Cultura, espiritualismo y creencias

Aries. Grupo Cardinal

El siguiente texto es un extracto del libro Aries. Grupo Cardinal (ISBN: 9781683250234) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Costanza Caraglio y Chiara Bertrand, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Introducción

Cuando el editor me propuso colaborar en la colección de astrología que planeaba publicar y me preguntó de qué signos podría ocuparme, escogí instintivamente los cuatro primeros. La razón, al principio inadvertida, se me reveló con claridad más tarde. En este volumen explicaré por qué elegí Aries.

Siempre ha existido entre los nacidos bajo este ardiente signo y yo una relación de amor-odio. En parte, porque mi nodo lunar norte se encuentra en Aries, lo que significa que mi evolución espiritual está ligada a las características de este signo. Y en parte, porque siempre he envidiado su capacidad para lanzarse a la acción sin dudar, para tomar iniciativas sin un exceso de reflexión. A la vez, me ha molestado su forma de actuar, a menudo demasiado impetuosa y, en apariencia, poco atenta a la sensibilidad ajena.

Con mi Sol en Virgo y Marte en Libra, siempre he sentido la necesidad de sopesar los pros y los contras de cada decisión antes de actuar, de analizar cada ángulo de una cuestión y, sobre todo, de buscar la aprobación de quienes me rodean. Como consecuencia, muchas veces he perdido oportunidades por exceso de prudencia.

Sin embargo, en los últimos años, la influencia de Urano en Aries me ha ayudado enormemente, y mi relación con este signo se ha vuelto cada vez más amistosa y llena de significado. Ya no lo veo, como en el pasado, como un Sancho Panza embarcado en el asalto a molinos de viento. He aprendido a valorar su luminosidad, su franqueza sin segundas intenciones y, además, a percibir las inseguridades que, aunque bien escondidas, también forman parte de su naturaleza.

Tengo una amiga a la que quiero mucho, nacida bajo el signo de Aries. Me costó comprender la razón de sus risas frecuentes, esas carcajadas que parecen espontáneas e incontroladas, pero que en realidad le sirven para desdramatizar tensiones internas o temores profundos. Aprendí a apreciar su generosidad, aunque a veces ofuscada por la necesidad de protagonismo, esa impulsividad que rara vez se detiene a considerar si sus palabras o acciones pueden ser inoportunas o herir a alguien.

También tuve la suerte de conocer a un Aries excepcional, un hombre al que le debo mucho, pues me ayudó a recorrer el camino de la consciencia y estimuló en mí una creatividad latente que hasta entonces no había expresado. Ese hombre fue Baba Bedi. Creo que representa el mejor ejemplo de un Aries evolucionado.

Baba Bedi, que militó junto a Gandhi por la independencia de la India y cuya entrega a esa causa dejó secuelas en su cuerpo, encarna al héroe solar que busca el vellocino de oro para su patria. En él vislumbro el fuego de la pasión pura, el inspirador de entusiasmos. Y en su retiro de la vida pública por elección mística, veo la sencillez del sacrificio. Él representa la más alta expresión del signo de Aries, la meta a la que cada persona nacida bajo este signo puede aspirar para dar verdadero significado a su existencia.

No todos los Aries tendrán en la vida una misión semejante, pero les deseo que sepan dirigir su energía y entusiasmo hacia causas nobles, sin perderse en trivialidades. Que recuerden siempre que son los primeros en la rueda del zodiaco, lo que les otorga una responsabilidad moral hacia aquellos que, de un modo u otro, los siguen o tienen la suerte de caminar a su lado en el largo y complejo viaje de la vida.

Dedicado A Todos Los Aries

Mitología y simbolismo

Una de las claves para comprender la astrología es el conocimiento del mito y su interpretación en clave moderna. En los mitos se esconde siempre una verdad de orden moral y espiritual, vestida con trajes alegóricos, que la astrología hace suya y cuya simbología el astrólogo debe descifrar. A través del mito, podemos resignificar nuestros miedos, virtudes y pecados.

Nos permite comprender las bases arquetípicas de la naturaleza humana, reflejadas en el significado de los signos zodiacales y los planetas que componen un tema astral. El propio C. G. Jung veía en el mito la expresión del inconsciente colectivo, es decir, el depósito de toda la experiencia humana acumulada a lo largo de milenios de evolución.

Por lo tanto, la astrología, a través de la metáfora mitológica y la sucesión de los signos, nos cuenta la historia de la humanidad y nos da indicaciones sobre el camino que aún debemos recorrer. ¿Qué es, en esencia, la mitología, con sus personajes, ritos e historia metafísica, sino el mundo entero dentro de nosotros? Lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos.

Son numerosos los mitos asociados al signo de Aries, pero quizá el más conocido es el del vellocino de oro en la mitología griega. La leyenda cuenta que Poseidón, para unirse a la bella Teófana, la transformó en oveja y él mismo adoptó la forma de un carnero.

