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Decoración en hierro – Iron decoration

El siguiente texto es un extracto del libro Decoración en hierro(ISBN: 9781644611593) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Carlo Amedeo Reyneri di Lagnasco, publicado por de Vecchi /DVE ediciones

La materia prima

Verja de barras verticales y círculos con perfiles de sección cuadrada, enriquecida finamente
con estrellas de cuatro puntas fijadas mediante un pequeño rosetón.
La combinación de varios elementos da lugar a una armoniosa y hábil obra

El hierro que se utiliza en la forjase extrae de diversos minerales de óxido de hierro muy extendidos en la naturaleza. El proceso de obtención del hierro se realiza en los altos hornos y consiste en eliminar las escorias hasta obtener un elemento cuyas características permitan su elaboración en las aplicaciones a las que se destina. Los diversos procedimientos utilizados, tanto en pasado como en presente, se pueden dividir en:

— la eliminación del oxígeno de los compuestos de hierro por calentamiento a altas temperaturas;

— la exclusión de materias extrañas y de exceso de carbón con diferentes métodos metalúrgicos, que varían según las regiones y la naturaleza de los productos que se quieren obtener.

El hierro no se utiliza en estado puro, sino fundido con otros materiales como el carbono, el azufre, el fósforo y el silicio. Estas aleaciones son resistentes y maleables.

El hierro utilizado por los herreros hasta finales del siglo XVIII tenía un bajo contenido en carbono, un 0,04 %, por lo que se podía considerar casi puro. En consecuencia, era un metal altamente dúctil y maleable que permitía la elaboración manual incluso con grandes bloques de material.

Actualmente se usa un tipo de hierro que se denomina hierro dulce debido a su alto contenido de carbono, cuyos valores oscilan entre el 0,2 % y el 0,6 %. Los técnicos de la elaboración de este metal llaman aceros a todos los tipos de hierro trabajados en estado líquido; las aleaciones con un alto porcentaje de carbono son llamadas arrabios; los aficionados pueden usar una terminología muy difundida y a veces inexacta, que distingue entre objetos de hierro forjado, hierro colado y acero templado.

Los objetos de hierro forjado son de un color gris oscuro y conservan las señales de los golpes del martillo; el acero templado es de un gris más claro, es más resistente a la corrosión y se utiliza para la fabricación de objetos que deben estar a la intemperie; el hierro colado tiene un color gris oscuro.

A continuación describiremos los diferentes procesos tecnológicos por los que ha pasado este mineral a lo largo de los siglos, la influencia determinante de las modas y la manera en que ha llegado hasta nuestros días.

Historia del hierro forjado

El hierro puede ser trabajado en barras de diversas secciones. En esta verja
se ve el empleo de secciones redondas, cuadradas y curvadas. Los tres elementos
se unen mediante círculos con pequeñas cintas remachadas, volutas cerca de las puntas
y un elemento floral en el centro

La elaboración del hierro comienza alrededor del año 1400 a. de C., y da nombre a una época, la Edad del Hierro, durante la cual el hombre descubre la ductilidad de este metal y comienza a emplearlo en la elaboración de utensilios que le ayuden en la vida cotidiana. Puntas de lanza para la caza, herramientas para trabajar la tierra, hojas de cuchillo y punzones para la defensa y el ataque son los elementos de la producción de este periodo.

Las inscripciones asirio babilónicas señalan el uso frecuente del hierro entre1760 y 1185 a. de C.; los pueblos septentrionales de Mesopotamia enviaban regalos de hierro a la corte de Amenofis III, faraón de la XVIII dinastía(1415-1380 a. de C.).

En aquella época, los egipcios fueron los artífices de las primeras elaboraciones de técnica metalúrgica. Importaban el hierro, tanto en bruto como ya trabajado, de Asia, de Persia, de Chipre y de una localidad, aún sin identificar, llamada Bektot. El uso de este metal durante la época romana quedó documentado por el historiador Heródoto, que relata cómo forjaban el hierro griegos y romanos, tanto para fabricar utensilios de trabajo o armas de guerra como para realizar los primeros objetos de carácter artístico y decorativo. Sin embargo, en los grandes periodos históricos del arte en la Antigüedad el hierro no alcanzó tanto desarrollo como por ejemplo el bronce, aunque hay que tener en cuenta que las dificultades para hallarla materia prima frenaron su desarrollo, ya que la obtención del hierro no era fácil; se realizaba en hornos rudimentarios y alimentados por combustibles inadecuados, y antes de ser sometido a la elaboración debía pasar por duros tratamientos con fuego y mazos.

