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Rezar a los ángeles – Rasgos específicos de los ángeles

El siguiente texto es un extracto del libro Rezar a los ángeles(ISBN: 9781644614228) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Charles Lessage, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Los ángeles en la Biblia

Varios siglos antes de la era cristiana, los ángeles (del griego aggelos, «mensajero») se presentaban claramente como las criaturas espirituales del Dios único, Yahvé. Concebidos por él al mismo nivel que el hombre, estos espíritus puros se benefician de la misma libertad y quedan subordinados a su autoridad. Quien dice mensajeros dice vínculos particulares con el hombre, al que ayudan en su búsqueda de Dios y por el que pueden interceder especialmente en el momento del Juicio Final. En esta línea, algunos adquieren la función particular de guardianes privilegiados de las almas, mediante su papel especializado de ángel guardián: una “especialización» que perdurará durante los siglos felizmente; es la idea de una protección permanente que presenta tanto tintes religiosos como la simple creencia en una «buena estrella». Es decir la imagen del ángel aparece de manera ambivalente, puesto que se la puede considerar como la encarnación de un acto de fe o como representación simbólica de la suerte.

De cualquier manera, al mismo tiempo que estas entidades pierden todo el poder que le habían conferido los politeístas, ganan también una función casi política en el sentido de que se imponen como el ejército de Dios; un ejército directamente comprometido contra las fuerzas del mal —re presentadas por ángeles que se han rebelado contra Dios, y que por ello han sido rechazados en un combate que continúa en las criaturas humanas.

Intercesores entre Dios y el hombre, anunciadores de la voluntad divina(por ejemplo la anunciación de Gabriel a María), protectores de las criaturas de Dios (Daniel salvado de la voracidad de los leones), encargados de despertar las inteligencias y almas (Daniel de nuevo, a quien Dios envía el ángel Gabriel para revelarle el sentido oculto de su visión del carnero y del macho cabrío) y combatientes por el triunfo del amor y la verdad suprema, los ángeles —todos sin distinción— participan en la instauración del mundo perfecto anunciado por las Escrituras.

Rasgos específicos de los ángeles

Ya sea por su propia naturaleza, por sus funciones y roles en cuanto a su relación con Dios y con los hombres, los ángeles presentan rasgos específicos que les llevan a estar:

—No sujetos a las limitaciones espaciales: como espíritus que son, pueden literalmente estar en todas partes y obrar en consecuencia.

—No sujetos a las leyes temporales: puesto que son criaturas creadas a imagen de Dios, son independientes de toda consideración de duración.

—Depositarios de todo el conocimiento: productos puros del amor divino, los ángeles están impregnados de su espíritu.

—Totalmente libres: esta noción de libertad es fundamental en la religión judeocristiana, ya que el amor del Dios creador se expresa perfectamente en el libre albedrío que ofrece a sus criaturas, sean ángeles u hombres.

Los tres arcángeles

Aunque los ángeles aparecen periódicamente en el gran libro sagrado, sólo tres de ellos se nombran claramente: Gabriel, Miguel y Rafael. Tres entes superiores a las otros (arc. ngel significa literalmente «jefe entre los ángeles») con misiones especiales: la doble anunciación del nacimiento de Juan Bautista al sacerdote Zacarías y la de Jesucristo a la Virgen María por parte de Gabriel, el combate entre Satán y Miguel y, finalmente, el rol reservado a Rafael el cual se acomoda perfectamente a la simple función de ayuda (en especial al joven Tobías) y que prefigura el advenimiento del cristianismo. Él es el testimonio elocuente del hecho de estar al servicio de Dios y de los hombres.

La devoción hacia los arcángeles

Aunque el culto rendido a los arcángeles es de inspiración antigua, no ha dado lugar a la edificación de santuarios… excepto en el caso de Miguel. Es cierto que numerosas iglesias, capillas y otros edificios religiosos muestran en sus paredes el testimonio de la devoción de algunos artistas por los arcángeles. Se trata de creadores que han ilustrado —cada uno a su manera y según la estética del momento—los momentos más significativos de las acciones «arcangélicas» que nos narran las Escrituras. Sin embargo, lugares dedicados exclusivamente a los arcángeles, sólo encontramos la abadía de Mont-Saint-Michel y la basílica de Monte Sant’Angelo. Es verdad que la edificación de estos dos santuarios está condicionada por la aparición del arcángel, algo que los convierte en lugares de peregrinación obligada.

