Cultura, espiritualismo y creencias

Mar Muerto – El descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto

El siguiente texto es un extracto del libro Los secretos de los manuscritos del Mar Muerto(ISBN: 9788431551704). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Dominique Lormier, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Nos hallamos ante una obra sorprendentemente seria y completa sobre uno de los temas más apasionantes de nuestro tiempo. El libro del profesor Dominique Lormier incide en un misterio científico que ha tenido la extraña cualidad de interesar a lo largo del siglo xx por igual a creyentes y no creyentes, a judíos y cristianos, y este interés no ha disminuido ni un ápice en el siglo xxi. Un misterio que va mucho más allá de una simple confirmación, por vía directa, de verdades conocidas o del descubrimiento de otras nuevas. Se ha dicho muchas veces que la ciencia no es tan importante por las preguntas que responde como por las que plantea, y esto se da con los famosos manuscritos de Qumrán.

La historia se rige por una cadena inextricable de casualidades. Hizo falta que se perdiera una cabra en un rincón de Palestina, que su pastor Mohammed edh-Dhib (que ya tiene un átomo de historia asegurado), buscándola, encontrara la entrada de una cueva oculta durante dos milenios, y que, al arrojar una piedra al interior para tantear su profundidad, diera en una de las tinajas que guardaban el tesoro arqueológico más sorprendente de los que se encontraron en el siglo xx. Los manuscritos de Qumrán acababan de ser descubiertos.

A partir de aquí, los descubrimientos y su puesta en contacto con el mundo culto se sucedieron vertiginosamente. Nuevas cuevas, nuevas tinajas repletas de rollos, viajes de ida y vuelta de estos a través del Atlántico, compras, cesiones y especulación no siempre afortunada. Pero, a través de todas estas incidencias, un trozo de pasado de excepcional importancia se proyectaba sobre nosotros. Los esenios dejaban de ser una secta casi desconocida, nombrada vagamente por Plinio el Viejo, para cobrar un innegable realismo y un sorprendente protagonismo a través de su obra, que llegaba a hermanarlos con la aparición del cristianismo.

Pero a esta fase relampagueante le sucedió otra mucho más lenta y reposada, que dura hasta la actualidad. Los manuscritos, en un estado de conservación muy deficiente, tienen que ser ensamblados como un gigantesco rompecabezas, y se han de suplir con imaginación los fragmentos que faltan, que son la mayoría del legado.

No hay duda de su autenticidad: las pruebas del carbono 14 testifican que son de una época entre el siglo I a. de C y el II d. de C.Pero, con todo, incluso este revolucionario y exacto método de fechado presenta un cierto grado de indeterminación, que ha hecho suponer que algunos de los escritos podrían remontarse incluso a la revuelta judía de Simón Bar Kokhba contra los romanos, en el año 135, de la que resultó el exilio definitivo del pueblo hebreo. ¿Estamos ante unas muestras de la evolución del judaísmo a lo largo de unos siglos críticos de su historia?

En la interpretación de los manuscritos se ha desplegado todo el arsenal de medios técnicos y de ingenio imaginables. El fechado mediante la prueba del carbono 14 es sólo el punto de partida: se ha llegado a grados de sofisticación tan sutiles como casar los distintos fragmentos del manuscrito mediante las huellas repetidas que sobre el rollo original había dejado un insecto que lo perforó. ¡Incluso, para eliminar todo riesgo de error, se ha garantizado la unicidad de este mediante la prueba del ADN! En fin, que toda la panoplia de modernas técnicas ha sido puesta al servicio de lo que sin duda es la investigación más importante de los siglos xx-xxi sobre los orígenes de nuestra actual cultura.

La tarea, por tanto, continúa y continuará durante muchos años. Ha llegado a decirse que esta lentitud obedecía a inconfesables propósitos, pero hay que desechar este pensamiento más propio de prensa amarilla: la increíble complejidad del rompecabezas es la única causa del régimen de cuentagotas con que se dan a conocer los resultados.

