la vida religiosa, y vive plenamente al servicio de la Iglesia, como subdiácono, hasta su muerte el 27 de febrero del año 660.

Exit mobile version