Crecimiento empresarial & personal

Cría moderna de las lombrices y utilización rentable del humus – Modern earthworm farming and profitable utilization of humus

Introducción

La instalación de un criadero de lombrices para la obtención de humus y su explotación comercial es relativamente sencilla y no requiere una gran inversión

Son muchas las personas que han escrito sobre las lombrices y se han dedicado a estudiar su comportamiento y sus posibles aplicaciones. De todos los investigadores que han tratado la materia, sin duda el más famoso es Darwin.

Se han escrito asimismo muchas páginas contando las anécdotas que se han suscitado en torno a la lombriz, entre las cuales, por ejemplo, se cita el edicto de un faraón del Antiguo Egipto prohibiendo exportarlas del país bajo pena de muerte; la fertilidad del valle del Nilo, en efecto, se atribuía en gran parte a la lombriz.

En tiempos mucho más recientes, hacia 1947, el primer gran criador de lombrices fue, al parecer, Hugh Carter, primo del antiguo presidente de Estados Unidos. Otro gran criador, igualmente norteamericano, es Ronald Caddie senior, presidente de la sociedad más importante de cuantas se dedican en la actualidad a la cría y la comercialización de lombrices.

A estos y otros pioneros en el mismo campo les corresponde el mérito de haber sabido aplicar técnicas modernas de cultivo y, sobre todo, de haber visto en este animal una valiosísima ayuda para la recuperación de los materiales de desecho. En nuestros días, el problema de los residuos en las sociedades industriales se está dejando sentir con particular intensidad.

En España y en países americanos como Argentina, Brasil, Ecuador y Méjico, la cría de lombrices no comenzó a desarrollarse hasta hace veinte años aproximadamente. Pero, a pesar del retraso, se ha recuperado a gran velocidad el tiempo perdido y en la actualidad se están extendiendo las explotaciones de este tipo, debido a que la obtención de humus a partir del compostaje de materia orgánica permite mejorar la calidad de muchos suelos agrícolas o recuperar zonas degradadas, al mismo tiempo que evita la contaminación de las aguas que provocan los vertidos indiscriminados de materia orgánica.

Es decir, con el proceso se consigue convertir un grave problema en un producto de elevada demanda. El mérito ha sido de los lumbricultores que, con su diligencia y su tesón, han sabido vencer el escepticismo, no siempre imparcial, que se manifestaba al respecto.

El extraordinario interés que ha suscitado el tema de las lombrices se debe a que estos invertebrados son unos formidables «procesadores» de excrementos animales y, en general, de materias orgánicas en descomposición, tanto vegetales como animales. De ahí a pensar en la lombriz para reciclar o «digerir» los desechos sólidos urbanos hay un paso muy corto; al menos en teoría, ya que en la práctica las dificultades son numerosas.

Se han realizado muchos experimentos en este sentido, casi todos con resultados positivos: la lombriz no presenta ninguna dificultad para procesar nuestros desechos; sin embargo, ante la posible aplicación práctica de este método, los problemas aparecen cuando se estudia la transformación de ingentes cantidades de desechos y basuras, ya que las inversiones económicas que entonces se precisan son, por lo general, bastante elevadas.

El humus que se obtiene mejora la estructura del suelo y la capacidad de retención de agua; también aumenta su permeabilidad, tanto al agua como al aire. Además, aporta los nutrientes necesarios para el desarrollo de las plantas y restaura la actividad biológica del suelo

Una vez superado el entusiasmo que despertó al principio este nuevo tipo de actividad, y tras la inevitable confusión que le siguió, el tema de las lombrices se está planteando hoy día en términos mucho más realistas. Se está considerando la lombriz como lo que realmente es; se la estudia con más atención y se está intentando valorar objetivamente su verdadera capacidad productiva, para aprovechar del mejor modo las interesantes posibilidades que su cría ofrece.

Las personas que hoy se interesan por la lombriz ya no son simples curiosos, sino que desean saber, conocer, estar al corriente de lo que pueden hacer, quieren informarse sobre cuál podrá ser el desarrollo lógico y normal de su crianza, es decir, lo ven como una actividad rentable pero que exige una dedicación seria. Es exactamente lo mismo que llevamos bastante tiempo repitiendo para evitar que la gente se entusiasme a la ligera, lo cual siempre es peligroso: la lombricultura es una actividad que hay que acometer con seriedad.

La lombriz tiene exigencias muy precisas; es imprescindible conocerlas a fondo para poder aprovechar del mejor modo posible sus características en nuestro propio beneficio. Igual que cualquier otro tipo de cría, la lombricultura presenta sus problemas, sus particularidades y sus secretos, fruto de una aplicación constante que, con el tiempo, se convierte en experiencia.

Por lo tanto, instalar un criadero y llevar a cabo una producción intensiva de lombrices es lo mismo que instalar cualquier otro tipo de explotación zootécnica: existen unos costes, unos plazos de gestión y unos plazos de producción, y hay que preocuparse también para hacer cuadrar las cuentas de la gestión económica.

El empresario que cree en esta actividad se interesa, sobre todo, por las diversas formas posibles de aplicación práctica de la lombriz, que son numerosas y todas ellas importantes.

Pero criar lombrices está al alcance de todo el mundo, es una actividad que se puede plantear a cualquier nivel, aunque es evidente que habrá que seguir criterios distintos en cada caso; no obstante, podemos anticipar que hay unas reglas constantes que deben cumplirse tanto si la lombricultura se realiza como simple afición como si se emprende el cultivo a nivel industrial.

