Comida y cocina

Menús de táper – Táper menus

El siguiente texto es un extracto del libro Menús de táper(ISBN: 9781644613702) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Cristina Sala, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Historia del táper

De la fiambrera al táper

Comer fuera de casa es un hecho habitual para todas aquellas personas que trabajan. Sin embargo, dependiendo de la situación particular y del contexto, este «comer fuera de casa» puede adoptar diferentes modalidades.

Desde la antigüedad hasta nuestros días, los trabajadores del campo, de las minas, y de talleres y fábricas situadas lejos de sus domicilios se han visto en la necesidad de transportar sus comidas desde su casa hasta el lugar de trabajo.

Los tradicionales cestos de mimbre utilizados en el campo dieron paso, en los entornos mineros y fabriles, al uso de cajas metálicas de hojalata, que habían servido para contener galletas o tabaco y permitían preservar mejor los alimentos. Poco a poco estos recipientes fueron sustituidos por otros diseñados especialmente para la función que debían cumplir, y de ahí surgieron las fiambreras, primero de hojalata y posteriormente de aluminio, dotadas ya de dos compartimentos para separar tipos diferentes de alimentos.

Este tipo de fiambrera, que fue utilizado sobretodo en el ejército, evolucionó para adaptarse a otras necesidades, de modo que también podía emplearse para calentar la comida sobre un hornillo ligero de alcohol y más tarde de gas. También ha resultado tan práctica para los aficionados al excursionismo que, junto con la cantimplora para el transporte de líquidos, sigue empleándose en la actualidad.

Durante la primera mitad del siglo xx un nuevo material revolucionaría la sociedad: el plástico. Sus particulares características permitían fabricar piezas de distintas formas y tamaños, ligeras y resistentes, que pronto dieron lugar a recipientes aptos para almacenar alimentos en óptimas condiciones. En 1944, en Estados Unidos, Earl Silas Tupper patentó un envase de polietileno que se comercializó dos años más tarde con el nombre de Tupperware, y que coloquialmente se ha conocido como tupper o táper.

Con el paso del tiempo, la investigación ha llevado al empleo de otros tipos de plástico, con los que se fabrican actualmente recipientes capaces de soportar tanto las bajas temperaturas de los congeladores como las altas que se generan al calentar en el microondas.

El táper en la actualidad

Durante un largo periodo de tiempo, quienes no tenían la posibilidad de ir a casa a comer utilizaban los servicios de cantina o comedor que ofrecían las empresas más grandes o las fábricas, o acudían a los restaurantes de menú más cercanos a su oficina. La preocupación por seguir una dieta sana, primero, y para paliar los efectos de la crisis económica, después, condujo a muchas personas a recuperar la costumbre de cocinar en casa y llevar la comida al trabajo.

Estos pioneros se vieron obligados a utilizarlos clásicos tápers, destinados a guardar los alimentos en la nevera, y transportarlos en una simple bolsa de plástico. La industria, siempre atenta a cubrir las necesidades del consumidor, encontró en este segmento de la población una vía de expansión diseñando productos para mejorarla conservación y el transporte de alimentosa pequeña escala.

En la actualidad se encuentran en el mercado diferentes opciones que integran en un mismo maletín o bolso de reducidas dimensiones todos los elementos necesarios para organizar una comida individual completa: uno o dos contenedores plásticos de diferente capacidad y cierre hermético, aptos tanto para el congelador como para el microondas; otro, más reducido, para el postre, y un juego de cubiertos de plástico o de metal. Los modelos más completos pueden incluir también un vaso y un termo, o incluso un pequeño mantel para hacer más acogedora la experiencia de comer en la oficina.

Otro factor que ha ayudado a incrementar el número de usuarios ha sido la instalación, por parte de las empresas, de refrigeradores y microondas en los que mantener y calentar, respectivamente, la comida. De este modo, el menú diario no tiene por qué limitarse siempre aun plato frío o una ensalada.

