Comida y cocina

Conservas de fruta y verdura – Fruit and vegetable preserves

El siguiente texto es un extracto del libro Lecciones de Tai-chi (ISBN: 9781683252979) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Varios autores , publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Introducción

Conservar frutas y verduras constituye una excelente forma de disfrutar de estos alimentos durante todo el año. El hombre ha recurrido a esta técnica culinaria desde que tuvo la necesidad de proveerse de reservas para los tiempos de escasez, pero también con el fin de no desperdiciar la fruta y la verdura cosechadas.

Mediante las conservas de alimentos se aumenta su vida útil y, por tanto, se pueden consumir sin que sean perjudiciales para la salud. Es cierto que, actualmente, la industria y el comercio proporcionan productos en conserva en abundancia, listos para su consumo, pero adquirirlos no genera la emoción y el gran placer que se experimenta al elaborarlos en el hogar.

Las mermeladas, las compotas, las jaleas, los licores, las conservas en aceite, los encurtidos y las salmueras son sólo algunos de los tipos de conservas más conocidos que se presentan en este libro. Desde las normas de elaboración de las conservas hasta una amplia selección de recetas, pasando por una breve presentación de frutas y verduras susceptibles de ser conservadas, en esta obra encontrará las delicias que todavía hoy se realizan de forma tradicional en muchas cocinas.

Estas recetas están dirigidas a los aficionados a la preparación de provisiones que guardan en sus despensas botes, botellas, tarros y frascos con el entusiasmo propio de un coleccionista.

Conservas de frutas

Normas de elaboración

En la elaboración de conservas caseras se debe respetar una serie de medidas de prevención con el objetivo de evitar posibles problemas de salud. Las bacterias contaminan fácilmente los alimentos y, en el caso de las conservas caseras, la principal amenaza la constituye la bacteria responsable del botulismo. No obstante, en las conservas de frutas esta bacteria no puede desarrollarse porque las frutas tienen un pH inferior a 4,5. Veamos, a continuación, cuáles son las normas básicas que se han de seguir para elaborar conservas de frutas sin correr ningún riesgo.

En primer lugar, hay que elegir siempre fruta fresca, sana, que esté en perfecto estado y con el punto justo de maduración, ni verde ni pasada, pues en el proceso de conservación se pierde parte de su valor nutricional; por ejemplo, en el agua de cocción de la fruta queda parte de las vitaminas. Por fruta sana se entiende toda aquella que está libre de insectos, parásitos, enfermedades o lesiones. La fruta ácida puede alterar de forma desagradable el sabor de la conserva.

Además, la piel ha de estar perfectamente lisa. Descarte la fruta picoteada por los pájaros o que presente golpes o alguna tara. En el caso de los membrillos, conviene no pelarlos, porque la piel y las semillas son muy ricas en pectina, sustancia orgánica vegetal que favorece la gelatinización. También contienen mucha pectina las manzanas, las naranjas, los limones y las mandarinas.

Las medidas de higiene son otro de los elementos que no se puede descuidar a la hora de elaborar las conservas: las manos deben estar perfectamente limpias, así como todos los utensilios y envases que se utilizarán. Para lavar la fruta conviene emplear recipientes llenos de agua, que debe cambiarse, por lo menos, dos veces. Si es posible, además, es conveniente lavarla bajo el chorro de agua corriente. De esta manera, se elimina tanto la suciedad como los restos de productos químicos.

El peso de la fruta que se indica en las recetas ha de considerarse neto y es conveniente usar azúcar cristalizado.

No utilice nunca recipientes de cobre para la cocción de jaleas, jarabes y conservas; son preferibles los de aluminio o barro. También han de descartarse las cazuelas de vidrio o hierro esmaltado, en cuyo fondo se pegan muy fácilmente el azúcar y la fruta.

La cocción se realiza a fuego lento para evitar la evaporación de la humedad contenida en la fruta. Remueva con frecuencia lo que está cociendo con una cuchara de madera, a ser posible nueva; en cualquier caso, evite la que utiliza habitualmente para preparar salsas y sofritos, porque podría haberse impregnado de diversos olores, como el de cebolla, que no deben mezclarse con el sabor y el perfume de las conservas.

Si en la superficie de la mermelada o la jalea se forma algo de espuma, baje la llama y espume continuamente hasta eliminarla.

Los mejores recipientes para envasar conservas son los de vidrio de cuello ancho, que resultan más fáciles de llenar, vaciar y limpiar. La tapa puede ser de rosca, pero es más práctico el tapón de vidrio provisto de un aro de goma, ancho y plano; siempre lleva un sistema de cierre hermético, de muelle o pinza. Los aros han de estar perfectamente limpios y conservar la elasticidad; si son viejos o se han endurecido, es necesario cambiarlos.

Antes de iniciar la elaboración de la conserva se han de tener a punto los recipientes en los que se envasará: límpielos y compruebe que el cierre funciona perfectamente. Para esterilizar los envases, así como el resto de utensilios, sumérjalos en una olla con agua hirviendo durante 15 minutos. Cuando el agua esté tibia, sáquelos procurando no tocar el interior, escúrralos bien y colóquelos boca abajo sobre un paño de cocina limpio extendido sobre una mesa.

Necesitará también papel parafinado, nuevo y limpio, para forrar la parte interior de las tapas: córtelo en discos, de iguales dimensiones que las tapas (si los tapones son de vidrio esmerilado, no es necesario usar este papel). Antes de colocar los discos de papel parafinado, han de mojarse en aguardiente, alcohol o ron. Este último proporciona a las confituras un aroma muy delicado. Si teme que la confitura pueda resultar un poco insípida, antes de cerrar el envase vierta un dedo de ron y en el momento de servirla remuévala con una cucharilla para que tenga un agradable olor y sabor.

Antes de llenar los tarros, hay que mover la confitura cuidadosamente, que, a continuación, deberá verter a cucharadas.

Las confituras no han de ser consumidas hasta pasados dos o tres meses de su preparación. Después de esterilizar los botes, etiquételos indicando sobre todo la fecha de envasado. Una vez abierta, la conserva se guarda en la nevera y se consume lo antes posible.

El lugar ideal para guardar confituras, jarabes, frutas en almíbar, etc., es la bodega, si es fresca, ventilada y seca, o bien un trastero o una despensa; en todo caso, siempre debe tratarse de un lugar fresco y oscuro.

Una última recomendación: antes de abrir la conserva, hay que revisar el envase; si presenta alguna raja o rotura, o si la tapa está abultada, no se puede consumir, ya que es signo de que está en mal estado.

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