Cría de los caracoles. Las especies más comunes, la reproducción, la puesta en marcha de un criadero, uso y comercialización – Snail breeding. The most common species, reproduction, setting up a hatchery, use and marketing
El siguiente texto es un extracto del libro Cría de los caracoles (ISBN: 9781683255086) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por F. Marasco y C. Murciano, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción

«¿Quiere usted ganar millones? Dedíquese a la cría de caracoles.» Este eslogan se publicó en un periódico. Los beneficios se obtienen a los dos años, previa inversión de un capital del «dinero necesario para adquirir un pequeño terreno, algo de equipo y 2.000 caracoles»; los datos se atribuyen a Walter Carboni.
Desde hace algún tiempo, la prensa habla casi a diario de caracoles y de la increíble fortuna realizada por aquellos que se dedican a su cría. Asistimos de ese modo a una auténtica carrera del caracol. Centenares de incautos, después de pagar la asistencia, materiales y productos, se han convertido de improviso en helicicultores. Los resultados han sido casi siempre desastrosos y los aspirantes a millonarios en su mayoría sólo han conseguido producir la muerte de algunos miles de desventurados moluscos.
Las pocas personas que han tenido éxito se han dado cuenta muy pronto de que las noticias publicadas no eran ciertas y que se basaban sólo en cálculos teóricos (los 2.000 caracoles al cabo de un año deberían ser 120.000 y al cabo de dos años ¡7.200.000!). Este libro se propone enfriar el entusiasmo infundado y desanimar a todo aquel que desee transformarse en criador con exclusivo afán de lucro.
Sin embargo, también se ha escrito, para animar a aquellos que deseen ocuparse seriamente de la cría de los caracoles, no con la esperanza de volverse millonarios sin fatigas, sino para conseguir grandes satisfacciones de esta actividad y unas ganancias nada despreciables, especialmente si se comparan con las otras actividades agrícolas.

Ciertamente, la helicicultura tiene un futuro, especialmente hoy día, en que al acabarse la era del consumo fácil y del derroche, tenemos que cambiar también los hábitos en la alimentación del hombre. Personalmente, estamos convencidos de que estos moluscos están destinados a desempeñar un papel importante para la supervivencia humana, hasta el punto de transformarse en el «filete del futuro», pero solamente a condición de que su cría se afronte con seriedad y profesionalidad y que se multipliquen las crías racionales, dado que el número de caracoles en libertad se va haciendo cada vez menor.
Una vez efectuado el cambio, no será el consumidor quien dé marcha atrás. Por un lado, para el productor representará unos costos iniciales asequibles, la necesidad de mano de obra es limitada y no se precisan gastos para alimentarlos; por otro lado el comprador tendrá a su disposición una carne sabrosísima con alto valor proteico y nutritivo, muy pobre en grasas, rica en propiedades medicamentosas.
Pero ¡eso no es todo!, los caracoles de criadero son más sabrosos y ofrecen más seguridad que los que se encuentran en libertad ya que, como explicaremos más adelante, estos últimos pueden acarrear a veces graves trastornos al consumidor. Se entiende, que nos referimos a los caracoles criados con «ciclo biológico completo», no de aquellos engordados con forraje y mantenidos en estrechos contenedores.
La primera preocupación debe ser la de conocer las características de estos moluscos, así como su comportamiento. Este es uno de los propósitos principales del presente libro, fruto de nuestra larga y modesta experiencia. Confiamos en que la lectura de esta obra ayude a corregir en el profano creencias infundadas y sirva para que el erudito amplíe sus conocimientos.
La primera parte de esta obra concierne únicamente a los caracoles, al medio en que viven, a su importancia para el mantenimiento del equilibrio ecológico, y su utilización por parte del hombre. Hemos descrito igualmente la vida de uno de estos moluscos para ayudar al lector a conocer mejor y comprender a este animal.
La segunda parte ilustra un sistema de cría que han experimentado los autores con resultados satisfactorios. Pero no queremos engañar a nadie: es difícil criar caracoles y para tener buenos resultados es necesario dedicarse plenamente, una vigilancia constante y un gran amor a la naturaleza.
El Caracol

