Papá, mamá, ¡dejadme tiempo para mi! – Dad, mom, give me time for myself!
El siguiente texto es un extracto del libro Papá, mamá, ¡dejadme tiempo para mi! (ISBN: 9781683250104) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Etty Buzyn , publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción
Somos del mismo material del que están hechos los sueños.
WILLIAM SHAKESPEARE
En mi última visita a Françoise Dolto, un mes antes de su desaparición y consciente de que seguramente no la volvería a ver, le comenté lo preocupada que estaba por mi hijo, un joven adolescente, soñador y artista, que llevaba una escolaridad algo caótica.
Françoise Dolto, como de costumbre, me había escuchado con atención antes de interrumpirme bruscamente con aquella vivacidad que la caracterizaba: «¿Qué me está diciendo? ¿Que no es un hijo conforme a sus deseos? Pero ¿acaso se ha preguntado si usted corresponde a sus expectativas? Seguramente usted no es una madre ideal, pero ¿él intenta cambiarla? ¿Por qué quiere que renuncie a sí mismo? Él la acepta tal y como es; haga usted lo mismo. Este chico tiene unas capacidades que desarrollará si le deja tiempo para hacerlo».
Fue hace seis años, y fueron los últimos consejos que recibí de ella. No los he olvidado, sobre todo porque tenía razón. Así que tuve que elegir entre la aceptación sin convicción de un sistema educativo ampliamente coercitivo, así como la confianza intuitiva que tenía en el instinto de protección de mis hijos, esperando que sabría defenderlos de lo peor. Su escolaridad me pareció, al fin y al cabo, un auténtico campo de pruebas.
Pero debo reconocer que su determinación en imponer su punto de vista nunca se debilitó, que, a su vez, era reforzada por mi reticencia legítima a delegar mis responsabilidades. Esta experiencia personal, combinada con las múltiples observaciones de mi trabajo diario, es la causante de un cuestionamiento que me parecía importante compartir con otros padres. Como psicoterapeuta y psicoanalista, he tenido que seguir a niños que intentan resistirse como pueden a sus educadores, padres o maestros; son niños a los que se les exige mucho y demasiado pronto, según unas normas elitistas dictadas por intereses económicos y sociales que tienen alienados a los adultos.
El hecho de ser consciente de esta alienación y de su consecuencia negativa en mis propios hijos es lo que me llevó progresivamente a redefinir mis prioridades en materia de educación para poder preguntarle al «niño que todos llevamos dentro». No pretendo ofrecer aquí mis propias recetas; las numerosas guías, métodos y otras técnicas diversas orientadas a «construir» el hijo ideal —es decir, un niño adaptado a la sociedad moderna y a sus exigencias— cumplen ampliamente esta función. Mi objetivo tampoco es crear una obra teórica, sino simplemente hacer una síntesis de mi experiencia clínica basada en las vivencias de algunos niños y confirmada por adolescentes y adultos. La importancia de que conserven una disposición intuitiva a soñar es la parte central de esta reflexión.
Pero quiero que se me entienda bien: no se trata de un intento de apología del niño dejado al libre albedrío sin reglas ni límites. Un niño así no tendría ninguna posibilidad de «construirse» ni de socializarse; sólo podría comportarse de un modo marginal. Simplemente deseo ser la portavoz de la revuelta, a menu do patética, de estos niños-resistentes, a los que mediante su sufrimiento —insomnio, dolores abdominales o migrañas crónicas— intentan protestar y expresar su rechazo al sistema. De hecho, realizan esfuerzos desesperados para luchar contra las presiones múltiples ejercidas sobre ellos por parte de educadores que, pensando actuar en el interés de su progenitura, a menudo echan a perder sus potencialidades originales en beneficio de una recuperación que hará de ellos unos adultos estereotipados y generalmente poco creativos.
