Las Conchas: Obras maestras del diseño de la naturaleza – Shells: Masterpieces of Nature’s Design

El siguiente texto es un extracto del libro Las Conchas (ISBN: 9781807131234) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Marco Ferrario, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Introducción

La boca manchada de oro y naranja de una Tegula regina

Desde tiempos remotísimos, la llamada prehistoria, las conchas han estimulado la fantasía del hombre y de sus directos antepasados. En las cavernas del Neanderthal (en los alrededores de París), se han encontrado verdaderas colecciones, de una antigüedad de 100.000 años; y está fuera de duda que no se trataba de «avances de cocina», puesto que se remontaban a eras geológicas anteriores.

El pasar de los siglos y de los milenios no ha restado en absoluto la atracción que estas conchas calcáreas ejercen sobre la fantasía; por el contrario, el reciente descubrimiento del tiempo libre, además de los descubrimientos de la naturaleza del siglo XVII y la manía coleccionista del XVIII, han conferido al malacólogo medio una cierta dignidad científica que, evidentemente, los cavernícolas parisinos no podían ni siquiera soñar.

Sin embargo, el resorte que impulsa a recoger conchas es probablemente el mismo que hace 100.000 años, el mismo que induce a quien pasea a lo largo de un litoral a agacharse para recoger cáscaras vacías de mejillón y almeja: ¡las conchas son bellas!

De la mera recogida a la colección el paso no es automático. El coleccionismo presupone un estudio, un ordenamiento, frecuentemente una especialización: el interés estético no es ya suficiente. Este volumen se propone, precisamente, ser una ayuda y hasta un empuje, para el que quiera dar un «paso más allá»: quien se apasiona por algo —y yo no escapo a la regla— busca siempre contagiar al prójimo con su pasión…

Nomenclatura Y Sistemática

Turbo marmoratus (10- 21 cm), de abundabte nácar que se usa para botones

El estudio de los seres vivientes, y en particular el de los Moluscos, requiere un esquema de clasificación que permita distinguir una especie de la otra y, por lo tanto, una concha de la otra.

La sistemática es la disciplina que subdivide a los seres vivos en categorías cada vez más pequeñas, hasta llegar a la especie singular. La secuencia es larga y complicada; mejor que una explicación es un ejemplo de clasificación por cotejo, entre un mamífero superior (el perro doméstico, Canis familiaris), y un popularísimo Bivalvo marino, la chirla (Chamelea gallina), como puede verse en página 16.

Como se observa, el «carné de identidad» de un animal puede comprender hasta 19 términos (las dos especies examinadas comprenden sólo 12), además de eventuales subdivisiones en subespecies. En algún caso se le ha dado nombre también a «formas» o «variedades».

Naturalmente, no es necesario, cada vez que se hace referencia a una determinada especie, catalogar toda la «genealogía»; ésta se indica simplemente con el nombre genérico (inicial mayúscula) y con el específico (minúscula). Cuando exista un subgénero, es facultativo indicarlo después del género, siempre con la inicial mayúscula pero entre paréntesis; la subespecie se indica después de la especie, aunque en minúscula; las variedades eventuales se consignan después del nombre específico o subespecífico, precedidas de «v» o «f».

De esta forma, el Conus común del Mediterráneo, por ejemplo, de la variedad de espiral alta, se llamará Conus (Lautoconus) ventricosus Gmelin 1791 v. alticonica Pallary 1904 (es una buena norma identificar la especie —y la variedad— también con el nombre del autor).

Este tipo de nomenclatura, que se llama binominal, o sea basada en dos nombres, género y especie, surge en la mitad del siglo XVIII, debido al gran naturalista sueco Linneo. Por su practicidad continúa todavía vigente.

