Animales

Diamante mandarín – Mandarin diamond

El siguiente texto es un extracto del libro Diamante mandarín(ISBN: 9781646990924) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Dr. Michel Bolzinger, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Los orígenes del diamante mandarín

El diamante mandarín no fue conocido hasta principios del siglo XIX. Se cree que esta ave es originaria de Australia o de Indonesia. Sin duda, nuestros mandarines llegaron a Europa embarcados como pasajeros clandestinos en buques mercantes que transportaban telas, especias, piedras preciosas y aves del paraíso.

Las primeras referencias literarias del mandarín se remontan al libro del francés Louis Vieillot Histoire naturelle des plus beaux oiseaux chanteurs de la zone torride (Historia natural delas aves cantoras más bellas de la zona tórrida),publicado en 1805. Ilustraban este libro unas láminas a color donde se podían admirar las aves de las regiones cálidas de los cinco continentes.

Los hombres, sean coleccionistas apasionados o sabios curiosos, se han interesado por las aves exóticas y cantoras desde tiempos inmemoriales. Según parece, los primeros mandarines que llegaron a Europa procedían de Indonesia, y no de Australia, donde abundan. Existen dos subespecies de mandarines, una en Australia y otra en las islas de la Sonda. Es muy probable que los primeros mandarines llegados a Europa fueran originarios de estas islas.

La importación de aves exóticas constituía un complemento al comercio de la seda y delas especias, que ya venía practicándose desde hacía mucho tiempo con el Lejano Oriente. Sin duda alguna, fueron sus colores los que contribuyeron al rápido éxito del diamante mandarín. Al tratarse de un ave fácil de criar y de complexión bastante robusta, no tardó en seducir a los criadores. Pronto aparecieron nuevas mutaciones y los criadores hicieron del diamante mandarín un ave popular que se puede encontrar un poco por todas partes.

En la actualidad, existen clubes en todo el mundo y se organizan exposiciones monográficas dedicadas exclusivamente al diamante mandarín.

En su medio natural, esta ave busca regiones más bien húmedas. En Australia, se pasa progresivamente del clima tropical húmedo, con inmensas selvas siempre verdes, en el norte, al clima tropical seco e incluso desértico, en el sur. Los relieves de la costa oriental frenan los vientos marinos y proporcionan un clima más húmedo y templado.

En Australia, los diamantes mandarines viven en las costas norte y sureste, es decir, en las regiones donde las precipitaciones superan los 400 litros de agua por metro cuadrado al año. Les gustan las sabanas, los bosques poco frondosos, así como los parques de las ciudades, donde anidan cerca de las casas.

Les encanta bañarse. El periodo de reproducción coincide con las lluvias de enero y febrero, que estimulan la vegetación y favorecen los brotes jóvenes y la abundancia de insectos.

Los diamantes mandarines construyen sus nidos a partir de fibras vegetales y diversos deshechos, cerca de puntos de agua, estanques o ríos. El macho y la hembra incuban alternativamente de cuatro a seis huevos durante aproximadamente dieciséis días. Las crías abandonan el nido al cabo de unos veinte días y se convierten en adultos a los tres meses. Las condiciones climáticas rigen la fecundidad de los mandarines. Cuanto más abundantes son las lluvias, más numerosas son las nidadas.

El mandarín pertenece al orden de los Paseriformes o aves como el gorrión, el pinzón, la curruca o el jilguero. Este orden está dividido en familias y subfamilias. El mandarín pertenece a la familia de los Ploceidos y ala subfamilia de los Estríldidos.

Los Estríldidos

Los Estríldidos forman la familia más importante dentro del grupo de aves exóticas y, a menudo, reagrupan a aves gregarias de muchos colores, que, generalmente, viven engrupo en las regiones áridas de Australia, África y Asia. Se caracterizan por una disposición particular de los huesos del cráneo y por un mismo número de vértebras cervicales. Los Estríldidos forman una familia de aves de tamaño pequeño, que se dividen en treinta y dos géneros diferentes. Es el color del plumaje y su carácter muy sociable lo que hace quesean apreciados por tantos aficionados. Salvo algunas excepciones, los miembros de esta familia no brillan precisamente por sus cualidades de cantores. Soportan bastante bien grandes cambios de temperatura, así como el clima seco. Son aves robustas que, sin embargo, temen el frío y, por consiguiente, no hay que dejarlas fuera en invierno. Tanto el macho como la hembra incuban los huevos, de cuatro a seis normalmente, durante dos semanas. Las crías crecen bastante deprisa y salen del nido al cabo de dieciocho o veinte días.

No se sabe con certeza el origen del nombre del mandarín. Se supone que el porte altivo y la autoridad natural de esta ave inspiraron a quienes la bautizaron como diamante mandarín.

Fue el naufragio de marinos holandeses lo que permitió descubrir Australia y, gracias a las expediciones que siguieron, Europa conoció nuevas especies de aves exóticas, como el diamante de Gould —así llamado por el nombre del ornitólogo inglés John Gould— y el diamante mandarín.