Tanto si se trata de los más pequeños, todavía muy dependientes de su madre, como de niños mayores sometidos a las obligaciones escolares, pasando por adolescentes confrontados a una elección temprana de sus estudios, todas estas fases de desarrollo remiten a una cuestión de fondo: cómo traducir el mensaje que muchos expresan en el intento, y a veces el encarnizamiento, de proteger lo que sienten como un bien inalienable, es decir, el derecho a soñar, a ser curiosos y a descubrir sus aspiraciones más personales. Los niños de los que hablo, los que no se someten ciegamente a lo que los adultos desean imponerles, a veces incluso antes de tener los medios de protesta necesarios, me han parecido a lo largo de mi práctica los más interesantes y los más imaginativos.
Son niños muy valiosos para el futuro de nuestra sociedad y para su capacidad de cambio. Queda esa otra categoría de «niños modelo» que suelen fascinar a sus progenitores, los que han aceptado renunciar a su mundo interior para conformarse de entrada con los proyectos que estos últimos ya han formulado por ellos. Ciertamente, se adaptan a ellos, pero ¿a qué precio? Y ¿para convertirse en qué clase de adultos? En adultos angustiados que buscan ganar tiempo pero que no saben cómo gestionarlo, sólo lo rentabilizan, incluso en sus actividades de ocio. En pocas palabras, excelentes consumidores al servicio de nuestra sociedad moderna para la que las nociones de gestión y de rentabilidad constituyen todo un programa que remite constantemente al mito de la eficacia.
El niño, por su parte, se defiende como puede, para proteger sus deseos y sus sueños frente a un adulto que le querría idéntico a él. Por lo tanto, y sin pretender en ningún caso culpabilizar a los padres, que, con toda su buena fe, creen estar haciendo lo correcto, me parece necesario restituir la posición del niño y aquello a lo que puede aspirar. ¿Acaso la creatividad de estos futuros adultos a los que habremos dejado tiempo para soñar no es la que permitirá a la sociedad abandonar el callejón sin salida actual y encontrar maneras de cambiar?
Debemos permitirnos urgentemente oír al niño nostálgico que tenemos dentro para poder hacerlo también con nuestros propios hijos. Porque «es algo que se experimenta a menudo, este abismo entre unos conocimientos sólidos, embalsamados en libros o en la moral, y el estado de ánimo aéreo de la vida que pasa. Podemos habernos instruido en todo y pasar el tiempo en la ignorancia absoluta de la vida. Los culpables no son los libros, sino la parsimonia de los deseos, la estrechez de los sueños».
Para tener una mejor idea de Papá, mamá, ¡dejadme tiempo para mi!. Entenderlo, ayudarlo, por favor continúe esta emocionante aventura haciendo clic en Amazon Spain, Amazon Mexico, Amazon US, Amazon UK, Amazon Australia, Amazon Canada, Amazon India, Casa deLibro, Google, Apple, Scribd(Everand), Barnes & Noble, Bookmate, Kobo, Bookbeat, Fnac, 24 Symbol, Amabook,…






Chia sẻ:
- Click to share on X (Opens in new window) X
- Click to share on Facebook (Opens in new window) Facebook
- Click to print (Opens in new window) Print
- Click to email a link to a friend (Opens in new window) Email
- Click to share on LinkedIn (Opens in new window) LinkedIn
- Click to share on Reddit (Opens in new window) Reddit
- Click to share on Tumblr (Opens in new window) Tumblr
- Click to share on Pinterest (Opens in new window) Pinterest
- Click to share on Pocket (Opens in new window) Pocket
- Click to share on Telegram (Opens in new window) Telegram
- Click to share on WhatsApp (Opens in new window) WhatsApp
- Click to share on Mastodon (Opens in new window) Mastodon
- Click to share on Nextdoor (Opens in new window) Nextdoor
Related
You May Also Like
El regalo más bello que se puede hacer es la amistad – The most beautiful gift that can be given is friendship
28 July, 2023
El perro del Presidente Obama – Water dogs – Obama’s dog
17 March, 2020