En cualquier caso, se puede encontrar un número considerable de armas con una decoración soldada en la antigua Roma, donde también se mantenía viva la experiencia de los etruscos. Sabemos, además, que el hierro era producido a escala comercial en los grandes centros romanos y es posible dar crédito a la hipótesis sobre la existencia de una corporación de herreros ya en la Roma republicana. Los restos encontrados en Pompeya han confirmado el refinamiento de los muebles de hierro a comienzos de la época imperial (siglo I d. de C.); entre ellos destacan los taburetes y las sillas de tijera, que se utilizaron desde la época bárbara hasta el siglo XVI.

Con la invasión de los bárbaros, que rompe el periodo de paz creado por el Imperio romano y determina su declive, la elaboración del hierro se orienta hacia un uso principalmente funcional por su capacidad protectora y su aplicación como barrera, ya que su simplicidad y rudeza cumple bien dicho objetivo.

En esta época, por tanto, realizan aplicaciones de hierro en la construcción, aparecen recias rejas en ventanas y portones, se colocan clavos y refuerzos en viviendas y palacios para aumentar la seguridad y las defensas contra los enemigos.

Robusta reja medieval que simboliza el deseo de seguridad
por el cual este tipo de manufacturas fueron creadas.
Palacio medieval en Arezzo

De esta manera, en este periodo se abandona el uso artístico del hierro.

Los descubrimientos de objetos de uso y decoración fabricados en hierro en las necrópolis bárbaras atestiguan, pese a las limitaciones que impone los efectos de la corrosión y la oxidación, la habilidad de estos pueblos en el arte de la forja, que trabajaron con un estilo y unas características propias.

Los longobardos fueron quienes introdujeron en Europa el método de tratamiento del hierro aprendido durante los años de guerra mercenaria al servicio del Imperio bizantino. Se trata de la ataujía, o sea, la técnica de insertar láminas de oro y plata sobre el hierro delas armas para decorarlas. Este tipo de embellecimiento se transformó en damasquinado, es decir, en la incrustación departes metálicas, generalmente plata y piedras preciosas, en las fibras superficiales del material, convirtiendo el hierro en un metal usado también como adorno y en la fabricación de joyas.

Tras la profunda crisis política y económica que supuso el cambio dela civilización romana a la medieval, se advierte una notable difusión delas manufacturas metálicas.

Hasta finales del primer milenio d. de C., los sistemas de extracción de metal eran rudimentarios, se seguían usando los mismos que en la época prerromana. En la Alta Edad Media, debido a la demanda de manufacturas, el oficio del herrero adquirió una gran especialización hasta llegar a la creación de corporaciones artesanales.

Por otra parte, se consiguió un decisivo aumento de calidad de la producción gracias a la construcción de hornos de fundición más amplios y, sobre todo, por el uso de la fuerza mecánica de los molinos de agua, utilizados en las fundiciones y las herrerías para accionar los fuelles. En España, como en el resto de países europeos, las artes industriales y, en especial, la elaboración del hierro estuvieron vinculadas durante mucho tiempo a las casas nobles y a las sedes religiosas. Hacia del siglo X, las herrerías producían: herrajes para puertas, cierres, rejillas, morillos, candelabros, herraduras para caballo, etc.

Las primeras obras notables en hierro forjado de los siglos XII y XIII están en el sur de Francia y en el norte de España, donde se explota el mineral rico en hierro de los Pirineos. Estas obras son los precedentes de la realización dela obra maestra del arte gótico en hierro: los hierros forjados de la catedral de Notre Damede París.

En este periodo, se refleja en Italia la influencia de esta obra, de estilo elegante y compleja ornamentación gótica. La búsqueda de refinamiento varía según las zonas de producción. La creación de obras inspiradas en temas decorativos franceses se mantiene durante mucho tiempo en el norte de Italia, Piamonte y el Valle de Aosta, donde la producción de elegantes muebles de uso sagrado y civil de estilo gótico, con el típico motivo del rosetón en espiral, continúa hasta el siglo XVI.

