Deporte y salud

Curso de patinaje sobre ruedas – Roller skating course

El siguiente texto es un extracto del libro Curso de patinaje sobre ruedas (ISBN: 9781683251026) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Bruno Grelon, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Retorno a los orígenes

Al igual que muchas personas de mi generación, mi primer contacto con el mundo del patinaje tuvo lugar cuando era niño. Los patines que había en aquella época tenían ruedas de metal y correas de cuero, y eran extensibles para que pudieran crecer con nosotros y pasar de hermano a hermano cuando perdíamos el interés. Hace cuarenta años, las calles no estaban tan invadidas por los automóviles como hoy en día, y en la pequeña ciudad de provincia donde vivíamos no se oía más que el ruido infernal de las ruedas sobre el asfalto engravillado. Aprender a patinar era algo casi obligatorio por aquel entonces, así como andar en bicicleta o en patinete; sin embargo no eran considerados como medios de transporte (no se utilizaban los patines para ir al colegio; como mucho, para ir a hacer algún recado en el colmado de la esquina).

Con el paso de los años, mi interés se desvió hacia aparatos más ruidosos y más contaminantes, y los patines quedaron olvidados en un rincón del desván.

Mi segundo gran encuentro con el mundo del patín fue a través del cine, concretamente de una película que causó un gran impacto en los años setenta: Rollerball, con James Caan; era una historia de gladiadores del futuro que, con patines en los pies, se jugaban la vida girando en una pista. Las acrobacias eran impresionantes y, pese a la violencia que reinaba en todas las secuencias, el espectador salía entre admirado e impresionado por la transformación de un juego en instrumento político.

El tiempo siguió su curso y, poco a poco, el patinaje sobre ruedas ha vuelto a conquistar a las nuevas generaciones. Muchas personas que, como yo, habían disfrutado paseando recibiendo el viento en la cara y experimentando aquella sorprendente sensación de libertad, años después regalaron a sus hijos, niños o adolescentes, estas maravillosas máquinas, más confortables que las de antes y también más rápidas y dotadas de freno. La famosa huelga de transportes de París en el invierno de 1995 oficializó el fenómeno entre los adultos, que se calzaron los patines para ir al trabajo, creando algún que otro problema a los responsables de la vía pública.

Actualmente el número de patines en línea vendidos se cuenta por millones. Gracias a una curiosa transformación, cuyo secreto posee solamente la historia, esta diversión burguesa de principios de siglo ha pasado a ser una actividad popular, un deporte de calle. Los modernos practicantes han ido incluso más allá: han recuperado el mobiliario urbano –bancos, rampas, escaleras– para crear una nueva disciplina deportiva: el patinaje acrobático, no reconocido aún por la Federación Española de Patinaje (FEP).

Aprovechando el auge de este deporte han surgido revistas especializadas y se ha generado una enorme actividad en muchas de las federaciones de patinaje de todo el mundo. En España, este auge popular convive con la tradición, especialmente en Cataluña y en Galicia, y con el alto nivel competitivo de los equipos locales y de la selección nacional de hockey sobre patines, así como con los numerosísimos practicantes de patinaje artístico y de velocidad.

Esta obra quiere aportar su contribución al desarrollo del patinaje. Quienes lo descubran hoy deberán saber que sus orígenes son antiguos. El patín de ruedas fue inventado en el siglo XVIII, y a finales del siglo pasado patinaban millones de personas en Europa y en Estados Unidos. Las técnicas actuales no son más que la evolución de los conceptos del siglo XIX y de principios del XX. Por otro lado, el patinaje es, además de una actividad lúdica, un deporte que desarrolla una serie de cualidades físicas y psicológicas. Tal como veremos más adelante, no hay que olvidar aspectos como el calentamiento, los estiramientos y la dieta. Es aconsejable que nos asociemos con otros practicantes para superarnos. Este es un deporte que tiene sus exigencias, pero que da muchas satisfacciones. De él obtendremos un equilibrio vital que nos resultará siempre positivo.

Historia del patinaje

El hombre se ha interesado desde tiempos muy antiguos por las técnicas de patinaje, ya sea para trasladarse o para desplazar cargas pesadas o voluminosas. Se estima que los orígenes del patín se remontan a más de veinte mil años. Sam Nieswizski, que ha llevado a cabo un importante trabajo de investigación para explicar la historia del patín, cita el descubrimiento hecho por unos arqueólogos de unos patines de hueso que datan del paleo lítico. El deseo de patinar siempre, incluso sin hielo, ha sido lo que ha impulsado a los más aventure ros a inventar el patín de ruedas.

