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Visa para el placer – Visa for pleasure

El siguiente texto es un extracto del libro Visa para el placer (ISBN: 9781644616376). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Kaya Rati, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Una relectura del Kama Sutra

Para muchos occidentales, el Kama Sutra es un libro pornográfico; sin embargo, como escribió Alain Daniélou, uno de los más prestigiosos especialistas en culturas orientales del siglo pasado, constituye un estudio imparcial y sistemático de uno de los aspectos esenciales de la existencia, y no tiene ningún punto en común con la pornografía.

El Kama Sutra es, ante todo, una representación del arte de vivir del ciudadano civilizado y refinado que completa, en el ámbito del amor, el erotismo y los placeres de la vida, otros dos tratados paralelos, que son el Artha Shastra, que versa sobre política y economía, y el Dharma Shastra, que trata de la moral, y a los que siempre hace referencia. El erotismo es, sobre todo, la búsqueda del placer, y las técnicas eróticas tienen como objetivo alcanzar el paroxismo al que las Upanishad otorgan el valor de una percepción en la línea del estado divino, que es una voluptuosidad infinita.

Este libro, escrito entre los siglos I y IV d. de C., está formado por varios tratados, que tienen por tema la vida sexual y social de los hindúes de las castas altas. La primera versión del Kama Sutra tiene un origen mítico y se atribuye a Nadi, compañero del dios Siva.

Este primer núcleo fue resumido y continuado por varios autores, entre los que destaca Vatsyayana, un literato residente en la ciudad de Pataliputra, que escribió una compilación con la forma que habitualmente se conoce. Cuenta una leyenda que Vatsyayana, que vivió en el siglo IV, además de ser un hombre extraordinariamente culto también era muy ávido de dinero y placeres. Fue consejero del príncipe Shatavahana, el cual se comportó muy generosamente con él. Pero, acercándose ya al momento de la muerte, el príncipe supo que Vatsyayana había provocado que se acusara de fraude a las arcas públicas y de otros delitos a varios ministros, cuando él era el responsable directo. Entonces, fue condenado a una extraña pena: encerrado en una fortaleza, fue «atormentado» por cinco mujeres jóvenes y deseosas, que todos los meses eran sustituidas por nuevas «torturadoras». El propósito era verle sucumbir, vencido por la exuberancia de las cortesanas. Vatsyayana, por el contrario, a lo largo de cuatro años logró llevar a cabo y describir todas las experiencias eróticas posibles e imaginables.

El Kama Sutra refleja el pensamiento filosófico hindú, según el cual el alma se reencarna continua mente para alcanzar el nirvana a través de la purificación del karma (el peso de las acciones de la vida presente y de las precedentes que determina la reencarnación). La purificación se obtiene siguiendo las tres grandes metas de la vida, la última de las cuales, el kama, se refiere a todo lo que afecta a los sentidos.

La relación sexual como forma de oración

Según los textos antiguos hindúes, la mujer es muy importante. En efecto, sólo mediante ella, que es el sostén de la relación, el hombre puede alcanzar el placer. La relación sexual normal no es suficiente: existe un ritual complejo que consiste en el «despertar» de la mujer antes de la penetración del lingam (el miembro masculino) en la yoni (el miembro femenino), para que puedan surgir, producto de la unión, las energías de renovación y creación.

Desde esta perspectiva, el placer de los sentidos se convierte en una experiencia de lo sagrado. En la cultura occidental, no parece posible proponer la idea de la relación sexual como forma de oración, como una unión mística mediante la cual se alcanza lo Absoluto, y se expansionan las cualidades físicas y psíquicas personales, tal como proponen las doctrinas tántricas, que consideran el erotismo una ciencia sagrada.

El Kama Sutra, un arte de vivir

La civilización hindú tiene un conocimiento profundo del ser humano y un gran respeto por todas las formas de expresión espiritual y material, entre las que ocupa un lugar de honor la sexualidad y, sobre todo, la reflexión filosófica acerca del deseo sexual, su origen y sus mecanismos. En muchos textos antiguos hindúes, por ejemplo en la compilación de las Upanishad, aparecen reflexiones acerca del placer, considerado tanto desde el punto de vista sexual como en un sentido más general, entendido como felicidad. En el poema épico hindú «Mahabharata» se analiza el deseo de la carne en sus distintos aspectos. Así pues, es evidente que Vatsyayana no inventó nada, sino simplemente realizó un compendio de muchos tratados a los que tuvo acceso. Aunque considerado por muchos como una especie de manual de gimnasia erótica, el Kama Sutra es, bien al contrario, un tratado filosófico acerca del arte de vivir.

Principios fundamentales

Según Vatsyayana, debe tenerse en cuenta una serie de puntos importantes:

• La persona tiene que ser consciente de lo que la vida le ofrece y de sus propias vivencias, y percatarse de que es la protagonista de todos los actos de su vida. En este caso es perfectamente aplicable la máxima «conócete a ti mismo»: solamente un conocimiento profundo de la esencia y el carácter propios permite encontrar placer en absolutamente todos los aspectos de la vida, y no experimentar pasivamente las experiencias positivas y negativas.

• Para los hindúes, el cuerpo y la mente no están divididos, como sí lo están en la cultura occidental, en la que existe una clara distinción entre el espíritu, totalmente positivo, y el cuerpo, la carne, que es el origen de todos los males. Para los hindúes, en cambio, el cuerpo y la mente constituyen una unidad animada por el prana, la fuerza vital, que puede definirse como la energía. El hombre forma parte de la naturaleza, y tanto su cuerpo como su espíritu contienen los cinco elementos: tierra, agua, aire, fuego y espacio. La energía mueve el cuerpo y el espíritu, y todas las expresiones del uno y del otro se consideran sagradas. La sexualidad también está incluida en esta categoría.

• Para alcanzar el placer, la felicidad y la realización personales hay que procurar el placer, la felicidad y la realización de los demás, ya que, al ser todos parte de la energía divina, nada es positivo si antes no se realiza para el otro. Según Vatsyayana, el cuerpo es tan sagrado como el espíritu. La unión sexual no conoce la vulgaridad, la dominación o el pecado. La sexualidad es un arte que debe cultivarse con dedicación porque es uno de los objetivos de la vida del hombre. Una unión carnal correcta con otra persona no puede tener lugar si antes no se han desarrollado algunas características psicológicas y no se ha crecido como individuo. En efecto, la relación no es un encuentro fugaz de la carne ni un acto que simplemente se consuma, sino que es una verdadera creación en la que deben participar expresiones artísticas no vinculadas directamente con el sexo, como son la danza, la música, etc. Si a una unión le falta la poesía y el sentido de lo maravilloso, todo se reduce a un acto mecánico sin ninguna importancia. 

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