El Bullmastiff – The Bullmastiff
El siguiente texto es un extracto del libro El Bullmastiff (ISBN: 9781639198177) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por El Bullmastiff, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Prólogo

En estos últimos años la cinofilia ha experimentado una transformación considerable. El número de personas que siente la necesidad o el deseo de tener un perro de una raza en particular aumenta de año en año.
El perro ya no se considera un instrumento para determinadas actividades, sino un amigo con el cual se puede disfrutar del tiempo libre y vivir experiencias extraordinarias, manteniendo una estrecha relación entre el hombre y el animal.
Por ello, y para satisfacer las exigencias de un número cada vez más elevado de lectores, el editor ha considerado oportuno crear esta colección, titulada Perros de raza (y en cuya dirección ha contribuido Candida Pialorsi Falsina), con la que se propone facilitar una información más directa e inmediata a través del texto y las ilustraciones.
El bullmastiff pertenece al grupo de los molosoides; se caracteriza por su morro corto con máscara ne gra, que le da un aire severo y digno de respecto. Es un animal corpulento y a la vez atlético que an taño se empleó para pelear contra toros y defender los cotos ingleses de las incursiones de los cazadores furtivos. Sin embargo, sus características morfológicas no se han llegado a exagerar hasta crear un hiper tipo, tal como ha ocurrido con otras ra zas, por lo que es completamente apto para la vida mo derna.
A pesar de su aspecto imponente, los bullmastiff son perros bonachones a los que gusta jugar y suelen expresar su simpatía y su afecto saltando sobre las cuatro patas y moviendo la grupa alrededor de su dueño. No obstante, saben mostrarse temibles y hacerse respetar cuando la integridad de alguien querido está amenazada, y cuando atacan pueden causar graves daños. Sin embargo, no son peligrosos: por lo general son perros tranquilos que esperan pacientemente a que su amo les lleve a pasear al aire libre.
El autor, Giulio Audisio di Somma, es veterinario y conocido criador de airedale terrier, y es autor de varias obras de esta colección cinófila.
En este libro se abordan los distintos aspectos de la raza: los orígenes y la difusión, las características morfológicas y comportamentales, y también se dan consejos de gran utilidad para la cría, el mantenimiento, la educación y la alimentación del bullmastiff.
El texto específico sobre la raza se completa con unos capítulos más genéricos en los que se tratan la reproducción, la salud y la higiene, a cargo de Luca Rozzoni, veterinario especializado en perros que ejerce en Cassano di Adda, en las proximidades de Milán.
Los dibujos son de Alberto Marengoni. Por último, y para concluir, el editor desea agradecer la colaboración de todas aquellas personas que han aportado material fotográfico para la elaboración de este libro.
Orígenes e historia

El término bullmastiff, acuñado para este molosoide británico leonado o atigrado, es la fusión de los nombres de los dos mastines más antiguos que los ingleses consideran autóctonos y cuyos orígenes se pierden en la noche de los tiempos: el bulldog y el mastiff.
De sus antepasados, el bullmastiff ha heredado las mejores cualidades, o mejor dicho, las más adaptables a la convivencia con el hombre moderno. No es tan imponente, pesado y corpulento como el mastiff y es más grande que el bulldog, un perro que hoy en día es casi exclusivamente de compañía. El bullmastiff mantiene la complexión propia de los perros de guarda, es más potente y majestuoso que el boxer, por ejemplo, y más rápido y reactivo que el mastiff.
Todas estas cualidades lo convierten en un animal de gran planta que domina el territorio, rápido de reflejos y muy eficaz en aquellos casos en que deba defender. Sin embargo, también puede ser un excelente compañero para las actividades de tiempo libre.
El bullmastiff es uno de los perros más equilibrados que se conocen: nunca tiene reacciones incontroladas y se muestra muy cariñoso con los niños, a los que trata como si fueran sus propios cachorros. En casa no molesta y, a pesar de sus grandes dimensiones, no impide el paso. Se hace querer como el mejor perro de compañía y es muy sensible tanto a las felicitaciones como a las reprimendas.
Por ello, no puede vivir en una caseta aislada y mucho menos atado a una cadena. Por el contrario, debe permitírsele entrar en casa y participar en la vida y las viscisitudes familiares. Sólo así se podrán apreciar todos los matices de su carácter. Vivir con un perro que se adapte a nuestro estilo de vida es una de las mejores experiencias humanas.
La historia antigua