Aunque la necesidad de transportar al trabajo o a la escuela la comida es común en todo el mundo, las diferentes maneras de alimentarse han condicionado el tipo de fiambrera utilizada. Dos ejemplos que desde Europa se ven muy dispares son los lunch-boxes de los niños estadounidenses y los bentobako japoneses. Los lunch-boxes son pequeñas maletitas, generalmente de hojalata o plástico, serigrafiadas con personajes de series infantiles y películas en las que se transporta el clásico sándwich del mediodía. El bentobako es una caja compartimentada en la que los japoneses disponen una comida completa, llamada bento, y que convenientemente cerrada sirve para transportarla. Esta bandeja o caja ha evolucionado desde las más tradicionales y lujosas de madera lacada hasta las desechables, pasando por las reutilizables de plástico o resina.

La importancia de comer sano

Comer sano es fundamental para disfrutar plenamente de la vida. Sin embargo, la falta de tiempo para cocinar a diario, las largas distancias que se deben recorrer, en general, para llegar al trabajo o a la escuela y los horarios intensivos que imposibilitan la vuelta a casa para comer habían conducido a una parte importante de la población a descuidar sus comidas y a adquirir malos hábitos alimentarios.

La dieta mediterránea, que era la tradicional, aunque no se conociese con este nombre, fue cediendo ante la comodidad que representaba sustituirla comida del mediodía con snacks, platos combinados rápidos, que abusan de los fritos y las grasas, y productos de bollería industrial, todo ello saciante y con una gratificación inmediata para el paladar, pero que merman la salud incrementando los niveles de colesterol, la tensión arterial y el peso, y, en consecuencia, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y diabetes. Durante las últimas décadas hemos asistido a un creciente interés por mejorar la salud, y en especial por hacerlo de forma agradable y variada, lo que ha llevado a recuperar la dieta mediterránea. Muchas personas, cansadas de la monotonía que se derivaba de los menús ofrecidos por los restaurantes próximos a fábricas y oficinas, empezaron a considerar los beneficios de preparar la comida en casa y llevarla consigo al trabajo.

Fundamentos de la dieta mediterránea

La palabra dieta se emplea en nuestros días deforma impropia, sin hacer justicia a su origen. Hoy en día, se le llama dieta a un régimen alimenticio recomendado para combatir determinadas enfermedades o disfunciones orgánicas. Sin embargo, si se examina la etimología del término, se observa que en griego significaba «modo de vivir» y se identificaba con una disciplina alimentaria correcta que armonizaba el cuerpo con una vida sana.

En estos últimos tiempos se pretende recuperar el significado originario del término, aplicándolo a los hábitos gastronómicos de los antiguos pueblos del Mediterráneo, toda vez que estudios médicos y dietéticos sostienen que los alimentos que configuran esta dieta (frutas, verduras, aceite de oliva, pescado, vino…) reducen el riesgo de padecer episodios coronarios agudos, además de prevenir enfermedades como la arteriosclerosis y algunos tipos de cáncer.

Dichos estudios han demostrado que, desde la década de los sesenta, las regiones mediterráneas cuentan con los índices mundiales más bajos de enfermedades crónicas, ya que conservan tradiciones alimentarias, en algunos casos centenarias, que contribuyen a mantener un excelente equilibro vital.

Esta tradición tiene una serie de componentes nutricionales básicos, cuyo consumo resulta imprescindible para la salud.

¿En qué consiste una dieta sana y equilibrada? Básicamente en una serie de principios como son:

_ Consumir con frecuencia alimentos de origen vegetal: frutas, verduras, pan, cereales, legumbres, patatas…

_ Utilizar aceite de oliva como grasa principal.

 _ Consumir alimentos de temporada, lo más frescos posible.

_ Ingerir a diario una cantidad moderada de leche, queso o yogur.

_ Tomar pescado, huevos y aves en cantidad moderada.

_ Consumir carnes rojas de forma ocasional.

_ Beber vino con moderación durante las comidas.

_ Realizar una actividad física regular para favorecer el equilibrio corporal y procurar un buen estado físico.

Estos principios coinciden con las costumbres alimentarias de los países mediterráneos y constituyen, por tanto, el fundamento esencial de la dieta mediterránea.

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