Cultura, espiritualismo y creencias

El grial. Mitos y simbolismos de la Búsqueda. Las grandes figuras: Arturo, los caballeros de la Mesa Redonda… – The grail Myths and symbolism of the Quest. The great figures: Arthur, the Knights of the Round Table…

El siguiente texto es un extracto del libro El grial. Mitos y simbolismos de la Búsqueda (ISBN: 9781683255598) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Xavier Coadic, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Presentación

Grabado de uno de los romances de la Mesa Redonda, del siglo XIV. (© Colección Roger-Viollet)

La historia del Grial y de su búsqueda pertenece ya al ámbito del mito, o incluso de los mitos. Parece comprobado que la fuente sagrada de origen más antiguo se remonta al caldero sagrado de Odín, que alimentaba a los gloriosos soldados caídos en el campo del honor y que las valquirias llevaron al Walhalla para participar en un banquete sagrado. Un banquete que sólo terminará para el combate final, o Ragnarok, que anuncia el final de los tiempos.

El texto más conocido es el de Chrétien de Troyes, Li Contes del Graal (El cuento del Grial o Perceval). Nos muestra a un joven aprendiz, Perceval, un necio que no sabe leer ni escribir, que asiste a una comida en el castillo de un rey enfermo. Ve un cortejo compuesto por un grial (nombre común que designa una fuente) y una lanza que sangra. Como no se atreve a preguntar lo que significan, no llega a detener el maleficio que se cierne sobre el rey y su castillo. A partir de este acontecimiento «fracasado» comienza la búsqueda del joven caballero, pero no será el único en llevarla a cabo: otros caballeros lo harán a través del libro y de sus numerosas secuelas.

Como todo mito, tiene lugar una evolución constante. La existencia, esencia y utilidad de esa fuente sagrada cambian y se concretan a lo largo de los escritos.

Sustancialmente, el Grial cristiano representa, a la vez, al Cristo muerto en la cruz, el vaso de la Santa Cena y, por último, el cáliz de la misa que contiene la sangre del Salvador. Así pues, la mesa en la que descansa el vaso es, según estos tres planos, la piedra del Santo Se pulcro, la mesa de los doce apóstoles y, por último, el altar donde se celebra el sacrificio diario. Estas tres realidades —la Crucifixión, la Cena y la Eucaristía— son inseparables y la ceremonia del Grial es su revelación, dando, en la Comunión, el conocimiento del personaje de Cristo y la participación en su sacrificio salvador.

Pero el Grial representa también, en un contexto que supera la religión cristiana propiamente dicha, otras cosas:

— es la búsqueda de la inmortalidad a través del conocimiento cristiano o pagano. El Grial es lo contrario a la muerte y la esterilidad: puede curar al Rey Pescador, salvar el vasto bosque o descubrir el nombre y, por lo tanto, hacer que nazca el héroe;

— más allá de esta búsqueda de la inmortalidad, es la fuente y el origen del héroe. Permite conquistar el presente, pero también el pasado, y, por lo tanto, engloba el conocimiento perfecto del tiempo;

— sobre todo, el Grial es, para una sociedad, su perfección. Sin el Grial, no hay equilibrio, riqueza ni tiempo. El Grial es un equilibrio adquirido; si desaparece, la sociedad se hunde. La Mesa Redonda es una imagen de una forma perfecta (redonda) que se articula en torno al Grial y que sólo vive si se respeta el equilibrio.

Breve Historia De La Edad Media

La Sociedad Feudal

En la época de Clodoveo la Iglesia comenzó a convertir a los campesinos.2 Las costumbres merovingias eran bastante bárbaras; así, cabe citar las torturas infligidas a Brunehaut, que entonces tenía más de 80 años, a la que ataron a un caballo salvaje que la despedazó.

Por norma general, en esta época se produjo un retroceso de la civilización, al menos con respecto a los romanos. La industria de las armas poco a poco fue desapareciendo. Dejaron de mantenerse las carreteras y ya no se exportaba casi nada al extranjero, al tiempo que desaparecían las escuelas.

Los reyes merovingios desaparecieron tras la subida al poder de Carlos Martel, que instauraría la estirpe de los carolingios. Pipino el Breve, su sucesor, fue el «paladín» de la Iglesia. Expulsó a los musulmanes del Lenguadoc y creó los Estados de la Iglesia. El más ilustre de los representantes de esta estirpe fue Carlomagno, con quien comenzó la creación de un mito que se cantaría en todas las cortes de la Edad Media.

El emperador de barba florida (¡en realidad se afeitaba!) no sólo era un buen conquistador, sino también un personaje de dimensión legendaria. Conquistó un inmenso territorio y dirigió a la perfección un vastísimo reino, pero también consiguió instalar la Iglesia.

Sus conquistas formaron el primer «reino cristiano». La apoteosis de su reinado llegó con su consagración en Roma, en el año 800. El hundimiento de su régimen y la fragmentación de su reino tras su desaparición llevaron a la creación del sistema feudal.

Los reyes, incapaces de defender sus tierras contra las invasiones normandas o sarracenas, cedieron parte de ellas a señores que se comprometieron a defenderlas. Estas parcelas recibieron el nombre de feudo, del latín feodum, de donde surge feudal.

La jerarquía feudal se parece a una escalera, con el rey arriba del todo y luego, de forma sucesiva, los distintos vasallos, del más poderoso al más débil. Todos son hombres libres, a diferencia de los siervos, que pertenecen a la tierra en la que trabajan.

La sociedad feudal es tripartita. En ella coexisten tres órdenes que, a priori, no se mezclan jamás:

laboratores: se trata de la clase más baja de la sociedad, la que debe trabajar para ganarse la vida;

oratores: son quienes rezan y aseguran la salvación de todos;

bellatores: son los guerreros que protegen al pueblo, al reino y la superioridad de la religión cristiana sobre las demás creencias o herejías (o calificadas como tales).

Los dos últimos órdenes poseen lo esencial del poder y la riqueza. Habrá que esperar al final de la Edad Media para notar la importante expansión de la burguesía.

«Los clérigos dicen misa y deben rezar por los pecados de los demás hombres. Los guerreros protegen las iglesias y defienden a los hombres del pueblo, grandes y pequeños. Protegen a todo el mundo.

Los siervos trabajan toda su vida con esfuerzo. No poseen nada sin sufrimiento y proporcionan a todos el alimento y la ropa. Se cree que la casa de Dios es una, pero es triple: en la Tierra, unos rezan, otros combaten y otros, por último, trabajan. Estos tres órdenes son imprescindibles el uno para el otro: la actividad de uno de ellos permite vivir a los otros dos».

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