Cocina baja en colesterol rica y sabrosa – Rich and tasty low-cholesterol cuisine
El siguiente texto es un extracto del libro Cocina baja en colesterol rica y sabrosa (ISBN: 9781683252634) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Cocinova Cocinova, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción
En los últimos veinte años el concepto de nutrición está cambiando vertiginosamente. Nuevos hábitos alimenticios fruto de la sociedad moderna de consumo ·de los fast-food a la bollería industrial· se revelan como seriamente perjudiciales para la salud, a largo plazo, y antiguas costumbres deben ser sensiblemente variadas para llegar a una alimentación cada día más sana.
La dieta mediterránea es considerada por los expertos en nutrición como una dieta sana, equilibrada y variada. Una dieta baja en colesterol encuentra, por lo tanto, una buena base en nuestra dieta mediterránea, haciendo las variaciones y reducciones necesarias para minimizar o reducir por completo el aporte de colesterol de nuestros platos tradicionales. Cocina baja en colesterol rica y sabrosa no responde más que a este objetivo, presentando un recetario rico y variado que combina los placeres de la buena mesa con la salud.
Una alimentación equilibrada constituye uno de los mejores instrumentos para mantener la salud, prevenir y curar las enfermedades. Los secretos de una correcta alimentación, de la que depende gran parte del bienestar individual, son simplemente el equilibrio, la moderación y la variedad.

Los alimentos que ingerimos a diario desarrollan tres funciones:
• estructurales: de construcción y reparación de los órganos y tejidos. Son fundamentales en los niños, ya que su cuerpo debe crecer, pero también en los adultos y ancianos, ya que nuestro cuerpo se renueva continuamente;
• energéticas: aportando la energía necesaria para que nuestro organismo realice las actividades fisiológicas necesarias (metabolismo basal), y para llevar a cabo las tareas cotidianas, como caminar, trabajar y hacer deporte;
• catalizadoras: activando reacciones que de otra forma no podrían tener lugar. Es el caso de las vitaminas y sales minerales (calcio, hierro, magnesio). El calcio además desempeña una función estructural al ser un constituyente básico de la materia ósea.
Está demostrado que para seguir una alimentación sana hay que utilizar todos los nutrientes que la naturaleza pone a nuestra disposición pero en su justa medida. Para reducir el nivel de colesterol, y en consecuencia prevenir las enfermedades que de su exceso se derivan, es preciso prescindir de ciertos alimentos de origen animal muy ricos en grasas saturadas y reducir la ingesta de aquellos que contienen colesterol en menor medida.
Es por ello que es necesario conocer la composición de los alimentos que ingerimos habitualmente y elaborar menús equilibrados que nos aporten colesterol en muy pequeña medida. Las personas sanas con niveles de colesterol en sangre normales prevendrán posibles aumentos modificando ligeramente su dieta y las personas con índices de colesterol elevados, bajo control médico, deberán seguir una dieta más estricta con una total ausencia de colesterol.
Tanto el colesterol como las grasas animales son necesarias para nuestro organismo e intervienen en el desarrollo de funciones vitales como provitaminas, elementos estructurales en las membranas celulares, o ayudando a la formación de hormonas, como por ejemplo las sexuales. Sin embargo, aunque necesarios, su exceso puede provocar serios trastornos en la salud.
Una alimentación demasiado rica en alimentos de origen animal y con un número excesivo de calorías contribuye a elevar el nivel de colesterol en la sangre por encima de los valores normales. Los alimentos de origen animal son ricos en grasas. Además, estas grasas son menos sanas que las de origen vegetal por dos motivos:
• la riqueza en ácidos grasos saturados;
• la riqueza en colesterol.
Cuando se ingieren más grasas de las que se necesitan, el organismo las almacena a modo de reserva. Las grasas se depositan en primer lugar recubriendo órganos vitales como los riñones o los intestinos y desempeñan de esta forma una importante función ÿamortiguadoraŸ en caso de golpes o agresiones exteriores.
En segundo lugar, existen otros dépositos de grasa de mayor capacidad como son las nalgas, el vientre, las mamas y, en ge neral, la zona subcutánea (debajo de la piel) que actúan como aislantes térmicos.