De esta unión nació un carnero de vellocino de oro, que más tarde salvó a Frixo y Hele, los hijos del rey Atamante, cuya madrastra quería sacrificar.

El carnero voló sobre los mares de Grecia con los dos jóvenes a lomos, pero Hele, exhausta, cayó al mar, que en su honor recibió el nombre de Helesponto. Frixo, resistiendo el hambre y el cansancio, llegó a Cólquida, donde se casó con la hija del rey Eetes.

El carnero fue sacrificado a Zeus, quien lo convirtió en una constelación y le dio el nombre de Ares (Marte para los romanos), símbolo del espíritu guerrero y más tarde del dios de la guerra. El vellocino de oro quedó colgado de una encina, custodiado por un feroz dragón.

Mientras tanto, Jasón, criado por Quirón en los bosques del monte Pelión, aspiraba a recuperar el trono de su padre en Yolco, usurpado por Pelias. Este accedió a devolverle el reino solo si lograba traer el vellocino de oro de Cólquida. Así comenzó la expedición de los Argonautas, quienes, a bordo de la nave Argos, se enfrentaron a innumerables peligros antes de llegar a su destino.

El rey Eetes puso a Jasón pruebas casi imposibles, que solo pudo superar gracias a la ayuda de Medea, hija del monarca, quien, enamorada de él, le prometió su apoyo a cambio de matrimonio. Con sus artes mágicas, Medea adormeció al dragón y permitió que Jasón se apoderara del vellocino.

Pero la historia se tornó trágica. Medea, traicionada cuando Jasón quiso casarse con Glauco, hija del rey Creonte, se vengó brutalmente: asesinó a Pelias, a su propio padre y a sus dos hijas, e incluso a los hijos que había tenido con Jasón. El propio héroe murió de forma ignominiosa, aplastado por un fragmento de su propia nave. Según otras versiones, perdió la razón debido al dolor. El vellocino de oro terminó en el templo de Zeus en Orcómeno, cerrando así el ciclo de su leyenda.

De este mito emerge con claridad el aspecto heroico del signo de Aries: Frixo afronta un viaje incierto con la inconsciencia de la juventud; Jasón combate con audacia impulsiva, sin medir los riesgos ni las consecuencias, y su carácter temerario lo lleva a la ruina. La caída de Hele en el mar puede asociarse con la falta de suavidad y paciencia que a veces caracteriza a los arianos.

Otro héroe vinculado a Aries en la tradición védica es Karna, hijo del dios Sol y de Kunti. Para entregar a Indra la coraza que lo hacía inmortal, se arrancó partes de su propio cuerpo con un cuchillo. Finalmente, murió a manos de su hermano en el campo de batalla. En este mito, la sangre derramada adquiere un valor sagrado de inmortalidad, mientras que el sacrificio simboliza la sumisión a la voluntad del Creador.

La conexión de Aries con el sacrificio se encuentra también en otras culturas. En Egipto, Amón, dios de la fecundidad, se representaba con cabeza de carnero. En las antiguas tradiciones pastoriles, el dios de los carneros protegía e instruía a los pastores. En la tradición hebrea, el carnero es un símbolo de redención. Cristo, como “buen pastor”, es también el cordero que se sacrifica por la salvación de la humanidad, sublimando el derramamiento de sangre en un acto de redención espiritual.

Las referencias a Aries abundan en la mitología hindú, africana y china, siempre ligadas a la fuerza creadora, el fuego del sacrificio, la fertilidad y el erotismo.

El glifo de Aries es especialmente revelador: su forma evoca los cuernos redondeados del carnero, símbolo de fuerza y potencia generadora. Muchas tradiciones lo asocian con la sexualidad y la energía vital. En la antigüedad, el carnero era también un ariete de guerra, usado para derribar puertas en los asedios.

Curiosamente, el mismo símbolo puede recordar el útero femenino con las trompas de Falopio, o bien, girado, la imagen del falo en erección, aludiendo al impulso creador del signo. El fuego, elemento de Aries, es también el fuego primordial, el que inicia, el que transforma. En la tradición védica, Aries está vinculado a los corderos sacrificados al dios del fuego.

El fuego es pasión, deseo, ira. Aries, primer signo de fuego y cardinal, representa la chispa que enciende la vida.

Otro símbolo esencial de Aries es la primavera. ¿No es acaso esta estación la que, tras el letargo invernal, despierta la naturaleza con un estallido de energía y renovación? En el alfabeto griego, la letra gamma ( ) representa este renacer, al igual que el punto gamma del equinoccio de primavera.

No es casual que la Pascua, festividad del sacrificio y la redención, ocurra en primavera. Cristo fue concebido y murió en un día primaveral, dando inicio a una nueva era para la humanidad. De nuevo, Aries se asocia con el principio arquetípico de la creación.

El zodiaco simboliza el ciclo de la manifestación, y Aries es su impulso inicial. Desde este punto arranca la experiencia humana, que para alcanzar la perfección deberá transitar por las virtudes y desafíos de los otros once signos.

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