La aparición de san miguel en el monte sant’angelo

La tradición narra como en el año 493 en una pequeña gruta del monte Gargan —que se rebautizaría como Monte Sant’Angelo tras los acontecimientos milagrosos que evocamos a continuación con todo detalle— se produjo la escenificación de un acontecimiento prodigioso. Unos campesinos, tras salir en busca de un toro que se había escapado de la manada, lo encontraron en el fondo de una cueva. Uno de ellos, asustado por la agresividad del animal, preparó su arco y le disparó. Pero, para su sorpresa, lejos de alcanzar su objetivo, la flecha se revolvió contra el que la había lanzado y lo mató. Ante tal prodigio, los otros campesinos huyeron del lugar en busca del consejo del obispo local. Buen cristiano, el obispo Lorenzo les recomendó tres días de ayuno y plegarias. Tras este breve periodo de penitencia, se produjo el milagro: el arcángel Miguel se apareció a Lorenzo y le dijo: «Yo soy aquel que está siempre cerca de Dios. Aquella cueva me pertenece y he recurrido a este signo para hacerlo saber. A partir de entonces, no se derramará la sangre de ningún otro toro». Con estas palabras, Miguel acabó definitivamente con un rito pagano secular, según el cual los peregrinos estaban obligados a pasar una noche en la cueva cubiertos con la piel de un carnero negro recién matado con el fin de obtener una cura.

Respetuosos con la palabra del arcángel, el obispo y todos sus feligreses empezaron a ir a rezar al lugar del prodigio que, desde entonces, se consideró sagrado.

Pero esto era tan sólo el preludio del milagro. De hecho, un poco más tarde, la región fue invadida por los napolitanos. Como no sabían si rendirse o si oponerse, el obispo tuvo la idea de negociar la suspensión de las hostilidades durante tres días. Esta tregua resultó ser una gran idea, puesto que, tras finalizar —se supone que sirvió para rezar al arcángel—, San Miguel se le apareció de nuevo y le aseguró que la piedad de los suyos no había sido en vano y que obtendrían la victoria si seguían sus consejos estratégicos; es decir, si atacaban poco antes del alba. Así lo hicieron, y pudieron constatar que Miguel combatía con ellos, lanzando flechas incendiadas contra sus enemigos, que no se quedaron a ver el final.

Ante este nuevo prodigio, el obispo decidió que ya había llegado el momento de consagrar la cueva. Pero para asegurarse consultó al Papa, que le instó a conocerla voluntad del arcángel sobre este tema. A fin de obtener una respuesta de San Miguel, el obispo invitó a los habitantes del lugar a seguir un nuevo periodo de ayuno de tres días. Y, al igual que las otras dos veces, el arcángel apareció en persona ante los fieles al acabar la penitencia y les dijo: «No debéis consagrarme la iglesia, puesto que ya la he consagrado yo mismo. Encontraréis las pruebas». Tras este mensaje, el obispo y sus feligreses acudieron al día siguiente a la cueva, que, para su sorpresa, encontraron bien iluminada pese a que no ardía ningún candelabro. Allí existen ahora tres altares —con el pie del arcángel grabado en uno de ellos— y una fuente milagrosa. Desde entonces, el lugar se convirtió en un santuario dedicado al arcángel San Miguel, cuyo culto se extendió a través de Occidente.

Desde aquel 29 de septiembre, la Iglesia festeja oficialmente el día de este arcángel.

Aunque la gruta se conserva en el estado en el que se encontraba en aquella época, se construyó también una basílica de inspiración gótica y romana. Edificada durante el siglo XIII, cuenta con unas magníficas puertas de bronce incrustadas de esmalte multicolor, que evocan las diferentes apariciones del arcángel. Una celebración solemne reúne a los peregrinos en la cueva el día de San Miguel.

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