Por último, las grasas al igual que el colesterol se depositan en las paredes de las arterias provocando un estrechamiento de su ÿluzŸ o zona de paso de la sangre. Este hecho conlleva serios problemas de salud como la arteriosclerosis, es decir, la obstrucción de las arterias. Si el depósito de grasas y colesterol aumenta puede cortarse por completo el paso de la sangre y dejar sin riego una zona de algún órgano.
En el corazón, provoca primero la angina de pecho, literalmente un dolor fuerte, que avisa que al músculo le llega poca sangre, para después pasar al infarto, eso es, la muerte de tejido por falta de riego sanguíneo.
En otras ocasiones, la causa es la misma pero el desenlace es distinto. Las paredes de las arterias afectadas se vuelven más frágiles, y la bola de grasa depositada puede llegar a desprenderse, siendo arrastrada por la corriente de sangre hasta llegar a un vaso más estrecho al cual tapona: es la embolia o trombosis.
¿Qué es el colesterol?

El colesterol es una sustancia insoluble en agua que tiene una gran importancia biológica y que está presente, de modo general, en las células humanas y en las animales. Sus tres funciones principales son:
1. Sirve de elemento constitutivo de las membranas (paredes celulares, órganos en las células), sin las cuales el cuerpo humano no podría existir ni funcionar.
2. Es la sustancia de partida para distintas hormonas vitales de la corteza de las cápsulas suprarrenales, para las hormonas de las glándulas sexuales y para las vitaminas (grupo de la vitamina D).
3. Es el elemento constitutivo del ácido biliar, sin el cual no podría tener lugar la digestión y la absorción de las grasas nutritivas en el intestino delgado.
El colesterol es una sustancia que el propio cuerpo sintetiza, sobre todo en el hígado, aunque también se sintetiza en la mucosa del intestino delgado y en la piel. Se calcula que se forman aproximadamente de unos 1.000 a unos 1.500 mg diarios, y además l alimentación diaria puede llegar a aportar de 200 a 800 mg, situándose los valores aconsejables para una persona sana entre los 300 y los 400 mg al día.
La síntesis del colesterol y la absorción de colesterol por las células está regulada por unos receptores determinados que se hallan en la superficie de las mismas. Si se ingieren cantidades excesivas con la alimentación, el hígado cesa de sintetizar colesterol. Por este motivo, una persona sana puede tomar, de vez en cuando, mayores cantidades de colesterol sin que el nivel de este ascienda por encima del valor normal.
Sin embargo, este mecanismo de protección no es del todo seguro. Hay personas en las que dichos mecanismos de protección están alterados. Indudablemente, la herencia genética desempeña aquí un papel muy decisivo. Los receptores pueden faltar o ser insuficientes.
A pesar de una aportación considerable de colesterol en la dieta, la síntesis de colesterol en la célula continúa produciéndose debido a que, por falta de receptores, la célula no puede absorber el colesterol suficiente. El mecanismo regulador queda interrumpido y, en consecuencia, el nivel de colesterol en la sangre aumenta.
El colesterol en la sangre se divide en:
a) Colesterol LDL (beta), que fomenta la arteriosclerosis.
b) Colesterol HDL (alfa), que protege los vasos sanguíneos. El nivel de colesterol HDL en el hombre no debería encontrarse por debajo de los 40 mg/dl, y el de la mujer no debería estar por debajo de los 45 mg/dl.
Cuando existe un valor de colesterol en la sangre de más de 260 mg/dl casi siempre se trata de una aumento de colesterol LDL, el comúnmente llamado colesterol malo. Si el nivel de colesterol se sitúa entre los 220 y los 260 mg/dl se trata del colesterol HDL.
El aumento del nivel de colesterol en sangre recibe el nombre de hipercolesterolemia y acarrea una serie de consecuencias que llegan a reducir la longevidad de las personas, ya que conduce a una mayor fijación de colesterol y de otras sustancias en las paredes de los vasos sanguíneos. Estas reaccionan ante el depósito de sustancias con la inflamación y con la formación de tejidos cicatrizantes.
La acumulación de sustancias extrañas y la contracción de las paredes vasculares conduce, por último, a un estado de arteriosclerosis, llamado de una forma poco correcta calcificación vascular. Las regiones vasculares a las que la arteriosclerosis afecta principalmente son los vasos coronarios (esclerosis coronaria), o las arterias de las piernas (alteración de la circulación periférica), las arterias renales (arteriosclerosis del riñón) y las arterias carótidas y cerebrales (esclerosis cerebral).
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