En estas regiones el uso del hierro forjado es continuo en los innumerables castillos que las poblaron durante toda la Edad Media. Son muy comunes las rejas de ventana simples con barras de hierro cuadrangulares y con orificios en relieve por un solo lado, por los que pasaban los travesaños perpendiculares, como podemos ver actualmente en el castillo medieval de Valentino en Turín, en una fiel reproducción de las rejas del siglo XV.

Reja del castillo medieval de Valentino, en Turín, fiel reproducción de las rejas del siglo XV

Tenemos numerosos ejemplos de rejas con nudos en los cruces delas barras que se remontan al siglo XIV, como las de los castillos de Fenis, Introd, Verrese Ivrea. Hay rejas del siglo siguiente, dobladas en los lados y fijadas frontalmente en la pared, en el castillo de Malgrà en Rivarolo Canavese y en el de La Tour dela Villa en Gressan, en el Valle de Aosta.

Además de las recias cadenas de los puentes levadizos, casi todas desaparecidas o reconstruidas en la época moderna, existían numerosos ganchos de ventilador, clavos de puerta remachados con chapas de hierro y, sobretodo, robustas compuertas de rejilla como la que se conserva en el castillo de Verzuolo en Saluzzo, en la provincia italiana de Cúneo.

Sin embargo, se han perdido prácticamente todos los faros, que dominaban las torres y a menudo los campanarios para emitir señales luminosas. La zona de Italia en la que la elaboración artística del hierro tuvo un enorme y precoz florecimiento es la Toscana, y en particular la provincia de Siena, donde los productos de uso cotidiano presentan una gran calidad a partir del siglo XII.

Entre las obras más importantes se encuentran las decoraciones para iglesias y palacios, los acabados de los portales y las rejas usadas como defensa.

En el siglo XIV se llega a la construcción de armoniosas estructuras realizadas en hierro forjado y calado, en las que domina el motivo básico de las verjas italianas que perdurará más allá del siglo XVI: el cuadril bulo. Este simple motivo, usado también en el resto de Europa (hay algunas verjas inglesas en el Victoria and Albert Museum de Londres), puede ser considerado un motivo italiano, debido a su enorme difusión y a la riqueza de variantes que se advierte en toda Italia.

Las verjas italianas de los siglos XIV y XV poseen estructuras cuadrangulares de extrema sobriedad, compuestas por barras largas, cuadradas o cilíndricas, dentro de las cuales se hallan los cuadril bulos, a menudo con nudos y flores de lis y elaborados de modos diferentes.

Suelen tener en la parte superior un friso continuo recortado y calado en la piedra, con motivos florales y heráldicos. Desde Toscana, el cuadril bulo se extendió a las otras regiones italianas en las verjas, las rejillas y los montantes de abanico que dominan portales y puertas.

Entre los ornamentos arquitectónicos de hierro se encuentran también las «piezas» empotradas en las fachadas de los palacios, como los portaestandartes, los soportes para antorchas, los farolillos para la iluminación, los anillos para atar caballos y las aldabas. Algunos de los portaestandartes más antiguos se encuentran en Siena, pero la ciudad que conserva las piezas más importantes es Florencia.

Un famoso complejo renacentista con adornos de hierro es el palacio Strozzi: en las aristas de la fachada se pueden ver los típicos farolillos cuadrados, soportes muy elaborados para estandartes y antorchas, y más abajo las argollas en las que se colgaban las armaduras.

Cuando desaparece el miedo a las posibles intrusiones en casa, el
hierro comienza a ofrecer un aspecto más agraciado y gentil, gracias
también a su gran maleabilidad en caliente. En la imagen, una rica
cornisa de verja con decoración de puntas y volutas

Las aldabas o llamadores, en especial las de portal, constituyen hasta el siglo XVII un elemento decorativo de variantes caprichosas. La estructura en forma de anillo colgante se transforma en ocasiones en una lira, trabajada a torsión, o aparece recargada con elegantes representaciones de animales.

A finales del siglo XVI, los aldabones se vuelven más recargados, su decoración es mucho más elaborada y el hierro es sustituido por el bronce. De las decoraciones arquitectónicas en el exterior de los edificios, el arte del hierro entra gradualmente al interior de las casas y revaloriza los objetos de uso común: llaves, hierros para la chimenea, morillos, trípodes para braseros o palanganas, hierros para la iluminación y candeleros.