Este último presenta las mismas características que los otros diamantes australianos: aves pequeñas de colores vivos que viven engrupo. Son el producto de una evolución que ha durado millones de años.

Comprar un diamante mandarín

Nos hemos dejado seducir por el diamante mandarín y hemos decidido adquirir uno o varios. A fin de estar preparados para recibir a este nuevo compañero que canta y vuela, es muy importante conocer los inconvenientes que conlleva la posesión de un ave de jaula o de pajarera.

Hay muchas personas que se han enamorado del canto y del plumaje multicolor de los mandarines y han comprado uno, pero al final ha resultado ser un error lamentable, pues, desgraciadamente, su tipo de vida no encaja en absoluto con tener un pájaro.

Es necesario evitar la trampa de comprar por impulso, siempre hay que sopesar los pros y los contras antes de tomar una decisión semejante. No se compra un ave —ni, por otra parte, ningún otro animal— como si fuera un objeto. Esta adquisición nos convierte en responsables de una vida que necesita de nosotros para seguir viviendo. Los mandarines necesitan compañía. Si se quedan solos todo el día pueden sufrir muchísimo esta soledad forzada, y, por consiguiente, su salud puede verse gravemente afectada.

Asimismo, le aconsejo que decida la compra de un diamante mandarín después de haber hablado largo y tendido sobre ello con los demás miembros de su familia. Al igual que todos los seres vivos, las aves necesitan que nos ocupemos de ellas, que les demos de comer, que limpiemos su jaula y que las cuidemos cuando se ponen enfermas, y no todo el mundo acepta todas estas tareas con una sonrisa en los labios.

Tampoco hay que olvidar los fines de semana y las vacaciones, pues la mayoría de las veces no podremos llevar con nosotros a nuestra ave preferida. Por consiguiente, alguien deberá hacerse cargo de ella durante nuestra ausencia.

En caso de alergia, está completamente contraindicada la adquisición de un ave. Algunas personas sufren alergia a las plumas y entonces su vida se puede convertir en un infierno ante la presencia de un ave en la casa.

Por otro lado, las aves de jaula pueden padecer enfermedades respiratorias bastante graves si viven en una atmósfera contaminada por el humo del cigarrillo o la pipa. Los fumadores empedernidos deberán imponerse reglas de vida muy estrictas a fin de no causar trastornos a sus aves.

Asimismo, como indicaremos detalladamente más adelante, se debe prestar una especial atención al lugar que vamos a destinar a la jaula o la pajarera, que debemos decidir con suficiente antelación. Si contamos con suficiente espacio en la terraza o en el jardín para instalar una pajarera, podemos convertirnos en los felices propietarios de numerosos diamantes mandarines. Sin embargo, ello puede acarrear otro inconveniente que suele olvidarse: el trino de los pájaros puede molestar a los vecinos.

Los diamantes mandarines se adaptan muy bien a la vida en cautividad. Son unas aves muy rústicas, pero, a diferencia de los loros, por ejemplo, jamás se podrá conseguir de ellas ejercicios de habilidad. Tal vez lleguen a reconocernos a nosotros y a los miembros de nuestra familia, pero seguirán siendo unos animales salvajes.

No obstante, si tenemos suficiente paciencia y dotes de observación, nos convertiremos en espectadores únicos y privilegiados de los diferentes comportamientos de los diamantes mandarines.

Los diamantes mandarines son aves que viven en grupo, lo cual favorece, por un lado, la búsqueda de alimento y de agua, y, por otro, la prevención contra los depredadores. Pero incluso dentro de un grupo muy grande es habitual que se formen parejas. Principalmente por la noche, los dos miembros de la pareja duermen acurrucados el uno contra el otro a fin de darse calor. Por esta razón, es preferible que los diamantes mandarines vivan en pareja o, mejor todavía, en grupo.

Si nos decidimos por adquirir un grupo de este tipo de aves, lo más conveniente es quesea un número par con el objetivo de evitar que un individuo aislado moleste a las otras parejas, en particular durante el periodo de reproducción.

También se puede optar por mezclar los diamantes mandarines con otras especies de aves. En este caso, se habrá de tener en cuenta el carácter de cada ave, así como las incompatibilidades entre especies a la horade convivir. Lo más sencillo consiste en escoger aves que ya estén acostumbradas a convivir en su hábitat natural. Por último, hay que evitar elegir aves de tamaños demasiado diferentes.

En cualquier caso, si se tiene previsto que los mandarines se reproduzcan, se desaconseja mezclar grupos mixtos, es decir, formados por aves de especies diferentes. Las aves de la misma especie que viven en grupo se reproducen con mucha más facilidad, pero, lógicamente, resultará imposible determinar la paternidad de los polluelos.

Si se desea un macho determinado, hay que dejar a la pareja sola en una jaula, y luego, antes de volver a formar el grupo, situar la jaula junto a los otros miembros del grupo para que las aves puedan entenderse y aprender a reconocer sus cantos. En definitiva, el mensaje ha quedado claro: los diamantes mandarines son aves que no soportan vivir solas. La soledad suele ocasionar debilidad y enfermedad.

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