Historia, Ficción, Biografía, Crimen

Ciudades, lugares y continentes desaparecidos – Missing cities, places and continents

El siguiente texto es un extracto del libro Ciudades, lugares y continentes desaparecidos (ISBN: 9781683255581) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Massimo Centini, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Ciudades, Lugares Y Continentes Desaparecidos

Cuando Platón decidió incluir en el Timeo y en el Critias las informaciones sobre el maravilloso mundo de la Atlántida y su repentina desaparición, nunca pudo imaginar que dos milenios después aquellas descripciones generarían un debate secular que estimularía la cultura, la investigación y la ciencia.

No nos equivocaríamos si afirmáramos que el misterio de la Atlántida es el misterio del hombre, y quizás por esta razón es objeto de la atención de muchas personas, por estar ligada como está a la problemática de los orígenes de esta humanidad que todavía está buscando sus raíces.

El debate sobre la existencia de la Atlántida y su ubicación está más vivo hoy en día que nunca, gracias a las nuevas tecnologías, que ofrecen a las actuales generaciones las claves para llegar a donde nuestros predecesores no pudieron llegar.

La ciencia contemporánea, acusada en tantas ocasiones de trabajar solamente a favor del provecho económico, también es el ariete que está derribando los muros de los límites humanos, desvelando una parte de los misterios de nuestro planeta y sus criaturas, entre las que se incluye el hombre. La ingeniería genética está penetrando en los secretos más recónditos del genoma, analizando el mapa invisible y a la vez infalible del ADN, de las relaciones que hay entre los diferentes grupos humanos y de sus regiones de procedencia.

La tecnología con infrarrojos ha abierto un nuevo ojo en el subsuelo y ha incrementado los conocimientos geológicos, mientras que el perfeccionamiento de los equipamientos subacuáticos ha hecho que el medio submarino sea menos hostil. Pero todo esto no es suficiente. La Atlántida sigue siendo un mito para la ciencia académica, y el renovado interés suscitado en estos últimos años por los estudios y las operaciones que están relacionadas con ella son fruto exclusivamente del trabajo de investigadores independientes, los cuales, al igual que las generaciones de estudiosos que les precedieron, se han propuesto reexaminar el mito, con la ventaja de trabajar con la ayuda de los nuevos avances científicos, recuperando aquello que otros, arqueólogos incluidos, habían dejado de lado.

El concepto de «destrucción del mundo» está representado aquí en el Juicio Final de la catedral de Bourges, en Francia (fotografía de John Pole)

Gracias a ellos, la Atlántida ha vuelto a emerger, no de las aguas que la sumergieron una noche de un lejano pasado, sino del olvido al que fue relegada por culpa de un involuntario proceso de amnesia.

Estamos seguros de que los descubrimientos realizados especialmente en la última época obligarán al mundo científico a efectuar una revisión global de la historia del mundo, porque de la manera que se enseña se antoja incompleta, pues le falta lo que está considerado fantasía o leyenda. La ciencia, en efecto, no toma en consideración los mitos antiguos, a pesar de que en varias ocasiones han sido la chispa que ha propiciado grandes hallazgos arqueológicos.

En este contexto, los mitos relativos a tierras legendarias sumergidas —a las mil Atlántidas que hay por todo el mundo, como Mu, Lemuria, Ys, Mudalu y Naraikanai— se convierten en el punto de partida para escrutar en aquellos fondos marinos que el análisis geológico considera que se sumergieron en la última etapa posglacial, que terminó hacia el 8000 a. de C. De este modo se han identificado millones de kilómetros de tierras que hoy en día están bajo las aguas, pero que hace 10.000 años estaban a la luz del sol y podían haber acogido poblaciones humanas.

Esto significa atribuir una realidad histórica y científica al Diluvio. Hasta el momento, sólo una pequeña parte de estos lugares sumergidos han sido explorados, revelando lo que sólo unos pocos audaces osaban creer: vestigios sumergidos, en algunos casos de apariencia megalítica, dispuestos en los fondos marinos, olvidados por un hombre que ha perdido la memoria de esta preciosa herencia. Quizás este sea el nuevo rumbo de los estudios sobre la Atlántida.

Platón describió esta isla-continente situándola más allá de las Columnas de Hércules, y es allí donde muchos la han buscado. Otros se concentraron en el Mediterráneo, en América, en África e incluso en la Antártida.

Desierto de Nevada (fotografía de S. Rasmussen/Diaporama)

Todos estaban equivocados y todos tenían razón, porque estos descubrimientos submarinos indican una misma cosa: que la Atlántida nunca fue un lugar, sino algo que puede interpretarse como el legado mitológico de una cultura olvidada que, como tal, estaba por todas partes, poblando las costas de un mundo de aspecto y clima muy diferentes a los actuales.

