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El calendario del jardinero – Gardener’s calendar

El siguiente texto es un extracto del libro El calendario del jardinero (ISBN: 9788431554460) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Fausta Mainardi Fazio and Equipo Editorial Dve, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Introducción

Redactar un calendario que indique con suficiente claridad el momento más apropiado para realizar las labores de jardinería resulta difícil, por no decir imposible, en particular cuando nos tenemos que referir a un país como España, caracterizado no sólo por una gran variedad de ambientes según sus distintas regiones, sino también por una fuerte inestabilidad climática en el transcurso de los años.

La climatología de España está marcada por fuertes contrastes, debido a la acción beneficiosa atemperante de los mares que la rodean, dando lugar a dos grandes zonas: una la Cantábrica, muy húmeda, y otra la Mediterránea, de clima muy benigno pero cuya pluviosidad está disminuida por la acción de los vientos cálidos procedentes de África.

La acción atemperante del clima marítimo queda contrarrestada en grandes zonas del interior de la península por la barrera que representan las altas cordilleras al paso del influjo benéfico de los vientos cálidos, dando lugar a climas continentales. Las mismas cordilleras que limitan los valles de los grandes ríos dan lugar a microclimas de características especiales.

Las zonas climáticas españolas, que podemos considerar con respecto a su influencia en los cultivos, son las siguientes:

• Zona septentrional. De influencia atlántica. Comprende las regiones galaica, asturiana, vasco-cántabra y pirenaica. Es una zona nubosa y lluviosa, con precipitaciones en las cuatro estaciones y abundantes nevadas invernales en las tierras altas. La pluviosidad puede llegar a 1.500 mm anuales. La temperatura es, por lo general, suave y con pocas oscilaciones salvo en comarcas montañosas. Los vientos dominantes son de componente norte.

• Zona central. Comprende las regiones: Norte, Castilla- León, Madrid, Extremadura y Castilla-La Mancha. Clima de clara influencia continental, de fuertes contrastes con heladas hasta abril y veranos sumamente calurosos. La pluviosidad es baja, de unos 500 mm anuales. La estación más lluviosa es otoño, en el que predominan los vientos templados y húmedos del oeste y sudoeste.

• Cuenca del Ebro. Es de clima continental con influencias marinas. Es una de las regiones menos lluviosas de España. Los veranos son largos y de altas temperaturas. El viento dominante es el cierzo, del noroeste; es un viento frío y seco.

• Cuenca del Guadalquivir. Es zona de clima suave, la temperatura media es alta y la pluviosidad, bastante alta; las lluvias, relativamente abundantes, se reparten en todas las estaciones, salvo en verano que es muy seco. Las lluvias principales van asociadas a los temporales del sur y sudeste que penetran por el golfo de Cádiz.

• Zona penibética. Comprende al Mediterráneo andaluz. De clima árido con marcados contrastes entre la zona costera y la montaña; se va de la aridez de las costas de Almería a las nieves perpetuas de Sierra Nevada. Las temperaturas son muy altas y las lluvias escasas en las zonas del litoral. El viento seco del Sahara, llega fácilmente a esta región.

• Zona mediterránea. Comprende Cataluña, Valencia, Murcia y las Baleares. Clima templado de influencia marítima y en algunas zonas de carácter subtropical. Las temperaturas son suaves sin grandes contrastes anuales. Las lluvias escasas y de carácter torrencial, especialmente durante los equinoccios de otoño y primavera. Los vientos que acompañan a las lluvias suelen ser este y sudeste.

• Archipiélago canario. Situado en la zona tropical, muy influenciado por los vientos del Sáhara, que hacen que sea una zona muy seca, principalmente en las islas de Fuerteventura y Lanzarote. El clima es benigno y suave con fuertes contrastes entre la costa y la montaña.

El calendario del jardinero debe referirse a datos medios típicos de las diversas zonas climáticas. Los confines de las regiones climáticas indicados en los mapas deberían tener los bordes difuminados dado que, en las zonas marginales, los climas se superponen el uno al otro.

No sólo por esta razón, sino también por el hecho de que al ser gradual el cambio de las estaciones, nuestros programas del mes no pueden estar contenidos dentro de limites precisos: por ejemplo, lo que ya se puede hacer a principios de mes en el litoral valenciano deberá esperar a finales del mismo mes en el caso de las comarcas leridanas.

El jardinero debería hacerse un calendario personal donde indicaría, durante algunos años, las temperaturas medias, mínimas y máximas, la frecuencia de lluvias, las nevadas y los acontecimientos meteorológicos extraordinarios, para poder disponer de datos más adaptados a las características de su zona.

De todas formas, el cultivador deberá tener siempre un carácter pesimista y prever cambios climáticos imprevistos, que le impidan cumplir el programa que ha de estar acabado totalmente antes del frío intenso, y del que depende el renacimiento del jardín en la primavera siguiente, o bien antes del calor excesivo, para no tener que aplazar las labores de algunos meses.

El libro se compone de dos partes: la primera comprende el calendario detallado, donde se recuerdan y explican las distintas labores que se deben realizar cada mes; la segunda recoge, para evitar repeticiones inútiles, las normas técnicas importantes para las labores y necesarias más de una vez en diferentes periodos.

Hemos mantenido la división del año en cuatro estaciones, aunque cada una comprende una semana más, para poder conservar la subdivisión mensual de las labores: así, por ejemplo, la primavera va desde principios de abril hasta finales de junio.

Empezamos con octubre, ya que es el mes más indicado para abrir el nuevo año en el jardín, y acabamos con septiembre que, aunque esté muy marcado por el verano, se relaciona normalmente con el fin del ciclo estival.

Diciembre y enero se asemejan, al ser ambos meses de estancamiento, que asisten a la pausa biológica y al descanso del jardinero.

Reiteramos que nuestro calendario servirá únicamente de pista a los que se enfrenten a los diferentes problemas que conlleva el jardín. La información, la experiencia, el espíritu de observación, el «sexto sentido» de quien trabaja con pasión son elementos indispensables para obtener buenos resultados.

Los riesgos de las labores agrícolas están precisamente ligados al hecho de que no resulta posible trabajar con seguridad. Sin embargo, este hecho ya ha debido ser considerado por quien decide dedicarse a la jardinería.

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