Comida y cocina

La buena cocina para la embarazadas

El siguiente texto es un extracto del libro La buena cocina para la embarazadas(ISBN: 9788431554484) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Anna Prandoni y Fabio Zago, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Alimentación y embarazo

Los antojos

Por tradición popular se ha ido transmitiendo de generación en generación la teoría de que las manchas cutáneas que a veces aparecen en la piel de los niños eran provocadas por la no satisfacción de los antojos, es decir, de los irrefrenables deseos alimentarios que suelen producirse durante el embarazo. En realidad, como ahora ya se reconoce mundialmente, los caprichos del paladar no guardan ninguna relación con estas leves anomalías de la piel, completamente benignas, que no deben suscitar ninguna preocupación. Los lunares oscuros, que nuestra fantasía ha atribuido a un deseo insatisfecho de café, se deben a una mayor concentración de melanina, mientras que los colorados, relacionados con deseos insaciables de vino o fresas, se deben en realidad a pequeñas malformaciones de las venas que corren por debajo dela piel.

Lo que sí es realmente cierto es que durante el embarazo los hábitos alimentarios experimentan algunos cambios y que, en ocasiones, algunas combinaciones insólitas de alimentos nos abren el apetito. También ocurre con frecuencia que, de repente, empezamos a desear determinados alimentos o bebidas que antes no nos apetecían o, al contrario, que platos que siempre habíamos considerado auténticas delicias no nos despiertan la misma fascinación.

El deseo o la intolerancia a ciertos alimentos pueden venir determinados por los cambios hormonales que influyen en los receptores del gusto: algunos investigadores afirman que el impulso irrefrenable de comer alimentos ricos en azúcar o muy salados responde a la necesidad de cubrir alguna carencia alimentaria.

Pero lo que realmente nos interesa es otro tema: ¿hay que dejarse llevar por los antojos? Si nuestro instinto nos lleva a tomar una decisión poco acertada, entonces será mejor que nos dejemos guiar por la razón, por lo que si la mujer embarazada ya padece cierto sobrepeso o su peso aumenta considerablemente durante el periodo de gestación, será mejor que se incline por alimentos agradables al paladar pero poco calóricos, como las verduras y la fruta fresca. Si no se presentan problemas de sobrepeso, la mujer puede mimarse tranquilamente y satisfacer sus caprichos dentro de los límites de una dieta equilibrada.

Los buenos hábitos alimentarios

Durante el embarazo la mujer debe asegurarse no sólo la energía necesaria para tener una buena salud, sino también los nutrientes esenciales para la formación de los nuevos tejidos del feto y de las reservas energéticas que se utilizarán durante la lactancia. Lo ideales seguir una dieta muy variada, sin prohibir a priori ningún alimento, tomar una cantidad adecuada de calorías y seleccionar alimentos de calidad.

Existen algunas reglas básicas que conviene seguir y que se adaptan a cualquier estado de salud, independientemente de las características físicas de la persona:

• controlar siempre la cantidad y la calidad de los alimentos que se ingieran;

• pesarse una vez por semana, recordando hacerlo por la mañana y en ayunas;

• repartir la alimentación diaria en pequeñas comidas en diversos momentos del día;

• evitar el ayuno y los grandes atracones a cualquier hora del día;

• comer lentamente para evitar la ingestión de aire que puede provocar sensación de hinchazón abdominal;

• evitar bebidas con gas y el agua que contenga anhídrido carbónico;

• reservar las comidas más calóricas para la mañana.

Los comportamientos que hay que evitar

Una vez superado el aforismo que afirma que la mujer embarazada debe comer por dos, la regla será que la gestante gestante coma el doble de bien. A continuación, citaremos algunos alimentos y bebidas que hay que evitar porque pueden ser perjudiciales para el niño o incluso para la madre.

• Evitar las bebidas alcohólicas; la ingestión de vino y cerveza sólo está permitida en cantidades moderadas, al igual que las bebidas estimulantes como el café, el té o el chocolate.

• Semáforo rojo también para los embutidos, la carne cruda o poco hecha, la carne de caza y los moluscos, especialmente si los análisis han confirmado la carencia de anticuerpos de la toxoplasmosis, infección que se transmite al feto.

• Evitar comer la piel de la fruta.

• Evitar las comidas grasas, muy condimentadas, fritas o picantes, así como los alimentos ácidos como el tomate, la naranja y el limón.

De todos modos, ante cualquier duda o en caso de alergias, intolerancias y problemas alimentarios siempre se deberá consultar con el ginecólogo.

Los principios nutritivos

Prótidos

Los prótidos, o proteínas, intervienen en la constitución y renovación de todos los tejidos corporales. Durante el embarazo, la necesidad proteica se estima en 80 g al día, una cantidad que sobretodo debe cubrirse en los primeros meses de gestación. Nuestro tipo de alimentación nos proporciona proteínas de tipo animal (también conocidas como nobles, que contienen todos los aminoácidos necesarios para desarrollarla función de construcción del organismo humano) y de tipo vegetal (conocidas como secundarias, que contienen sólo algunos aminoácidos destinados a la función plástica y que, por lo tanto, van combinadas con las animales).

La carne, los huevos, el pescado y los productos lácteos contienen los aminoácidos indispensables: cada uno de estos alimentos, además de proteínas, aporta otros elementos nutricionales.

Es conveniente que las mujeres que siguen una dieta vegetariana incorporen en sus comidas legumbres a base de cereales y que completen su alimentación con huevos y productos lácteos.

Lípidos

La función de los lípidos es fundamental porque el feto utiliza las grasas para el desarrollo del sistema nervioso. Sin embargo, es aconsejable limitar su consumo, ya que cuanto más rica en grasas sea nuestra alimentación, más lenta y difícil será la digestión.

Los lípidos se encuentran en el aceite, la mantequilla y la margarina, y también en la leche entera, la carne, la yema de huevo, las nueces, las almendras y las avellanas. Durante el embarazo es aconsejable evitar las grasas animales, la manteca de cerdo, la grasa de oca y las frituras en general: también es conveniente reducir el consumo de carne grasa, embutido y pasta de hojaldre.

Una buena opción es sustituir la carne por pescado.

Desde el punto de vista calórico, todos los aceites son equivalentes, lo único que cambia es el contenido de ácidos grasos: el aceite más indicado para el periodo de gestación es el aceite de oliva virgen extra.

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