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El gran libro de las plantas carnívoras – The big book of carnivorous plants

El siguiente texto es un extracto del libro El gran libro de las plantas carnívoras (ISBN: 9781646998821) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Gerard Blondeau, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Las plantas carnívoras: esas desconocidas

Las plantas carnívoras han seducido con frecuencia la fantasía del ser humano, que las ha transformado en seres «diabólicos» con los que es mejor no tener relación alguna. ¿Acaso no es cierto que la literatura y los tebeos nos las han presentado siempre en forma de plantas gigantescas, dispuestas a capturar con sus enormes ramificaciones a los viajeros imprudentes?

La realidad es mucho más sencilla… ¡Ni siquiera la tristemente célebre higuera estranguladora de la India ha estrangulado nunca a nadie! Como mucho, sus raíces han rodeado en un abrazo ahogador las estatuas de piedra de los antiguos templos asiáticos, que han sido invadidos poco a poco por la selva.

La planta carnívora más grande es una nepente, trepadora de las selvas tropicales, cuya trampa, conocida como ascidio, alcanza un diámetro de 15 cm y puede aprisionar incluso pequeños animales.

Por otra parte, entre las plantas carnívoras más pequeñas que se conocen figuran las pertenecientes al género Utricularia, cuya trampa está constituida por una vesícula o vejiga que mide apenas unos milímetros.

Difusión mundial

Pinguicula ∞ sethos

Existen más de cincuenta especies de plantas carnívoras difundidas por todo el mundo, y regularmente nacen algunas nuevas: no es que aumente el «apetito» de las plantas, sino que son los científicos y los floricultores quienes, afinando las técnicas, descubren continuamente en algunas variedades una capacidad de asimilación hasta ahora desconocida.

Estas plantas, de hecho, saborean el «caldo» en el que ahogan a los insectos en la cavidad que forman sus propias hojas. Si una planta es capaz de asimilar las sustancias nitrogenadas mediante enzimas o bacterias, entonces se define como «carnívora», de forma que, últimamente, hasta el tomate y el cardo han sido «acusados » de presentar hábitos similares.

Hace poco se han descubierto nuevas especies en los tepuys (altiplanos) de Venezuela, y sin duda quedan aún muchísimas por descubrir —a menos que el ser humano, debido a su falta de conciencia, destruya irremediablemente sus hábitat naturales—, cuyo estudio podría conducir a importantes descubrimientos en el ámbito médico-científico.

La transformación en plantas carnívoras

Drosera aliciæ

¿Cómo han llegado a ser carnívoras estas plantas? ¿Qué «demonio perverso» las ha empujado a transformarse en cazadoras y a devorar esos insectos que tan necesarios son para su propia reproducción?

Normalmente, también estas plantas obtienen el propio alimento del suelo, pero para sobrevivir en tierras muy pobres en sustancias nutritivas, como las turberas ácidas, algunas de ellas han tenido que ingeniárselas para hallar nuevas fuentes de alimento.

 De esta forma, han aparecido las trampas en el centro de sus hojas: algunas plantas se han provisto de profundas cavidades llenas de líquido o bien de trampas de mandíbula, mientras que otras han empezado a segregar una sustancia viscosa.

Es interesante constatar que en las cavidades-trampa el líquido que permite a la planta digerir las presas contiene a veces larvas de insectos (moscas o mosquitos), que encuentran allí el alimento necesario para su crecimiento.

En el interior de los ascidios, además, es posible encontrar también arañas concentradas en tejer su propia tela.

¡Decididamente, no hay límites para la adaptación!

Los insectos indispensables

Sarracenia ∞ courtii

Las plantas que atrapan insectos poseen flores que, en la mayoría de los casos, son polinizadas por esos mismos insectos. Sin la intervención de estos, las plantas no podrían producir semillas. Estas plantas, sin embargo, se las han ingeniado para no atrapar a los insectos polinizadores: de hecho, las flores están ubicadas en el extremo de unos largos pedúnculos bien alejados de las trampas mortales de las hojas.

Además, no existen las flores carnívoras: las que atraen y aprisionan durante un breve instante a los insectos lo hacen exclusivamente para lograr la polinización, y, por tanto, están interesadas en dejarlos escapar sanos y salvos.

En este libro examinaremos las principales especies de plantas carnívoras que se pueden conseguir para dar vida a una colección de plantas originales. Le recomendamos que admire la ingeniosidad de las trampas y la originalidad de los métodos de captura, pero no pretenda utilizar dichas plantas para deshacerse de los insectos que infestan su cocina: como hemos visto, si bien es cierto que atrapan algunos animales, también es cierto que atraen a otros necesarios para la producción de sus semillas.

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