Animales, Mascotas y Naturaleza

Primeros auxilios. Cómo salvar a su caballo en caso de emergencia – First aid. How to save your horse in an emergency

El siguiente texto es un extracto del libro Primeros auxilios. Cómo salvar a su caballo en caso de emergencia (ISBN: 9781683251170) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Andrea Holst y Daniela Bolze, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

El caballo sano

El pelaje brillante, los músculos bien desarrollados y no mucha grasa en las costillas son indicadores de un caballo sano.

Como pasa con las personas, generalmente puede apreciarse a simple vista si un caballo está sano o no. Un caballo sano interactúa con su entorno y conserva su temperamento. Levanta las orejas en dirección a cualquier ruido que oye. Gira la cabeza en ese sentido, y mira con ojos vivos y en alerta. Se acerca a la puerta de la cuadra o a la cerca del picadero con curiosidad cuando aparece alguien. Tiene los ollares secos y sin secreciones.

Posee un pelaje brillante y suave, sin durezas. El estado del pelaje depende de la estación del año, de la alimentación y del lugar donde viva el caballo: las razas robustas y los caballos que viven al aire libre todo el año tienen un pelaje más grueso y desarreglado que los de pura sangre o los de sangre caliente que viven en cuadras. La piel y el pelaje son la primera barrera de protección del caballo contra los elementos.

Un caballo sano tiene un apetito saludable y termina rápidamente su comida. Aparte de piensos compuestos (dados, mezclas), los caballos necesitan forraje (heno, hierba, paja), en función de su trabajo y de sus necesidades energéticas, y deben disponer de este tipo de alimentación a diario para tener un sistema digestivo sano.

Después de la comida, no deben quedar restos; tampoco tiene que caer alimento de la boca del caballo mientras come, lo cual puede indicar problemas dentales.

El físico del caballo depende de su raza. Esto no significa que sea normal que se le marquen las costillas o los huesos de la cadera, y que tenga acumulaciones de grasa. Las costillas deben notarse con un tacto suave, pero no tienen que ser visibles.

Los excrementos deben tener consistencia de bolas duras y redondas de color marrón o verde oscuro, dependiendo de la comida. El caballo tiene que defecar a diario sin problemas; lo mismo vale para la orina, que debe tener un color amarillo claro.

El caballo debe repartir su peso equitativamente sobre las cuatro patas y andar sin signos de cojera. No debe tener ninguna región hinchada en el cuerpo, en las piernas ni tampoco zonas calientes. Según la edad, la raza y el carácter, tiene que contar con una tendencia natural hacia el movimiento.

Los caballos deben ser desparasitados cada seis a doce semanas. El crecimiento de los cascos, independientemente de si están herrados o no, tiene que ser controlado por un herrador profesional. 

Cuanto más se aleja a los caballos de su hábitat natural (que es el mismo para los ponis y los caballos de sangre caliente), más hay que asegurarse de ofrecerles maneras alternativas de «funcionar» de forma saludable: mediante la alimentación (con varias comidas poco copiosas al día), las necesidades de movimiento (suficientemente controladas) o las aptitudes particulares de la raza. También hay que tener en cuenta la edad del caballo y las relaciones sociales al aire libre (los equinos son animales de manada y necesitan el contacto social para su bienestar físico).

El propietario del caballo tiene la obligación de estar bien informado y de poseer los conocimientos suficientes para mantener al animal en un entorno satisfactorio que responda a sus necesidades psicológicas y fisiológicas.

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