Apreciado desde hace milenios como un plato delicioso, el caracol, no obstante, sigue siendo poco conocido, hasta el punto de que se discute si está dotado de vista, si se aparea varias veces al año o si un solo apareamiento es suficiente para volverlo fecundo para toda la vida; si el dardo con el que algunas especies están dotadas es el miembro macho, o bien si es una especie de arma con la cual apuñala a la pareja antes del apareamiento o una flecha que tira al amante.
Descripción de los caracoles
Son moluscos (privados de esqueleto) pertenecientes a la clase de los gasterópodos (se arrastran gracias a un aparato motor situado debajo del vientre), pulmonados, estilomatóforos (dotados de centros nerviosos especiales en cuatro tentáculos retráctiles que salen del extremo de la cabeza). Se distinguen de las babosas, con las cuales tienen en común las características arriba mencionadas, en que van provistos de una concha externa muy visible, de dimensiones, formas y colores bastante variados.
Su vida es relativamente breve (cuatro o cinco años) y gran parte de ella transcurre en letargo y semirreposo estival; la vida activa la emplea casi exclusivamente para alimentarse y reproducirse. Cuando están en letargo o semirreposo, los caracoles se encierran en la concha cerrando su abertura con un tabique provisional (epifragma) o con un opérculo calcáreo perfectamente adherido al interior del borde de la abertura de la concha.
Estos moluscos son mudos y probablemente sordos. En vano se ha intentado molestarles mientras estaban comiendo, provocando los ruidos más variados y nunca se ha observado ninguna señal que permita pensar que los habían oído. Todavía no se sabe con certeza si están dotados de visión y personalmente estamos inclinados a pensar que son ciegos.
Si bien es cierto que perciben desplazamientos de aire y variaciones de temperatura, en cambio, no reaccionan cuando están cerca de cualquier objeto hasta no haberlo tocado con los tentáculos. Según algunos expertos, el ojo de los caracoles sería incapaz de funcionar bajo una luz intensa, pero podría distinguir en la penumbra los objetos muy cercanos.
Seguramente tienen el sentido del gusto, del olfato y, desarrolladísimo, el del tacto. Su sangre no tiene glóbulos rojos y, uniéndose al oxígeno, adquiere un hermoso color azul; esto se debe a la hemocianina (del griego: sangre azul), que es el pigmento respiratorio contenido en la sangre de muchos moluscos; este, de una constitución similar a la hemoglobina, se diferencia en que contiene cobre en lugar de hierro.

Sexualmente son hermafroditas insuficientes, es decir, tienen ya los órganos genitales masculinos ya los femeninos, pero no pueden autofecundarse. En el cuerpo del caracol se puede distinguir la cabeza, el pie y la masa visceral. La cabeza, situada en el extremo anterior del cuerpo y bien diferenciada, está dotada de dos pares de tentáculos retráctiles que se extienden y retraen desenrollándose y enrollándose como un guante. El par superior es más largo y, según la opinión común, lleva los órganos de la visión.
En la base de los tentáculos superiores están situadas dos esferas huecas, llamadas estatocistos, llenas de un líquido en el cual se mueven libremente doscientas o trescientas pequeñas materias redondas formadas de material calcáreo; aunque seguramente sirve para la orientación, para el equilibrio y para regular la posición y la dinámica de los tentáculos, la función de este órgano no está todavía clara.
En la base de los tentáculos se cree que están distribuidos los órganos del olfato. La cabeza comprende también la boca, en la cual es característico el aparato de masticación constituido por una especie de lengua llamada «rádula» provista de bastantes millares de minúsculos dientes. El alimento se aplasta entre la rádula y la mandíbula superior y es sometido a una auténtica acción de limadura. Por este motivo, cuando come, el caracol produce un rumor característico, similar al de una lima.
Este rumor, poco notable si lo produce un solo individuo, adquiere la proporción de un rumor sordo y confuso cuando en poco espacio comen a la vez numeroso sujetos (por ejemplo en el recinto de engorde de un criadero). Gracias a esta masticación particular el alimento se reduce a trozos minúsculos que, con abundante insalivación, llega al esófago y desde ahí al estómago y al intestino.
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