Deporte y salud

Barçargentinos: Historia de los futbolistas argentinos del FC Barcelona – Barça-Argentinos: History of the Argentine footballers of FC Barcelona

El siguiente texto es un extracto del libro Manual de magia mentalismo (Spanish Edition) (ISBN: 9788431556020) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Roberto Martínez  , publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

El pionero

Desde que se afianzó en el primer equipo, la pierna izquierda de Lionel Messi tiene hipnotizados a todos los aficionados del FC Barcelona; pero la primera zurda de oro que enamoró a los hinchas del Barça fue la de Emilio Sagi Liñán, fabuloso extremo izquierdo azulgrana durante los años veinte y primer jugador argentino que defendió la camiseta del Barcelona.

Emilio Enrique Raimundo Sagi Liñán nació el 15 de mayo de 1900 a las 16 horas en San Carlos de Bolívar, provincia de Buenos Aires (Argentina). En esta ciudad, en la que residen casi treinta y cinco mil personas, vivió durante tres años.

«Bolívar es como un pueblo y nos conocemos todos», cuenta Sebastián Mesquida, periodista de la sección de deportes del diario La Mañana de Bolívar, tras reponerse de la sorpresa que se ha llevado al descubrir que el primer ídolo de su admirado Barça, al que sigue cada fin de semana por televisión «para ver a Messi y a ese equipazo», nació en su querida ciudad. «No lo puedo creer. ¡Y nunca se publicó nada acá sobre su historia! Es el momento de hacerle justicia», añade.

Con esto se puede ver que entre el primer crack argentino del Barça y el último (hasta el momento) hay una suerte de hilo conductor que va más allá de su profundo vínculo con el club. Ninguno de los dos ha sido profeta en su tierra, aunque, por razones obvias, la vida y su descomunal talento le están ofreciendo a Leo las condiciones óptimas para modificar este dato.

Emilio Sagi Liñán fue rebautizado por el barcelonismo como Emili Sagi-Barba porque ese nombre y doble apellido distinguían a su padre (1876-1949), uno de los barítonos más ilustres de la historia de España.

Sagi-Barba ganó con el Barça una Liga, cinco Copas de España y doce Copas de Cataluña. Asimismo, fue convocado por la selección española para dos partidos: el 19 de diciembre de 1926 en Vigo frente a Hungría (4-2) y el 20 de mayo de 1927 en Madrid para integrar la selección B de España contra Portugal (2-0).

El conserje y secretario técnico

Sagi-Barba jamás falló un penalti en los 446 partidos que disputó como azulgrana y marcó 137 goles. En vísperas de su debut nadie se imaginaba que algún día Sagi-Barba o «Tití», como le apodaban en el vestuario, podría llegar a semejantes cifras. Es más, la única persona que confiaba en ese joven delgaducho de mediana estatura que empezaba a hacerse conocido por ser el hijo del barítono Emili Sagi-Barba era alguien ajeno al propio vestuario: Manuel Torres, el «Barraquer».

Torres había sido panadero hasta finales de 1911. Fue entonces cuando decidió consagrar los años que le restaban de vida a su pasión por el Barcelona. Dejó su oficio y comenzó a pasarse el día observando a «aquellos locos del fútbol» con el objetivo de ponerse a su disposición. Se instaló en una pequeña casa compuesta por un modesto comedor y un dormitorio que, ocasionalmente, hacía de vestuario del campo de la calle Industria (primer estadio de fútbol que el FC Barcelona poseyó en propiedad) en una época en la que el club contaba con apenas doscientos socios.

Todo el mundo pasó a conocer esa pequeña vivienda que hacía las veces de vestuario como la Barraca. Manuel Torres residió allí con su esposa, como también hizo durante décadas en Argentina la legendaria Elena Margarita «Tita» Mattiussi en las dependencias del Cilindro, el estadio Presidente Perón del Racing Club de Avellaneda.

Manuel Torres pasó a ser el primer inquilino de aquel campo de la calle Industria, convirtiéndose en el conserje y casi en una especie de secretario técnico del club. Los días de partido, elegía a unos veinte chiquillos para que retiraran las piedras que había sobre el terreno de juego de la Escopidora (nombre con el cual se conocía el campo) y cuando terminaban el trabajo les entregaba un vale para que pudieran ver el encuentro de ese día de forma gratuita. Sólo abandonó la Barraca, ubicada en el número 248 de la calle Industria, cuando el Barça se trasladó al campo de Les Corts, a donde se mudó junto con su esposa para continuar su labor a disposición del equipo.

