Cómo interpretar los mensajes del cuerpo – How to interpret body messages
El siguiente texto es un extracto del libro Cómo interpretar los mensajes del cuerpo (ISBN: 9781683254195) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Marco Pacori , publicado por de Vecchi /DVE ediciones.
Introducción
Cuando hablamos de comunicación, lo primero que nos viene a la mente son las palabras que utilizamos para referirnos a conceptos como «hablar», «decir», «informar», etc.
Esto es así desde el momento en que nuestros padres nos miran maravillados y lanzan gritos de alegría ante nuestro primer «maaa», o cuando finalmente, al ver un perro, pronunciamos nuestra primera frase: «¡oh, un guau!»
Animados por todos, al crecer olvidamos el lenguaje primordial, el no verbal, y refinamos nuestras habilidades dialécticas, enriquecemos nuestro vocabulario y desarrollamos el conocimiento de la gramática. Hacerse entender con palabras se convierte en el centro de nuestras relaciones con los demás.
Sin embargo, tarde o temprano, con el paso del tiempo, llega la desilusión: a pesar de todos nuestros esfuerzos por dominar el lenguaje (es decir, el verbal), muchas veces tenemos la sensación de no ser comprendidos por los demás.

Todo esto sucede porque las relaciones humanas se basan también en principios y mensajes distintos de los verbales. Cuando nos relacionamos con los demás, de hecho, nos movemos, nos rascamos, cambiamos de posición y llevamos a cabo innumerables acciones que, por lo menos en apariencia, no tienen ningún motivo para ser realizadas.
En efecto, estas acciones han sido consideradas durante demasiado tiempo como actos sin ningún tipo de significado: cambiar de posición sobre la silla o colocar una pierna sobre la otra se explicaba como una búsqueda de una mayor comodidad y rascarse la nariz sólo quedaba justificado por la comezón.
Pero la observación y el estudio del comportamiento animal han demostrado que los gestos se utilizan para comunicar, para indicar una posesión territorial, para los rituales de galanteo, para señalar posiciones de dominio y de sumisión, etc.
Al examinar de nuevo bajo este plano las actitudes humanas, nos hemos dado cuenta de que tienen para el hombre la misma función que tienen para los demás animales; la diferencia es que para el hombre se han vuelto inconscientes y se han infravalorado respecto a la facultad comunicativa típicamente humana, que es el habla.
Por esta razón, suele decirse que el lenguaje del cuerpo es una lengua perdida. Sin embargo, nunca es demasiado tarde para empezar a usarla de nuevo conscientemente y conseguir entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás.
El propósito de este libro es recuperar el rico patrimonio de nuestro inconsciente y volvernos más atentos y hábiles para reconocer las intenciones de los demás, descubrir si entendemos a alguien, y también aprender a desvelar las mentiras y las sutiles y veladas ambigüedades de quien nos habla. Por otra parte, también podremos aprender a hacernos simpáticos, a llamar la atención de forma positiva, etc.
«Con las palabras hay suficiente», dirían algunos, pero, en nuestro caso, ha llegado el momento de dejar… la palabra… al cuerpo.
Cómo, Cuándo Y Por Qué Nos Comunicamos Con El Cuerpo
Por qué hace falta comunicarse con el cuerpo
Las formas de comunicación

El hombre utiliza dos formas de comunicación: la lógica y la analógica. La comunicación lógica es verbal, es decir, utiliza las palabras; la comunicación analógica, en cambio, es no verbal y se vale de los gestos, las expresiones, las entonaciones de la voz, los sonidos, los ruidos, etc. y actúa según el principio de analogía, remitiendo, por asociación de ideas, a un concepto.
La comunicación lógica tiene, esencialmente, la función de describir las cosas y de hacer afirmaciones. Con este objetivo, utiliza un cierto número de símbolos: las palabras, cuyos significados se establecen por convención en el interior de un determinado grupo étnico y cultural.
La principal característica de la comunicación lógica es que está coordinada por reglas precisas para la producción y la comprensión de los mensajes; tales reglas se agrupan en la gramática y en la sintaxis.
Finalmente, una cualidad exclu si va del lenguaje lógico es su capacidad de expresar conceptos abstractos nombrando y representando objetos, momentos y personas incluso lejanas en el tiempo y en el espacio.