Los vestigios sumergidos en los fondos asiáticos, europeos y americanos, en los océanos Atlántico y Pacífico, pese a que son una pequeña parte de todo lo que hay por explorar, representan un enigma desvelado y a la vez un misterio por desvelar. ¿Quiénes eran aquellas gentes? ¿Por qué desaparecieron?

¿Los mitos, los símbolos y las ceremonias relativas a las poblacio nes de nuestro planeta —y las distintas religiones, a menudo caracterizadas por rasgos comunes— pueden aclararnos dónde se refugiaron los supervivientes del levantamiento de las aguas y qué papel tuvieron en el renacimiento de la cultura al final del periodo prehistórico?

Desde hace años estoy dedicado profesionalmente a la búsqueda de esta cultura madre. A través de HERA, miti, civiltà scomparse, misteri archeologici [HERA, mitos, civilizaciones desaparecidas, misterios arqueológicos], la revista que dirijo, tengo acceso a los últimos descubrimientos, que amplío con expediciones a todos los puntos del planeta. Desde esta posición privilegiada puedo afirmar sin temor a equivocarme que los indicios de esta cultura están en todas partes, expuestos en los museos, mal interpretados, o en sus almacenes, totalmente ignorados, pero capaces de desvelar secretos a quien busca un nuevo horizonte cultural, una visión más amplia de nuestro patrimonio histórico y de nuestros orígenes.

La obra que el lector se dispone a leer reúne los saberes que he atesorado, aborda las teorías sobre las causas que generaron aquella remota catástrofe hasta sus consecuencias. También analiza el mito de las tierras mitológicas en las distintas culturas y ofrece una amplia visión que llega hasta el misterio de los «portadores de conocimiento». Massimo Centini nos regala, en definitiva, una visión imperecedera de la Atlántida, en la que destaca la importancia de una cultura olvidada que, a pesar del tiempo transcurrido, todavía influye en nuestra trayectoria histórica.

Creo que a pesar de su historicidad, la Atlántida tiene un componente muy «trascendente»: la advertencia tan actual que Platón eternizó en sus escritos, lanzada como la botella de un náufrago a una humanidad que se ha olvidado de sí misma, de la naturaleza y de todo lo que ocurrió hace 12 milenios. Con el riesgo de que cuanto sucedió en aquel tiempo se repita.

Mitología de las catástrofes

Vista de las ruinas de Herculano (EM)

Las tradiciones que narran antiguas catástrofes, causantes de la devastación de continentes enteros, «países» y «reinos» felices, a menudo muy evolucionados, forman parte de la mitología de muchas culturas. Detrás de esta idea puede haber explicaciones de orden religioso, pero en la mayor parte de los casos se encuentran experiencias determinadas por la necesidad del hombre de descubrir sus propias raíces atávicas en un pasado indefinido en el plano histórico, parecido al de «érase una vez» de las fábulas.

Raíces profundas situadas en un tiempo en el que los hombres vivían en armonía con las divinidades y con sus similares, un tiempo del que luego, por alguna razón —siempre relacionada con una infracción grave por parte de los seres humanos—, aquellos mundos maravillosos y presididos por el equilibrio fueron barridos por la furia de los dioses.

De aquellos mundos ya no quedaría, al parecer, ningún indicio concreto, sino sólo el eco de las memorias de historiadores y escritores. Gracias a ellos han llegado hasta nuestros días los testimonios de la destrucción de continentes, pueblos o ciudades.

Dichos testimonios casi siempre carecen de la precisión propia de las crónicas, pero en cualquier caso son las únicas fuentes que permiten al hombre moderno al menos imaginar el esplendor y la extensión de lugares definitivamente perdidos. Los restos de mundos maravillosos y aparentemente perfectos, como la Atlántida, Mu y Lemuria, de hecho nunca han sido hallados; sin embargo, se han propuesto muchas hipótesis a partir de informacion limitadas, no siempre demostrables científicamente, que tienden a situar estos indicios en varios puntos del planeta.

Científicos y aventureros, arqueólogos y piratas han surcado los mares y han recorrido los lugares más inaccesibles en búsqueda de mundos que la mayor parte de los hombres considera inventados o perdidos para siempre, y armados con la sed de conocer, o con la esperanza de adueñarse de tesoros inmensos, han «descubierto» una y otra vez estos lugares desaparecidos.

Como veremos en los capítulos que siguen, sobre esta cuestión se han pronunciado también los médium, quienes a través de poderes paranormales han intentado dar una ubicación a los lugares que los más escépticos creen que son fruto exclusivo de la fantasía. ¿Es realmente así?

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