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Los cuentos de la abuela – Grandma’s tales

El siguiente texto es un extracto del libro Los cuentos de la abuela (ISBN: 9781646991235) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por AA VV, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

La bella durmiente del bosque

En un tiempo en el que las hadas vivían entre la gente, realizando conjuros de todo tipo, existía un reino gobernado por un rey y una reina buenos y justos, muy amados por su pueblo. Parecía que nada podía faltarles para alcanzar la más completa felicidad y, sin embargo, había una espina que atormentaba a los soberanos: llevaban mucho tiempo deseando un heredero, pero no tenían hijos, y esto les hacía sufrir muchísimo.

Un día, la reina vio en el alféizar de la ventana de su habitación un pajarillo que tiritaba de frío y que parecía tener hambre. Desmigó una galleta y se la ofreció, y el pajarillo, que era un hada que viajaba por el mundo en busca de personas de buen corazón a las que recompensar, le prometió que pronto tendría el bebé que tanto deseaba. Y así fue como nació una niña. La criatura fue recibida con enormes festejos, y las penas del pasado quedaron lejos.

Las siete hadas que vivían en el reino fueron invitadas al bautizo como huéspedes de honor, y cada una de ellas fue obsequiada con unos magníficos cubiertos de oro, brillantes y perlas. El banquete de gala estaba a punto de empezar cuando, de improviso, entró en la sala una anciana hada, conocida por su mal carácter, que no había sido invitada porque la gente pensaba que ya no vivía, ya que se había retirado a su lejano palacio, donde pasaba el tiempo hablando mal de todo el mundo.

Al momento, el rey ordenó que se le dejara un sitio en la mesa y que se le regalara lo mismo que a las demás hadas; sin embargo, no había ningún regalo preparado en ese momento, por lo que se le pidieron disculpas y se le prometió que los estupendos cubiertos le serían enviados lo más rápidamente posible a su casa. Aun así, la vieja hada se enfadó y murmuró extrañas amenazas. El hada más joven, que estaba cerca, comprendió sus intenciones, y en el momento de ofrecer a la pequeña princesa los dones preparados para ella, se escondió detrás de una cortina para poder ser la última en hablar, esperando así poder anular cualquier posible maleficio de la anciana.

Bellos y preciosos fueron los regalos de las seis primeras hadas: la más rara belleza, la inteligencia vivaz, la gracia en el movimiento y el habla, la bondad de corazón, una voz de ángel y la habilidad para tocar cualquier instrumento. Sin embargo, cuando le tocó el turno a la vieja hada, esta anunció una terrible desgracia:

—Yo digo que la vida de esta niña será breve: ¡cuando sea jovencita morirá al pincharse con un huso! Mientras todos lloraban desesperados, apareció entonces el hada joven, que intentó consolar a los padres:

—¡Anímense! Yo no tengo el poder de anular el maleficio, pero puedo cambiarlo en parte. El huso no le dará muerte, sino que la hará caer en un profundo sueño que durará cien años. Entonces, un joven príncipe que llegará hasta ella se sentirá atraído por su belleza y con el calor de su amor la sabrá despertar. De todos modos, el rey, para intentar evitar la desgracia, ordenó que se destruyeran todos los husos del reino, y a partir de aquel día nadie pudo hilar.

Pasaron los años: la princesa crecía, y mostraba poseer todas las cualidades que las hadas le habían concedido. Todos habían olvidado lo que el hada malvada había dicho, y los soberanos estaban tranquilos. Sin embargo, un triste día, mientras la familia real con todo el séquito pasaba sus vacaciones en uno de los muchos castillos que había en el reino, la joven princesa, paseando curiosa por las estancias del castillo, descubrió una buhardilla donde vivía una viejecita que no había oído hablar de la ley del rey acerca de los husos, y que estaba hilando.

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