¿Y cuáles van siendo estos resultados hasta ahora? En realidad, la mayoría de los textos no son bíblicos, sino relativos a la organización de la secta, pero todos tienen para nosotros un interés inestimable. En particular, los religiosos deben ser cotejados con los más antiguos existentes… y con los no existentes, pues en los manuscritos aparecen novedades desconocidas. Algunas de las particularidades más sorprendentes vienen dadas por el hecho de que no figuran en las biblias actuales. Los textos contienen profecías desconocidas de Daniel, Jeremías y Ezequiel. También nuevos escritos de José, Judas y otros desconocidos en la Biblia actual, así como salmos ignorados del rey David. El Rollo de Isaías es casi idéntico al Libro de Isaías de la Biblia moderna, pero otros textos desvelan ligeras diferencias, como una versión del libro de Jeremías que se distingue por la extensión y el orden del relato. Numerosos salmos presentes en la Biblia son también diferentes, especialmente los 90 y 150, dispuestos en otro orden. Incluso algunos textos completamente nuevos han requerido nuevos autores, y son atribuidos a célebres personajes bíblicos, como Moisés y José.

Todo esto obliga a plantearse una pregunta: ¿es la Biblia canónica actual simplemente una entre mil posibles recopilaciones de textos, la mayoría ya perdidos, que un recopilador seleccionó un día y que por puro azar ha llegado hasta nosotros? ¿Descansa todo el judaísmo en uno de los mil posibles caminos, como la piedra que dio en latinaja?

Más aún: los manuscritos contienen una serie de nuevos textos veterotestamentarios, cuyo destino se nos ofrece problemático. ¿En qué medida deben ser desechados como ausentes del canon oficial? Tradicionalmente, la exégesis bíblica ha optado por el camino más fácil: desechar los nuevos descubrimientos, considerándolos variantes «apócrifas». Pero la enormidad y la fuerte trabazón de los manuscritos entre sí y con los conservados hasta hoy plantean una severa inquietud ante este cómodo recurso, pues los fragmentos encontrados corrigen posibles errores de copistas en la Biblia tradicional (por ejemplo, cuando se fija la altura de Goliat en dos metros y no en los tres —¡o los seis!— registrados en los libros bíblicos). Y en otras ocasiones, completa y da sentido a fragmentos incompletos de determinados episodios, consiguiendo que se puedan entender.

El lector atento no dejará de maravillarse y hacerse preguntas, objetivo sin duda perseguido por el profesor Lormier. Pero este va todavía mucho más allá. A partir de los textos investiga las convergencias entre la mística cristiana y la judía, ¡incluso algunos aspectos discutidos del cristianismo cobran nueva luz! Uno de ellos, por ejemplo, de enorme trascendencia: por primera vez se halla una prueba arqueológica de la existencia real de Jesucristo. Un famoso pasaje de Flavio Josefo, en el que se hablaba del Mesías, había sido siempre objeto de una fuerte crítica, atribuyéndolo a una interpolación de los copistas cristianos posteriores. Sin embargo, un fragmento hallado en Qumrán reproduce el texto completo: a partir de ahora no hay duda sobre la existencia real del fundador del cristianismo, e incluso esta religión cobra un alcance histórico del que hasta ahora carecía.

He aquí una obra que ningún interesado en nuestras propias raíces debería desconocer. Su lectura debe ser recomendada a todo el mundo. Quizás a través de las preguntas que plantea surgirán nuevos puntos de vista sobre nosotros mismos.

Introducción

El descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto es considerado uno de los acontecimientos arqueológicos más importantes del siglo xx. Se trata de unos documentos que pueden aportar nuevos datos sobre el judaísmo y los primeros tiempos del cristianismo. Desde que fueron descubiertos en 1947 todos los especialistas más prestigiosos han querido estudiarlos a fondo, y no han dejado de suscitar numerosos debates e investigaciones. Estos misteriosos textos continúan siendo hoy día objeto de controversias porque todavía quedan en el aire numerosas preguntas.

Contrariamente a lo que a veces se ha afirmado, los manuscritos del Mar Muerto no son en absoluto los textos religiosos más antiguos que se conservan. Los expertos están de acuerdo en que fueron redactados entre los años 250 a. de C. y 70 d. de C., mientras que los de las pirámides de Egipto se remontan a unos 2650 años antes de Cristo. Sin embargo, los del Mar Muerto son los más importantes descubiertos hasta ahora, porque ese periodo coincide con el tiempo en que vivió Jesucristo (4 a. de C.-33 d. de C.). Se trata, por tanto, de textos que tienen un inmenso valor tanto para el cristianismo como para el judaísmo.

