Familia y relaciones,  Niños

Los sueños de los niños

El siguiente texto es un extracto del libro Los sueños de los niños(ISBN: 9781683250975). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Angelo Musso – Ornella Gadoni, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Los sueños de los niños 

Los sueños de los niños de edades comprendidas entre los tres y los nueve años son simples y fáciles de interpretar. La principal dificultad radica en la posibilidad de conocer el contenido del sueño. Lo que ocurre durante el sueño de nuestros hijos sólo nos lo pueden explicar ellos, y no se puede comprobar directamente.

Así pues, para saber qué han soñado tendremos que confiar en sus capacidades mnemónicas y de expresión verbal. Ahora bien, en la infancia, la fantasía y la imaginación se entremezclan fácilmente con la realidad, y entonces puede ocurrir que los sueños que un niño explique estén de algún modo relacionados con momentos fantasiosos vividos durante el día.

Para entender el mundo del niño hay que captar el significado del contenido de sus fantasías, sin que importe que sean atribuibles a la actividad onírica o a la vigilia. El juego adquiere valores importantes, porque también expresa las fantasías infantiles y puede proporcionar a los padres indicaciones útiles para estimular a sus hijos a contar los sueños. El psicoanálisis, la primera disciplina que reconoció la importancia de la interpretación de los sueños, con los niños interpreta el juego.

Ante los sueños de los niños no conviene adoptar un planteamiento escéptico o superficial. El niño debe darse cuenta de que lo que ha soñado no son tonterías carentes de sentido; es más, debe estar acompañado por el adulto en sus fantasías, entre los miedos de las pesadillas y el descubrimiento de los grandes sueños.

Cuando ha tenido una pesadilla, puede ser muy grave decirle que es «sólo un sueño»: quizás, en primera instancia, esto pueda tranquilizar, pero sin duda alguna resta sustancia y validez a la experiencia vivida.

Este libro introduce temas específicos para la comprensión delos sueños de los niños que permitirán actuar de la manera más apropiada. Concretamente se destaca el significado de los objetos y de los símbolos representados en los sueños, a través de los cuales se puede extraer información útil para mejorar la comprensión de los contenidos del mundo interior de quien sueña.

Puede ocurrir que algunas situaciones relacionales de la realidad cotidiana no sean bien entendidas, y los sueños, si se les presta la debida atención, son un instrumento que puede ayudarnos a entenderlas. Acostumbrarse a hablar de los sueños con los hijos y animarles a contarlos es una manera de favorecer un crecimiento sano y de enseñarles a obtener lo mejor de cada situación y contexto, tanto en familia, como en la relación con sus compañeros en el colegio.

Entenderlos sueños de los niños es una oportunidad importante de estar más cerca de las profundidades psíquicas y emotivas de sus procesos mentales y afectivos, que, de otro modo, estarían destinados a una relación de comunicación únicamente verbal y gestual.

La intención de los autores, padres de dos hijos y expertos en psicopedagogía y terapias psicológicas, es que este libro sea una guía para la comprensión de las relaciones afectivas que surgen delos sueños, fundamentales desde el punto de vista de la evolución.

Este libro ha de servir para que los padres sepan que disponen de un instrumento fácil para entender los deseos y los miedos de sus hijos durante el crecimiento, y, a la vez, para proporcionar a los niños un método para crecer siendo conscientes de sus sentimientos, lo cual les facilita una mayor predisposición para entenderse y sentirse realizados.

Enseñar a los hijos a contar los sueños, explicándoles que son una elaboración espontánea y fisiológica de la mente y del cerebro, abre la vía de una profunda complicidad, de unión y de participación en un proceso de crecimiento más completo.

Por un lado, los padres pueden intuir y entender mejor las dificultades y los conflictos que el niño experimenta en casa o en el colegio, y, por otro lado, los niños pueden recibir una ayuda adecuada y, al mismo tiempo, encontrar alivio a una situación opresiva con el mero hecho de contar el sueño, que se convierte en una manera de liberar el contenido emotivo que crea un malestar temporal.

Las tres partes del libro tienen el objetivo de sensibilizar a los padres para que no den respuestas que sirvan sólo para alejar malos pensamientos, lo que podría ser ineficaz o incluso perjudicial. En referencia a los sueños de los niños, conviene estimular la fantasía y la curiosidad: hay que invitarles a reflexionar sobre el sueño, a expresar lo que piensan al respecto, a explicar quiénes eran los personajes, en qué lugares transcurría el sueño y muchas más cosas, de modo que sea como construir una fábula personal que podría sacar a la luz muchos aspectos de la personalidad.

La primera parte del libro aborda los temas fundamentales dela fisiología del sueño y su manifestación neurológica y psicológica. Nunca nos cansaremos de insistir en la importancia de la formación de los padres en lo relativo a la investigación e interpretación del sueño.

La segunda parte se centra en el sueño de los niños, ilustrando las estrategias para favorecerlo y las alteraciones de las que puede ser objeto. El paso siguiente es la utilización de los sueños: la elaboración cognitiva, la representación psicodramática y el carácter terapéutico del cuento.

Para ello se exponen brevemente los aspectos terapéuticos, psicoanalíticos o cognitivos en los que el sueño se utiliza como guía de orientación para la curación emocional y psicológica del niño. Se tratan los sueños de los niños y los métodos de relación entre los procesos mentales que se manifiestan en su evolución, y cómo el juego, la fantasía y el sueño siguen líneas que se entrelazan para ayudar al niño a definirse a sí mismo y a definir el mundo externo a través del cual está en continua relación existencial.

La tercera y última parte es un diccionario para la interpretación de los símbolos de los sueños, fácil de consultar y punto de partida para iniciar el proceso de interpretación y terapia a través de los sueños.