Diez motivos válidos para emprender el cultivo de lombrices

Lombrices rojas de California sobre el estiércol que transforman en humus

El cultivo de lombrices es ventajoso por los motivos siguientes:

1. Nosotros decidimos el alcance de la inversión.

2. Se puede realizar en todos los terrenos, con indepencia de la situación, localidad, disposición o altitud. La lombriz puede vivir exactamente igual a 1.600 m de altitud que a cotas muy inferiores; lo que varía, lógicamente, es la producción.

3. Podemos fraccionar el cultivo, tanto en sentido cuantitativo, es decir, partiendo de pocas y aumentando progresivamente, como en lo referente a su ubicación, o sea, instalando distintos cultivos en varios lugares, según nuestras necesidades y posibilidades.

4. No hacen falta estructuras fijas, lo que eventualmente facilita posteriores traslados.

5. Tenemos la posibilidad de decidir libremente hasta dónde llegar y hasta qué punto ampliar, según nuestras fuerzas, nuestro tiempo y nuestra disponibilidad.

6. Podemos empezar cuando queramos, donde queramos y como queramos, incluso compaginando el cultivo con otra actividad profesional.

7. Los costes de instalación son decididamente bajos; lo mismo puede decirse de los costes de gestión; esto es posible gracias a las técnicas que explicaremos, que se van actualizando y perfeccionando constantemente.

8. El capital se revaloriza solo y está gravado con muy pocos gastos.

9. No estamos obligados a tiempos ni horarios fijos de trabajo, lo cual nos permite cuidar el cultivo de modo muy distinto a como se debe cuidar y seguir cualquier otro tipo de explotación animal. En efecto, somos absolutamente libres de dedicarle un rato todos los días o bien un día a la semana, aunque el tiempo de dedicación necesario depende de la envergadura de la explotación.

10. La cría intensiva de lombrices y los productos que de ella se obtienen poseen numerosas aplicaciones en sectores tan distintos como la agricultura, el tratamiento de residuos, la cría de peces y anfibios y la pesca.

El producto por excelencia es el humus; una materia orgánica compostada de características insuperables y con una importante demanda en el mercado debido a sus aplicaciones en agricultura, horticultura y jardinería.

De hecho, la demanda de humus y de gusanos está experimentando un continuo aumento en todos los sectores, y cada día se encuentra una nueva aplicación para las lombrices. Son cada vez más las industrias que se interesan por estos gusanos; en unos casos, porque necesitan eliminar o transformar residuos; en otros, porque los usan como alimento para otros animales, es decir, los emplean en la producción de piensos.

Sin embargo, para que ello sea posible es necesario ofrecer una gran producción, regular y constante, de pequeñas lombrices. Hay que tener en cuenta que, tanto los clientes que adquieren el humus como los que encargan lombrices necesitan importantes cantidades de producto y exigen, sobre todo, suministros continuos y asegurados.

Generalidades Sobre La Lombriz

La Lombriz

La lombriz es un Anélido perteneciente a la clase de los Oligoquetos y a la familia de los Lombrícidos, que comprende una decena de especies, todas de hábitos terrestres. Los Oligoquetos, con numerosas especies, entre las que se cuenta la lombriz, constituyen la organización más desarrollada de los Anélidos.

Características

El estiércol es un material muy valioso para la agricultura porque favorece la fertilidad de los suelos

Algunos científicos subdividen las lombrices en dos grupos, las de color rojo y las de color gris. De las más de 8.000 especies de lombrices, son pocas las que por sus cualidades tienen interés.

La lombriz de tierra europea (Lumbricus terrestris) está muy extendida en la actualidad por las regiones templadas de todo el mundo. En la figura que sigue podemos observar su morfología.

Las distintas especies de lombrices rojas son muy similares a primera vista, es necesario un análisis detallado y cierta experiencia para apreciar las diferencias. Nosotros nos centraremos esencialmente en un tipo de lombriz conocido comúnmente como «roja de California» o Red worm, que día tras día está demostrando ser la variedad más productiva y más fácil de introducir en los cultivos extensivos.

La mayoría de las especies de lombrices que podemos encontrar normalmente en nuestros suelos no son apropiadas para establecer la cría intensiva, ya que es muy difícil mantenerlas vivas y mucho más crear una explotación rentable. Las más comunes son: la lombriz de tierra común europea (Lumbricus terrestris), la lombriz roja (Lumbricus rubellus) y la lombriz del estiércol (Eisenia foetida).

La Lumbricus rubellus o lombriz roja tiene las mismas características que la roja de California, pero es más difícil de criar en cautividad y mucho menos productiva.

La lombriz de la que trataremos en este libro, la lombriz roja de California, es un híbrido descubierto en California a principios de los años cincuenta, de un intenso color rosado, que puede alcanzar una edad de 16 años.

Alcanza su madurez sexual entre el segundo y el tercer mes de vida y, a partir de entonces, produce aproximadamente cada 7-10 días una cápsula con un número de embriones que oscila entre 2 y 20, los cuales salen del capullo al cabo de dos o tres semanas. La rapidez de su desarrollo es una de las ventajas que hacen de la lombriz roja de California la más rentable para la cría.

Al salir del huevo, es prácticamente blanca y mide solamente 1 mm; al cabo de una semana, tiene una longitud de 7 mm, aunque sigue sin adoptar su pigmentación característica. Con dos semanas, la lombriz mide de 12 a 15 mm de largo y empieza a tomar un tono rosado.

A los tres meses ha alcanzado los 3 cm y su coloración es ya la definitiva, es decir, un rojo oscuro. Cuando llega a los 7 meses de vida, la lombriz mide entre 5 y 6 cm y alcanza la madurez sexual; mantendrá dicho tamaño hasta que muera, hacia los 16 años.

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