Estos documentos fueron los más protegidos del mundo desde su descubrimiento hasta que, en 1991, fueron puestos en su totalidad a disposición de los investigadores y del gran público. Desde entonces han sido expuestos en muchas grandes ciudades de diferentes países y siempre han suscitado un interés creciente en todo el mundo. A ellos se han dedicado numerosos libros, artículos y reportajes de televisión.

Una de las cuestiones más importantes para los arqueólogos bíblicos, así como para todos los amantes de la historia religiosa, es saber hasta qué punto estos documentos pueden confirmar o modificar todo lo que hasta hoy día sabemos de la Biblia. De hecho, cuando la noticia de su descubrimiento se hizo pública, se produjo una notable preocupación por lo que su contenido podía revelar. ¿Iban a quedar cuestionadas las afirmaciones de la Biblia y del judaísmo, así como algunos dogmas del cristianismo, o por el contrario confirmarían lo que ya sabemos del judeocristianismo? El proceso de recomposición y traducción de los textos descubiertos, ya próximo a su finalización, permite hacerse una idea exacta de su contenido.

«Uno de los descubrimientos más sorprendentes con relación a los manuscritos del Mar Muerto —escribe John DeSalvo— fue la constatación de que incluían textos hasta ahora inéditos sobre personajes bíblicos conocidos, como Noé, Abraham y Henoch. Esto nos ha permitido descubrir relatos que no figuran en nuestra Biblia, cuyo autor sería Moisés, e incluso profecías de las que jamás habíamos oído hablar. Uno de los apartados más fascinantes de los manuscritos del Mar Muerto trata de asuntos como el fi n de los tiempos o el anticristo. Resulta verdaderamente interesante comparar esta narración con la procedente del Libro de la Revelación».

1Apartados completos de estos manuscritos tratan acerca de la adivinación, la astrología y los ángeles. Según los especialistas, los manuscritos del Mar Muerto incluían originalmente, antes de que se deterioraran, destruyeran o perdieran, más de ochocientos textos completos. Los investigadores no han podido recuperar más que una pequeña parte de los rollos completos de los manuscritos; en general, sólo fragmentos parciales. A pesar de ello, decenas de miles de ellos se han podido recuperar y recomponer gracias a un considerable trabajo de restauración.

Uno de los descubrimientos más apasionantes ha sido constatar la existencia de convergencias y similitudes entre las creencias de los autores de estos textos y el cristianismo naciente, y especialmente la idea de la llegada de un mesías, el rito del bautismo y la visión apocalíptica del fi n del mundo. Hoy día, siguen manteniéndose diferentes polémicas a propósito de esta cuestión.

Algunos autores cristianos rechazan cualquier conclusión apresurada y demuestran las notables diferencias que existen entre algunos de estos textos y la doctrina oficial de la Iglesia.

No debe olvidarse que cualquier texto puede haber sido redactado más tarde de la fecha en que comenzó a transmitirse oralmente degeneración en generación. La mayor parte de los especialistas en la Biblia estiman que la tradición oral de los Evangelios (relatos dedicados a la vida de Jesús) comenzó después de la muerte de Cristo (entorno al año 30 d. de C.) y sólo fue objeto de una primera redacción entre los años 70 y 90 d. de C.. El fragmento más antiguo descubierto del Nuevo Testamento data del año 125 d. de C. Los manuscritos del Mar Muerto fueron redactados, al menos una pequeña parte, en vida de Jesús.

Los arqueólogos y los historiadores están en condiciones de determinarla fecha en que fueron redactados algunos textos, gracias a las nuevas técnicas científicas de datación, como por ejemplo el carbono 14. Como ya hemos dicho anteriormente, los textos de las pirámides de Egipto son los escritos religiosos o sagrados más antiguos conocidos hoy día. Se trata de textos que fueron grabados en la piedra delas paredes interiores de las cámaras de diferentes pirámides, así como en las sepulturas y los sarcófagos de Saqarah (la primera pirámide). Los egiptólogos consideran que fueron escritos en tiempos del Imperio antiguo, entre los años 2650 y 2175 a. de C. aproximadamente. Son textos con fórmulas e instrucciones orientadas a conducir al difunto en su viaje hacia el más allá. También contienen fórmulas mágicas.