La comunicación analógica, que es la que trataremos en este libro, precisa de algunas matizaciones preliminares. Lo primero que se debe destacar es la relación de similitud o de pertenencia que se establece entre la señal no verbal y aquello a lo que se refiere. La silueta de un perro nos lleva hasta el animal de verdad y el gesto de mostrar el puño a alguien no es sólo una señal genérica de amenaza, sino que nos hace pensar precisamente en la acción de darse puñetazos.
El sistema analógico no permite abstenerse de toda comunicación. Por ejemplo, si nos encontramos en una sala de espera y no tenemos ganas de relacionarnos con los demás, nos limitaremos a no hablar. Pero esta misma acción, examinada bajo el perfil analógico, transmite de todos modos algo: la actitud de nuestro cuerpo y la expresión de la cara manifiestan precisamente esa intención.
Otra característica de la comunicación analógica, directamente relacionada con la precedente, es su carácter distensivo, ya que permite la liberación de las emociones. Así, la unión de la comunicación analógica con los estados emotivos y su capacidad de comunicar hace que se pueda ejercer un efecto en la relación con el otro, influyendo en su comportamiento, sus reacciones y sus palabras.
Sin embargo, la comunicación lógica y la analógica no equivalen necesariamente a la comunicación verbal y a la no verbal. De hecho, existen algunos aspectos del lenguaje gestual y no verbal que son lógicos, así como ciertos aspectos de la comunicación verbal que son analógicos.
A la categoría de los lenguajes lógicos no verbales pertenecen, por ejemplo, el código Morse para la telegrafía, el código Braille para los invidentes, las señales realizadas con los banderines a los aviones o a los barcos, etc.
Un ejemplo de comunicación verbal no lógica es el de una mujer que, al no soportar la minusvalía de su hijo, cogió uno de sus muñecos y lo estrelló contra el muro diciendo: «¡te odio!». El resentimiento había sido transferido claramente del niño al juguete.
Podemos citar también el caso de un hombre y de una mujer que, siendo colegas durante muchos años, no fue hasta después de mucho tiempo que entablaron una conversación íntima y comprometedora. Llegados a un cierto punto, la mujer le dijo al colega: «¿sabes que la chaqueta que llevas puesta es igual a una que tiene mi hermano?»
Aunque se la había visto puesta miles de veces, la mujer expresaba con esta frase un mensaje que podríamos interpretar aproximadamente con las siguientes palabras: «esta conversación me hace sentir a gusto contigo, como si fueras mi hermano».
En los dos casos considerados, los mecanismos asociativos analógicos habían hecho posible una sustitución: el muñeco se había asociado con el niño y la chaqueta con el hermano de la mujer. Una característica peculiar de una sustitución tal que nos puede ser útil para localizarla, es su aparición en el discurso de improviso y sin ninguna relación con el tema del que se está hablando.
El lenguaje del cuerpo
Las personas que tienen un gato habrán observado cómo levantan y menean la cola, cómo doblan las orejas, cómo se frotan contra las piernas de su amo, etc.; de la misma forma que quien tiene un perro habrá notado que a veces baja las orejas, colea, etc.
Cuando observamos que nuestras mascotas se comportan así, tendemos a creer que intentan decirnos algo: «dame de comer», «acaríciame», etc.
La misma eficacia y riqueza comunicativa se encuentra en el lenguaje del cuerpo humano: por ejemplo, en el momento en el que un hombre apoya la cabeza sobre el regazo de su mujer es como si le comunicara: «yo hago de ni ño; tú compórtate como mi madre».
También si en una comida o en una reunión un hombre se pone en la cabecera de la mesa, indica de esta forma su posición de macho dominante, de jefe de grupo. En todos estos casos, los animales y las personas utilizan el lenguaje analógico, eficaz para comunicar inmediatamente la existencia, la intensidad y el carácter de una relación (padre-hijo, dominante-subordinado, etc.), pero inadecuado para proporcionar informaciones más detalladas (Watzalawick y otros, 1971).
Los mensajes analógicos se comprenden en función del contexto en el que se expresan. Volviendo al comportamiento del gato, vemos que existen pocas diferencias entre sus roces contra las piernas del amo cuando quiere comer, cuando quiere salir o sencillamente cuando está contento de vernos; sólo la situación nos ayuda a intuir el sentido del mensaje. El contexto proporciona, en un cierto sentido, signos para transmitir un concepto. De esta forma, cuando el gato se frote en la cocina querrá comer, mientras que si lo hace delante de la puerta de casa, querrá salir.
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