Deporte y salud

¡A cabalgar! Nuevo método de iniciación para jinetes debutantes – Let’s ride! New initiation method for beginner riders

El siguiente texto es un extracto del libro A cabalgar! Nuevo método de iniciación para jinetes debutantes (ISBN: 9781646999712) Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Erika Prockl, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Introducción

Tenía ya 25 años cuando decidí aprender a montar a caballo. Como estaba acostumbrada a hacer deporte, ni se me ocurrió que mi edad pudiera ser un inconveniente.

Qué equivocada estaba! Para empezar, el entonces muy extendido método Brüll me sacó de mis casillas por esa práctica tan extendida de enseñar dando gritos. No había llegado a sentirme cómoda sobre el caballo y estuve a punto de abandonar la equitación.

La mayoría de profesores han aprendido a montar siendo niños, o como máximo adolescentes, y, por consiguiente, jamás han sufrido ese muro invisible de inseguridad y miedo que al principio rodea a los alumnos adultos y que convierte a unas personas normales en torpes y miedosas, incapaces de entender las instrucciones. Cuando pedía aclaraciones y poder realizar ejercicios adicionales, lo único que recibía por parte del llamado experto en equitación era una muda sonrisa. Un adulto ya no puede aprender mediante la imitación, necesita explicaciones y realizar muchos ejercicios suplementarios a fin de liberarse de los malos hábitos posturales y volver a coordinar y equilibrar su cuerpo.

Este libro le ofrece la posibilidad de practicar cómodamente y en un entorno seguro los movimientos propios de la equitación sobre el balón terapéutico, el caballo de reemplazo, y la forma en que todos los adultos pueden aprender estos movimientos y hacerlos suyos. A partir de ese momento, dicho movimientos se podrán transformar en otros más coordinados y complejos, que se trasladarán en la práctica sobre el caballo.

El eterno agarrotamiento

Cuando el jinete sube al caballo por primera vez, está lejos de experimentar una sensación agradable; unos movimientos parecidos a un terremoto le hacen perder el equilibrio, todo su cuerpo se contrae y el profesor de equitación no deja de repetirle hasta la saciedad que se suelte de una vez y se relaje. Como es fácil suponer, al novato le gustaría poder hacerlo, pero su cuerpo no le responde. Apenas se sienta en la silla y todo empieza a moverse debajo de él, sufre una penosa transformación y se agarrota.

De forma inconsciente se contraen los músculos de la parte interior de los muslos, y también los de las pantorrillas, las rodillas, el trasero y las manos; cualquier cosa vale para sostenerse. Esto sucede involuntariamente porque no resulta fácil reprimir el instinto de supervivencia ni los reflejos.

Al paso, el principiante puede seguir más o menos las consignas del profesor, pero al trote y al galope se hace un lío monumental y todo le sale al revés. La profesionalidad obliga al instructor a ser amable; sin embargo, su entusiasmo por semejante alumno es muy limitado.

Los llamados <expertos> se dejan llevar con aparente facilidad por sus caballos. Los niños y los adolescentes ponen de manifiesto con provocación y buen humor lo fácil y agradable que puede llegar a ser montar a caballo. Se trata entonces de un talento natural?

En absoluto, y nuestro principiante tampoco es tan torpe como pueda parecer a primera vista. Lo único que ocurre es que, como se trata de un adulto, no cumple con una serie de requisitos básicos para montar a caballo:

• Un sentido del equilibrio suficientemente desarrollado.

• Un buen dominio corporal, sobre todo de los músculos y las articulaciones, poco ejercitados en la vida cotidiana, así como la facultad de poder utilizar con la misma agilidad las dos mitades del cuerpo.

• Despreocupación o valentía, como se le quiera llamar.

• Amor y comprensión de los animales, junto con una confianza casi ilimitada en el compañero, el caballo.

Los niños acostumbrados a hacer ejercicio físico son estupendos alumnos de equitación, cuentan todavía con todos los requisitos y, mediante la imitación, pueden aprender complicadas secuencias de movimientos como si de un juego se tratara. Sin embargo, dado que copian sin sentido crítico, puede pasar que imiten también las tonterías. Por ello sólo aprenden correctamente en la medida en que se les enseña bien. En cambio, los niños que están todo el día delante de la televisión y el ordenador, que pasan casi todo su tiempo libre sin moverse, son claramente patosos y, por consiguiente, también miedosos.