Los Vedas, textos redactados en sánscrito, son los más antiguos dela religión hinduista hallados en la India. Están divididos en mantras, conjuros, rituales y otras enseñanzas espirituales. Existen cuatro Vedas, de los que el más antiguo, el Rigveda, fue compuesto en torno a los años 1500-1300 a. de C.

El Enuma Elish, relato mesopotámico acerca de la creación, escrito en acadio sobre siete tablillas de arcilla descubiertas en 1849 en la biblioteca de Asurbanipal en Nínive, es anterior al relato del Génesis del Antiguo Testamento. El origen de las tablillas se remonta a un periodo situado ente los años 1800 y 1100 a. de C. El Enuma Elish explica que la existencia del hombre estaba dedicada al servicio delos dioses, de los que el principal era Marduk.

El Antiguo Testamento, también conocido con el nombre de Escrituras hebreas, data de entre los siglos xii y ii a. de C. Escrito en hebreo, y algunos pasajes en arameo, fue redactado por numerosos autores. Las copias más antiguas parece que se remontarían a la Edad Media, como el manuscrito del Código de Alepo, datado en el año 950 d. de C. Los manuscritos del Mar Muerto se adelantan a estas copias medievales en unos mil años.

El origen del Bhagavad-gita, texto sagrado de la India, se remonta al año 300 a. de C. Se trata principalmente de un diálogo entre el soldado Arjuna y el dios Krishna. El texto habla también del yoga, vía espiritual que permite alcanzar el despertar, un estado de paz interior más allá del sufrimiento. Existen principalmente tres tipos de yoga: el yoga de la devoción (bhakti yoga), el yoga de la acción adecuada (karma yoga) y el yoga del conocimiento (jnana yoga). Se trata de tres yogas complementarios que permiten a quien los practica liberarse del ciclo nacimiento-muerte (reencarnación) y alcanzarla consciencia divina del Nirvana.

La redacción del Nuevo Testamento, texto sagrado de los cristianos, se remonta aproximadamente a los años 70-90 d. de C. La mayor parte del texto fue redactada en griego antiguo. El fragmento más antiguo de este texto está escrito en un papiro que se ha datado entre los años 125 y 150 d. de C. Fue descubierto en Egipto en torno a 1920 y hoy día está depositado en la biblioteca John Rylands de Manchester, en Gran Bretaña.

Son muchos los que confunden los manuscritos del Mar Muerto con los textos de Nag Hamadi, descubiertos en 1945 en el desierto, cerca de la población egipcia del mismo nombre. Están formados por doce códigos redactados en copto sobre papiro, que se conservaron en un jarrón sellado durante más de mil quinientos años antes de ser descubiertos por un campesino de la zona. El conjunto reúne cincuenta y dos tratados, cuyo origen se remonta al siglo iii de nuestra era. Algunos de estos textos fueron redactados en torno a los años 100-200 d. de C. El Evangelio de Tomás es el más conocido de todos. Estos manuscritos permiten arrojar luz sobre numerosos aspectos del cristianismo místico de los primeros tiempos.

«El corpus de los Evangelios —nos dice el teólogo Jean-Yves Leloup—se enriqueció, después del descubrimiento de los manuscritos de Nag Hamadi, con numerosos textos muy interesantes atribuidos a Tomás, Felipe e incluso Pedro. Entre ellos, el Evangelio de María es el único atribuido a una mujer; escrito hacia el año 150, es un testimonio precioso de aquel cristianismo primitivo. Miriam de Magdala, aquella María Magdalena que fue el primer testigo de la Resurrección, transmitió en él las enseñanzas secretas que había recibido en una visión. La canonizada pecadora de los Evangelios se muestra entonces como la amiga íntima de Jesús, la detentadora de una palabra ocultada incluso a los apóstoles…

»El Evangelio de Felipe es un texto gnóstico del siglo II d. de C. que debió servir de catecismo para los iniciados. Se considera un testimonio original sobre la vida y la enseñanza de Cristo. Atribuido a uno de los discípulos más próximos a Jesús, permite descubrir una fi gura quizá más humana, muy libre en sus propósitos y en sus actitudes frente a los hombres y las mujeres de su entorno. El personaje de María Magdalena, “compañera” del Maestro, toma una importancia especial y pone el acento en el matrimonio iniciático entre lo masculino y lo femenino, imagen del retorno a la Unidad original.