Constructores ingeniosos

Según el mencionado historiador, los primeros inventos vieron la luz en los Países Bajos en el siglo XVIII. Por una parte cita a John Joseph Merlin, nacido en 1735, que fabricaba máquinas mecánicas e instrumentos musicales; por otra parte, también menciona a Maximiliaan Lodewijk van Lede, nacido en Brujas, de profesión grabador de medallas, que figura en el Almanach de Gotha (1790) por haber inventado unos «patines de tierra con los cuales se puede correr tan rápido como por el hielo con patines normales».

A partir de entonces, la lista de inventores empieza a crecer. El francés Petitbled patenta en 1819 los primeros patines de ruedas dotados de un «freno de taco». En la misma época, el escocés John Spence, de profesión zapatero y gran aficionado a la mecánica, adapta unas ruedas a unas cuchillas de patines de hielo. El vendedor de fruta inglés Robert John Tyers concibe en 1823 unos patines que bautiza con el nombre de Volito (floto), y el relojero austriaco August Löhner crea en 1825 unos «zapatos mecánicos con ruedas ». El más famoso es, sin lugar a dudas, el francés Jean Garcin, patinador sobre hielo y autor de un ensayo sobre esta modalidad, que en 1828 inventó el Cingar, un patín dotado de soportes laterales altos para fijar el tobillo.

La moda del patín con ruedas llega con las grandes coreogra fías. Sam Nieswizski menciona un buen número de ballets panto mima en los que los bailarines utilizan este instrumento. Para la realización en 1849 de la ópera de Meyerbeer, El Profeta, que incluye una danza de patinadores, el parisino Louis Legrand, charcutero de profesión pero también gran inventor, recibe el encargo de construir los patines y de iniciar a los bailarines en la técnica del patinaje. En esta misma época, las primeras «escuelas », que son locales parecidos a un gimnasio con el suelo liso, experimentan un cierto auge. Todos los patines construidos entonces tienen las ruedas montadas en línea, ya que parten del principio de la cuchilla de los patines de hielo.

La moda de las pistas de patinaje

Pero la auténtica revolución vino del otro lado del Atlántico, con la invención a cargo de James Leonard Plimton de los rocking skates (patines con rótula). Este modelo tiene cuatro ruedas de madera y dos ejes móviles mediante unas rótulas. Una simple inclinación del pie permite girar sin dificultad. Este avispado hombre de negocios construyó numerosos skating-rinks (pistas) con piso de madera en Estados Unidos y en Europa, y vendió sus patines a las pistas para que los alquilasen, lo que permitió que en diez años amasara una fortuna considerable.

En tiempos de la Tercera República, Francia, ávida de fiestas y de ocio, se vuelca en esta nueva actividad. En 1875 se inaugura la primera pista en París, situada en las proximidades de la glorieta de los Campos Elíseos. Su piso asfaltado cubre una superficie de mil metros cuadrados. El Skating-Palais de la avenida Bois-de- Boulogne estaba considerado como una de las mejores pistas del mundo y contaba con una magnífica iluminación eléctrica y una orquesta de sesenta músicos. En su superficie de dos mil metros cuadrados se organizaban fiestas suntuosas, exhibiciones de virtuosismo y juegos. En toda España, el patinaje se desarrolló como deporte para los más pudientes económicamente. Se construyeron pistas en Berlín, Frankfurt, Londres, Southseas, etc., de grandes proporciones y con todos los avances de la época.

Pero esta moda fue pasajera. En 1880 todas las pistas de patinaje de París habían cerrado sus puertas.

Diez años más tarde, con la aparición del revolucionario rodamiento de bolas (o cojinete de bolas), el patinaje vuelve a tomar un nuevo impulso. Se construyen nuevas pistas y se crean grandes expectativas. La nueva pista de Londres tiene un aforo de diez mil personas, y en París, el Columbia Skating-Rink, construido para la Exposición Universal de 1889, cuenta con una pista de tres mil quinientos metros cuadrados.

A finales del siglo XIX, Alemania contaba con cincuenta pistas y Gran Bretaña con treinta. La superficie donde se patinaba era de madera, más resistente a las ruedas de este mismo material. A partir de 1910 se produce un resurgimiento de este tipo de pistas, que acogen fiestas, espectáculos y concursos de baile.

A finales del siglo XIX, los inventores construyen una gran gama de patines de ruedas grandes, llamados ciclo patines o patines bicicleta, cuyo revestimiento de caucho permite circular más fácilmente por las superficies accidentadas. Los patines tradicionales se montan con ruedas metálicas, madera, mica o caucho endurecido. A comienzos de siglo se intenta construir patines a motor.

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