En los adolescentes, por desgracia, la buena forma física ya no es una garantía. En esta fase de la vida todavía se puede salvar una buena parte del sentido del equilibrio y así se suprime el factor inhibidor del miedo. No obstante, por lo general ya han ido dejando sus huellas la falta de ejercicio y las malas costumbres adquiridas en el tiempo de ocio. Los hábitos de la vida cotidiana suelen ser erróneos: dormir y gandulear están en boga. Por consiguiente, también resulta difícil lograr que se corrijan las posturas corporales, como sentarse rectos y mantenerse erguidos.

Un adulto ha olvidado en gran parte la forma de mantener el equilibrio. Asimismo, el dominio de su cuerpo se basa sólo en unos movimientos conocidos y repetidos una y otra vez. En la infancia, podemos aprender nuevas formas de movernos mediante la imitación. Con la llegada de la pubertad, perdemos esta capacidad y nos vemos obligados a encontrar nuevos movimientos basados en patrones conocidos que se han ido almacenando en el cerebro. Quien ha tenido una infancia <movida> podrá escoger posteriormente entre una gran variedad de formas de movimiento, pero quien, por el contrario, ha sido un niño y un adolescente sedentario tendrá dificultad de adulto para aprender cualquier deporte.

Por todo ello, a un adulto habría que enseñarle de una forma completamente distinta que a un niño o un adolescente. Como no puede aprender copiando como si jugara, debe reflexionar con tranquilidad sobre la secuencia de movimientos, a fin de tomar conciencia de cada detalle. Necesita explicaciones, muchos ejercicios de preparación que pueda practicar a su propio ritmo y tiempo suficiente para combinar las secuencias de movimientos.

Para la corrección de la postura son de gran ayuda las sesiones de trabajo a la cuerda, pero, por desgracia, suelen estar impartidas por profesores auxiliares voluntariosos pero poco cualificados, con lo cual a veces estas lecciones son más perjudiciales que provechosas.

Como ya dijo con buen tino Hotte, el padre de la equitación, en este arte saber mucho es sólo el principio para adquirir buenos conocimientos elementales.

A pesar de que la equitación sigue siendo un deporte selectivo, no debe esperar la atención exclusiva y devota de un buen profesor, aun menos si no puede pagar bastante por una hora de clase.

Si a pesar de todo insiste en alcanzar algún logro en este deporte, sólo tiene una posibilidad: el método hágalo-usted-mismo. Lea libros especializados, observe a jinetes buenos y, sobre todo y en primer lugar, póngase en forma físicamente.

Si pedimos a unos jóvenes de entre 14 y 19 años que se pongan a la pata coja, el 56 % escogerá la pierna izquierda. Cuando se les insta a cambiar de pierna, un 50 % de los jóvenes de 14 años titubea y un 75 % de los de 19 muestra ya una acentuada predilección por una pierna. Esto significa que la capacidad de mantener el equilibrio merma bastante deprisa con la edad, mientras que, por otro lado, aumenta la unilateralidad.

Es decir, sea usted diestro o zurdo, sabe perfectamente que es más hábil con una mano que con la otra, pero conoce también con qué pierna suele ser más torpe?

El secreto del jinete perfecto está en dominar la forma de sentarse. Y ello no se consigue hasta que no se puede mantener bien el equilibrio. Por consiguiente, hay que intentar reducir la superficie de apoyo mediante ejercicios diarios, y volver así a reanimar el adormilado sentido del equilibrio y al mismo tiempo practicar el control del cuerpo y la sincronización.

Cuando nos sentamos normalmente, solemos utilizar un asiento estable y cómodo, pero la cosa cambia sobre el caballo. Por muy cómoda que pueda parecer una silla de montar, sólo es apta como elemento relajante si sirve de taburete junto a una barra de bar. Sobre el caballo nos balanceamos ·y ello cuando este camina correctamente · con las nalgas sobre una parte del arqueado lomo del animal. Esto significa que contamos con una superficie de apoyo muy reducida, que, por añadidura, se está moviendo de forma turbulenta. Así pues, no hay más remedio que acostumbrarse a un asiento en movimiento.

Para empezar, compre un balón fisioterapéutico. Se trata de una versión algo mayor de la pelota de gimnasia. Estos balones hinchables se pueden adquirir en distintos tamaños en cualquier establecimiento de artículos ortopédicos. Por regla general, el tamaño ideal es de 75 cm de diámetro, pero si es usted muy alto, escoja uno de 85 y si es bajo, uno de 65. Este tipo de balón no cuesta más que dos horas de clases de equitación, y no se tarda en comprobar que la inversión vale la pena.

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