Entre estas aplicaciones cabe destacar la elaboración de llaves: la técnica del empleo de la lima permite engranajes de doble vuelta y llaves más manejables. El agujero de la cerradura suele estar escondido tras elegantes placas que hasta finales del siglo XVI son normalmente de hierro fundido, embellecido con el damasquinado de metales preciosos.

Las llaves se decoran ricamente: en el mango, inicialmente se modelan rosetones góticos y ojivas; después sirenas, delfines, capiteles, armas e iniciales del propietario.

Continuando con la decoración en el interior de la casa, el hierro forjado se aplica en la realización delos braseros, a menudo con soporte en forma de trípode, para complementar el escaso calor producido por la chimenea.

La producción de estas piezas fue muy numerosa durante todo el siglo XVII, con detalles decorativos que variaban a medida que el gusto evolucionaba. En el siglo XVI también hubo una enorme producción de camas, joyeros, candelabros, argollas, portaestandartes y una infinidad de objetos de uso pequeños y grandes. Las obras maestras italianas en hierro fundido de este siglo son el árbol de granadas que emerge de una fuente y la lámpara de araña en forma de cornucopia colmada de racimos de uva y de otras frutas; ambas se encuentran en el castillo de Issogne.

Reja decorada con volutas unidas mediante pequeñas cintas
remachadas en caliente, cuya forma y función se funden en una
interesante obra fabril. El color típico del hierro bruñido armoniza
perfectamente con el verde de las plantas

En el Barroco, como en el Gótico, los elementos de decoración más notables e interesantes en el arte del hierro proceden de Francia. También en Italia se acentúa a finales de siglo el gusto por elementos decorativos más trabajados, que son posibles gracias a los avances en el proceso técnico y a la excepcional maleabilidad del metal.

Las grandes verjas de iglesias, palacios y mansiones, que recuerdan las grilles d’honneur(«rejas del honor») francesas, son el tema principal de la producción del siglo XVII y uno de los más extendidos durante el siglo posterior.

Los montantes de abanico, las balaustradas y los balcones se adaptan al nuevo gusto que, en cierto sentido, parece alejarse de la naturaleza ruda y robusta del hierro.

La producción artística de hierro alcanza, a menudo, resultados muy satisfactorios, interpretando los elementos decorativos barrocos con buen gusto regional y local. En Piamonte florece un rico artesanado sobretodo en Casale, en Novara, en el Valle de Sesia, en el Valle de Ossola y en la zona de Orta. De este último centro, el hierro «artístico» italiano se difunde por toda Europa gracias a la emigración y a la movilidad de habilidosos artesanos.

A finales del siglo XVII, los entramados son más elaborados ya parece el motivo de un jarrón central dorado con hojas y flores. El modelo más recurrente en las verjas barrocas está formado por una serie de barras verticales y una rica moldura inferior trabajada con motivos diversos, normalmente con vegetación de líneas estilizadas. La cornisa, a menudo realzada en forma de escudo, presenta rizos y volutas de una riqueza excepcional. Ejemplares muy similares a este modelo se pueden ver en distintas regiones italianas, lo que confirma el origen estilístico común de las decoraciones de este tipo. Durante los siglos XVII y XVIII, el hierro forjado se adapta perfectamente al Barroco; por otra parte, es uno de los materiales que mejor expresan el gusto por la ornamentación recargada, característica de este periodo. La producción de verjas, rejas y de otros elementos decorativos de carácter urbano en hierro forjado experimenta un gran aumento debido, en parte, a las grandes transformaciones urbanísticas. Solo o con bronce, sobre mármol o sobre piedra, el hierro se utiliza engrandes construcciones como material ornamental de iglesias, palacios, mansiones y monasterios. En las verjas, la parte decorativa es la que más se resalta; suelen aparecer aisladas en la entrada de parques y patios, o bien se convierten en elementos importantes de vastos complejos arquitectónicos como el Palacio de Versalles o el Palacete de Stupinigi.

En Alemania, estos trabajos se entraman y se reconstruyen con una inagotable riqueza de motivos y durante el siglo XVIII adquieren una suave ligereza y una linealidad fantástica, que a menudo recuerda la fina trama de un encaje. En Francia, las verjas conservan su sólida estructura vertical, al estilo Luis XIV, reservando una amplia gama de adornos para la cornisa.

Aunque Italia, en esta época, no puede competir con Francia o Alemania, las verjas mantienen una línea preferentemente clásica al estilo más puro, construidas de manera más racional y sin hacer tanto hincapié en la elaboración de detalles.

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