Su apoyo permanente a los jugadores, su estímulo, su ojo clínico y, sobre todo, sus enormes bocadillos de tortilla acompañados de un gran vaso de leche al finalizar las sesiones de entrenamiento, que comenzaban a las siete de la mañana, le hicieron ganarse el afecto de los compo nentes del equipo y el respeto y la atención del cuerpo técnico.

Precisamente, John Richard «Jack» Greenwell, primer entrenador que tuvo el Barça, se acercó a Manuel Torres en la víspera de un partido muy complicado correspondiente al Campeonato de 1916 contra la Real Sociedad en San Sebastián. Se había lesionado Ozores, el extremo izquierdo titular, y el míster estaba bastante preocupado.

Santi Nolla, director del diario Mundo Deportivo, publicó el domingo 20 de junio de 2004 dos diálogos que precedieron al debut de Emilio Sagi Liñán en el primer equipo del Barça, y de los que reproducimos aquí algunos extractos. El entrenador británico mantuvo el primer diálogo con Manuel Torres, y el otro, con el propio jugador: «Vaya percance, Manuel. Se ha lesionado Ozores, el extremo izquierda, y no tengo un jugador para sustituirle», le comentó. Manuel Torres, ni corto ni perezoso, le respondió: «Lo tiene usted, Greenwell. Piense y verá cómo lo tiene». Greenwell movió ligeramente la cabeza, se frotó el mentón, se aclaró la voz y contestó: «¿Quién, Sagi-Barba?». Torres, con la seguridad que le daban tantas horas de observación y análisis casero, no dudó: «El mismo. Es muy rápido y juega magníficamente». «Pero si es muy joven y algo nerviosillo… No sé, no sé», reflexionó el técnico apartándose de su natural flema inglesa.

¿Estaría listo Sagi-Barba? La duda le carcomía por dentro a Greenwell.

Al día siguiente, el míster llamó a Emilio después del entrenamiento para sostener una entrevista con el joven jugador argentino criado en Barcelona. Manuel Torres le había cedido el comedor de su casa, que, como reconoció el propio Barraquer años más tarde en sus memorias, era algo así como el salón de recepciones del club para casos urgentes.

«Mira, Emilio, el domingo tenemos que ir a San Sebastián para jugar contra la Real Sociedad y he pensado que tú puedes suplir a Ozores», le dijo.

El bolivarense se puso blanco de repente. La alegría por la noticia y la responsabilidad que le estaba trasladando el entrenador le habían dejado sin habla y sin color en el rostro. El técnico nacido en Crook, Durham, en 1884, se dio cuenta de lo que le estaba pasando a Sagi-Barba y optó por quitarle un peso de encima como quien libera a un niño de su pesada mochila escolar.

«Mira, Emilio, yo quiero que juegues sin que te importe que los jugadores del primer equipo sean mayores que tú. Tú juega como si estuvieras con los del tercero, ni más ni menos. No hagas caso de nada de lo que veas ni de nada de lo que oigas. Haz tu juego», le indicó el míster a un Sagi-Barba ya más aliviado. Las palabras de Greenwell le debieron de sonar al argentino como aquel «salid y disfrutad» de Johan Cruyff al plantel azulgrana momentos antes de que empezara la final de Wembley en 1992, en la que el Barça ganó su primera Copa de Europa.

A sus 16 años, Sagi-Barba respondió en el campo y arrasó contra la Real Sociedad. Greenwell quedó muy satisfecho con él y Manuel Torres sonrió feliz cuando constató que su recomendación había tenido el éxito esperado.

En sus memorias,1 editadas por Mundo Deportivo en 2004 en una fascinante serie que compiló y transcribió Santi Nolla, director de este periódico, Manuel Torres recordaba una conversación en la que un día le habían dicho: «Sagi-Barba es demasiado pequeño. No creo que saquemos de él nada en claro». A lo que To rres contestó: «Pues tome usted nota: Sagi-Barba será un gran jugador. Se lo digo yo, que le he visto jugar más veces que usted».

Tiempo después Torres diría: «Siempre supe que Sagi-Barba había nacido para jugar al fútbol. En cambio, su hermano Enrique, que jugó algunos partidos en el Espanyol, no llegó a convencer».

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