Los misterios de dormir y soñar

Anatomía de los sueños

Los sueños han fascinado siempre a los hombres, que se interrogan sobre su significado. En la Antigüedad y en las culturas primitivas se les atribuía la capacidad de prever el futuro y de entrar en el mundo de la magia. Hoy en día sabemos que la actividad onírica contiene mensajes que no son menos importantes: los del inconsciente, demasiadas veces silenciado durante la vigilia por lo que llamamos racionalidad.

Actualmente sabemos que la actividad de los sueños es neurofisiológica y que estos desempeñan funciones importantes relativas a la formación y las modificaciones de las actividades psíquicas, comportamentales y relacionales.

Un poco de historia

Ya en el siglo IX a. de C., Homero diferenciaba dos grupos de sueños: un primer grupo de sueños sin importancia, y un segundo grupo de sueños que anunciaban la verdad.

Para Platón (428/427-347 a. de C.) los sueños eran la fuerza adivinatoria del alma. Digno de atención, desde un punto de vista simbólico de los aspectos del imaginario onírico, es el «mito de la caverna»:1 interpretando las imágenes en la pared de la caverna se puede aprender la importancia de los sueños, cuya función es enseñar a los hombres a ver el mundo de las ideas (quien sueña recibe su fuerza).

Platón fue el primero que afirmó que los sueños son las explicaciones de fuertes deseos pulsionales, lo cual es una anticipación milenaria del pensamiento freudiano («Sin el arrepentimiento, incluso las personas más religiosas podrían convertirse en sueños en criminales capaces de las acciones más vergonzosas, especialmente en el campo sexual» República, IX, 1).

Entender el significado verdadero de los enigmáticos símbolos oníricos fue el empeño de muchos autores de libros de sueños, el primero de los cuales fue Antífones, filósofo contemporáneo de Sócrates, nacido a finales del año 400 a. de C.

En cuanto a riqueza de contenido, todavía no ha sido superado El libro de los sueños, una magnífica obra griega de cinco volúmenes de Artemidoro de Daldi (200 d. de C.), que apoyó su tesis con ejemplos tomados de todos los aspectos de la vida—recopilados en sus numerosos viajes a través de Grecia y de Oriente Próximo— y afirmó que los sueños componen símbolos con densos significados.

Su trabajo principal fue sistematizarlos símbolos oníricos. Esta recopilación de datos, sueños e intentos de interpretación y clasificación ofrece un panorama realmente sorprendente, fascinante por el periodo histórico en el que vivió el autor, quien, entre otras cosas, exhortaba al lector a desconfiar de quienes por lucro y provecho interpretaban sueños. En este sentido, Artemidoro anticipó en 17 siglos el camino científico de Freud.

Las teorías del sueño indagan sobre las causas del sueño, sus formas particulares y su relación con las otras funciones psíquicas. En las culturas griega y hebraica, los sueños se consideraban mensajes de advertencia enviados por un dios, y por esta razón, una vez entendido su significado simbólico, podían ser utilizados para la predicción.

Durante el Imperio romano se difundieron libros sobre sueños que proponían sus interpretaciones. Los griegos, para vivir mejor y afrontar las adversidades dela vida, pedían ayuda a las divinidades —en particular a Hipnos y Oneiros, dioses del sueño (de soñar y de dormir, respectivamente)—por medio del rito adivinatorio de la incubación, heredado de la tradición romana.

El rito tenía por objetivo la curación de la enfermedad de pacientes sometidos a un determinado procedimiento mágico, religioso y terapéutico (los pacientes que entraban en el templo eran incubados, es decir, adormecidos, puesto que era una condición necesaria para entraren contacto con la divinidad curadora). El fin era que el dios mismo se apareciera, curara el mal o indicara la terapia.

Algunos templos dedicados a Esculapio, dios de la medicina, acogían a pacientes que llegaban en peregrinación para recibir el sueño terapéutico. Paralelamente, hoy en día se acude al sacerdote para una bendición o un exorcismo, al mago o al brujo —y, por qué no, al psicólogo— para liberarse de las angustias y delos conflictos de la personalidad.

En un sentido muy general, el sueño calificado de premonitorio o profético no existe. En cambio, sí existe la posibilidad, en estado de vigilia o de sueño, de percibir acontecimientos futuros y de traducirlos, codificándolos simbólicamente en la trama del sueño.

Durante el sueño, el tiempo ordinario parece revuelto, hasta el punto de que las imágenes oníricas se ordenan, se asocian analógica y libremente, y a menudo se funden unas con otras, con el resultado de una aparente confusión con respecto al significado del sueño mismo.

El trabajo de interpretar consiste en desembrollar las imágenes oníricas, colocándolas en una perspectiva adecuada y dando un sentido a lo que aparentemente no lo tiene, hasta descubrir el significado profundo del sueño, que la mayor parte de las veces está relacionado con experiencias afectivas.

Pero volvamos a la historia. En 1900, el vienés Sigmund Freud (1856-1939) publica La interpretación de los sueños, que trata sobre los fantasmas que pueblan nuestras noches. Para Freud los sueños constituyen la vía regia que conduce al conocimiento del inconsciente, ya que son la parte de la vida psíquica normal y neurótica que refleja sus contenidos y sus procesos de forma más clara.

El contenido manifiesto del sueño, es decir, la secuencia de imágenes que la persona que sueña percibe e intenta narrar, es una transformación sistemáticamente distorsionada del contenido latente, que consiste en aquellos impulsos, miedos, deseos e ideas que han provocado el sueño, como restos irresolutos de la actividad psíquica del día, y que están expresados por el sueño mismo.

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