La historia de la raza bullmastiff se divide en dos partes: la historia antigua, rica en alusiones a perros de media sangre mastiff y a mestizos de bulldog y mastiff, y la moderna, que abarca los últimos setenta años y que empieza con una serie de apareamientos estudiados y programados para obtener una raza homogénea que pudiera ser reconocida oficialmente.
El bullmastiff fue considerado una raza independiente en 1924, cuando fue inscrito oficialmente en el Kennel Club (organismo oficial de la cinofilia inglesa).
Antes de esta fecha, los mestizos de mastiff, además de ser identificados con el nombre actual, recibían los nombres de large bulldog (ÿbulldog grandeŸ), mongrel mastiff (ÿbastardo de mastiffŸ) y keeperÊs night dog (ÿperro guardián nocturnoŸ). En cualquier caso, lo cierto es que antes de su reconocimiento existían unos perros que presentaban características comunes al mastiff y al bulldog.
Estos perros se conocían en las islas británicas desde tiempos inme – moriales, y sobre sus orígenes sólo pueden formularse hipótesis.
Como en otras partes del mundo, en las islas del mar del Nor te el hombre quiso tener perros de talla grande que actuaran como guardianes, lo cual representó en cierto sen tido una primera se lec ción en la que se prefirieron cánidos domésticos más grandes y más agresivos con los extraños.
Más tarde, los fenicios llevaron a las islas perros de procedencia asiática que pueden considerarse los antepasados de una rama de molosos que vivían en las actual Turquía y en Oriente Medio.
Con toda probabilidad, los molosos asiáticos, que tampoco debían constituir un grupo homogéneo desde el punto de vista morfológico, aportaron a los perros guardianes una notable huella molosoide: osamenta, corpulencia y anchura de cráneo.
En la evolución del moloso autóctono británico también contribuyeron los perros de guarda de los celtas, también originarios de Oriente Medio o del continente.
Es evidente que durante la época de la conquista que llevaron a cabo las tropas romanas de Claudio (49 d. de C.) había un determinado número de molosos repartidos por toda la isla. Para hacer frente al invasor, los britanos habían entrenado a un buen número de molosos, a los que azuzaban antes de la lucha cuerpo a cuerpo.
En las crónicas de la época se puede leer que los romanos quedaron impresionados por la fuerza, el ímpetu y la agresividad de los mastines británicos (los pugnaces Britanniae) y constataron que eran bastante homogéneos en cuanto a tipo y pelo. En aquella época ya no había perros molosos de montaña, con el pelo denso y tupido, heredado de los perros asiáticos.
La talla era superior a la normal ·hay que tener en cuenta que hace dos mil años la estatura media del hombre se encontraba por debajo del metro y cincuenta centímetros·, lo cual significa que el término enorme, referido a estos perros, que se puede leer en las crónicas de aquel tiempo es muy relativo y no se corresponde con la talla del mastiff del siglo actual.
Anexionada Britania al imperio, los romanos llevaron pugnaces a Roma en varias ocasiones, donde se mezclaron con los molosos romanos, empleados como guardianes de los cuarteles y campamentos militares. A este respecto, hay quienes sostienen que el moloso británico intervino en la creación del dogo de Burdeos y del mastín napolitano. Otros, en cambio, creen todo lo contrario, es decir, que los mastines romanos, los antepasados del mastín napolitano, contribuyeron en muy importante medida en la creación o, por lo menos, en la fijación de las características del moloso británico.
En la práctica ambas teorías pueden ser válidas sin que ello tenga que resultar sorprendente. Por otro lado, tampoco puede desestimarse la hipótesis de que, siglos más tarde, habría sido introducido algún mastín europeo, portador de una sangre nueva y vital para la futura creación del mastiff, del bulldog y del bullmastiff tal como pueden admirarse hoy en día.
Posteriormente se pasó a definir con el término mastiff a todos los perros de grandes dimensiones, poderosos, desconfiados y capaces de mostrarse agresivos; era un término genérico que significaba perro de guarda. También se adoptaron otros nombres: además del latino pugnax, los sajones introdujeron el término bandog (de banda, cadena). El término céltico costog, muy usado en las islas británicas hasta la Edad Media, era sinónimo de mastín, aunque también de perro de casa, perro de pelea, perro de guarda con cadena y bastardo (para los celtas este término no era peyorativo, ya que aludía a la idea de perro de trabajo).
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