Establecido esto, hay que tener presente que la sistemática, como rama de las ciencias naturales, está codificada sólo en las grandes líneas informadoras, pero no es, de ninguna manera, una ciencia exacta. No sólo es susceptible de continuas verificaciones, a la luz de nuevos descubrimientos, sino que no hay concordancia entre los estudiosos en lo que atañe a especies o géneros o, directamente, a órdenes enteros conocidos desde hace mucho tiempo. Existen familias que «bailan» entre un orden y otro, géneros atribuidos a veces a familias diversas, subespecies que se revelan como especies válidas, y viceversa.

En efecto, los moluscos con concha estudiados de verdad y conocidos a fondo son una minoría; cada año se descubren, y no siempre a grandes profundidades, nuevas especies, tanto de moluscos como de otros animales marinos… El hombre está aún lejos de conocer a fondo el propio planeta, tanto más un ambiente que le es extraño como el acuático.

La Geografía De Las Conchas

Epitonium scalare (fam. Epittoniidae). Hasta el siglo XIX los ejemplares de las colecciones occidentales eran poquísimos, los pacientes artesanos chinos hacían imitaciones en pasta de arroz que hoy valdrían —si fuese posible encontrar alguna— mucho más que las conchas verdaderas

La distribución geográfica de los moluscos con concha, aún más que la de los organismos más móviles, como los peces, es reducible a áreas geográficas aproximadamente determinadas, cuyas aguas presentan condiciones favorables a la vida de uno u otro grupo de especies.

Naturalmente es posible que algún conquífero ocupe sólo una parte de una de estas áreas, llamadas «provincias», o que habite más provincias. Pero veámoslas en orden partiendo de «nuestra casa»:

Desde el África oriental a la Polinesia, comprendida al este de las islas de Pascua y de Clipperton, se extiende la provincia más grande y rica en especies, la indopacífica, que abarca todo el océano Índico, el mar Rojo (subprovincia), el Pacífico hasta el mar de la China meridional, Hawaii (subprovincia) y Australia septentrional y oriental. Las aguas son tropicales.

Desde Japón meridional a Corea, van las aguas templadas de la provincia nipona.

El Aspecto

Dos rarezas: Strombus oldi (a la izquierda) y Strombus taurus

Las conchas no son otra cosa que la armadura ósea externa (exosqueleto) de animales con el cuerpo blando e indefenso. De ellas están provistos los Equinodermos (erizo de mar, etc.), los Braquiópodos, curiosos seres marinos que a primera vista se parecen a los moluscos bivalvos; los Foraminíferos y los Radiolarios, protozoarios cuyas minúsculas conchas constituyen los yacimientos de microfósiles; y hasta algunos vegetales, como las Diatomeas, algas unicelulares, pero de dimensiones respetables, que poseen una verdadera concha. Y no se toma en consideración las conchas formadas de quitina, en vez de material calcáreo, de los Crustáceos, insectos, etc. El mismo caparazón de tortuga y de carey es, en efecto, una forma de concha.

Las conchas por antonomasia, de las que se ocupa este volumen y que son objeto del coleccionismo más activo, son las de los Moluscos, Tipo (o Phylum) de animales notablemente evolucionados y subdivididos en diversas clases, muchas decenas de órdenes, varias centenas de familias y más de 100.000 especies diferentes.

La concha no es la «casa» del molusco sino su esqueleto externo, por lo tanto una parte vital del cuerpo sin la cual el animal muere. Esta precisión parece superflua, sin embargo todavía en el decenio pasado algunas publicaciones de divulgación sostenían con normalidad lo contrario, confundiendo, evidentemente, los Moluscos con los Paguros o ermitaños, Crustáceos de abdomen blando que habitan dentro de las conchas muertas; por otro lado, muy comunes y difundidas por todas partes.

Para quien se ocupa de conchas, es por lo tanto necesario tener algunas nociones de malacología, la rama de la zoología que estudia los Moluscos y que, a pesar de la pomposidad del nombre derivado del griego [malakós (blando), en latín: molle, de ahí molusco], no es, de hecho, una ciencia aburrida y pesada. Los Moluscos son, como se ha dicho, animales altamente evolucionados y, por lo tanto, muy interesantes.

Exit mobile version