»El Evangelio de Tomás, igualmente descubierto en 1945 en Nag Hamadi, es sin duda el más célebre de los evangelios apócrifos, y también el más singular, dado que nos explica la vida y los milagros de Jesús, nos acerca el mensaje de su enseñanza en ciento catorce logia o aforismos. Algunos son comunes con los Evangelios canónicos, pero la mayor parte arrojan nueva luz sobre la fi gura de Cristo, que aparece como un maestro espiritual con acento gnóstico, cuya voz llama a la meditación tanto como a la acción».

La gnosis, procedente de la misma palabra griega que significa «conocimiento» o «sabiduría», descansa en un conocimiento de tipo intuitivo más allá de los conceptos y de los análisis externos. Se trata de una experiencia interior profunda, un proceso continuo de revelación del espíritu que busca unirse a Dios o al Infinito, más allá dela realidad relativa de los conceptos y los análisis. Durante los primeros siglos del cristianismo, un gran número de grupos diferentes se presentaban como gnósticos que consideraban esenciales la revelación y la experiencia individual. Dado que daban un papel importante a lo femenino, el conflicto con el pensamiento machista de la época resultaba inevitable. La práctica de la oración de quietud o del silencio propia de la tradición mística cristiana, reconocida por la Iglesia, se emparentó con esta vía espiritual mística y se aproximó a la meditación budista, a algunas formas espirituales contemplativas del yoga de la India, al judaísmo y al sufismo.

Con frecuencia se produce una confusión entre gnosis y gnosticismo, movimiento sectario de comienzos de la era cristiana. Esta confusión procede de los delirantes escritos de diferentes sectas integristas católicas. La gnosis ortodoxa supone un camino espiritual de purificación, una consagración a la búsqueda de la Verdad interior. Es la sabiduría perenne de los místicos de todas las grandes tradiciones espirituales, como el intendente San Clemente de Alejandría o Juan Casiano. Esta gnosis es vista como la continuación de las enseñanzas de los apóstoles; algunas cuestiones se remontan al judaísmo y a otras tradiciones. La humildad y la paz interior son la base para progresar. El amor, la compasión, la alegría altruista, la sabiduría y la serenidad son sus frutos. El gnosticismo es en sí mismo un «conocimiento» intelectual esotérico, reservado a los iniciados que se sitúan a sí mismos por encima del vulgo y viven en clanes cerrados. El conocimiento de estos «secretos» basta para salvarse, al margen de toda exigencia moral. Ello provoca en los sectarios un orgullo desmesurado, y una aproximación a menudo dualista y maniquea al mundo, una confusión que, en definitiva, arroja descrédito sobre la gnosis ortodoxa, que es una auténtica mística espiritual.

El Corán, principal texto religioso de los musulmanes, fue escrito en árabe en el siglo vii d. de C. Es considerado la palabra de Alá (Dios) revelada al profeta Mahoma por el arcángel Gabriel. El Corán se articula en ciento catorce capítulos.

Fue varios siglos después de la muerte de Mahoma cuando un califa decidió reunir todos los fragmentos del texto, a fi n de disponer de ellos en un único libro.

Los siete manuscritos de seda de Mawangdui, descubiertos en los años setenta del siglo pasado en tres tumbas que datan del siglo ii a. de C., cerca de la ciudad de Changsha, en la provincia china de Hunan, son los textos médicos más antiguos encontrados hasta la actualidad en ese país.

En 1992, en la gruta de Dunhuang, en la China central, al oeste de Xian, se descubrieron cuatrocientas noventa y dos cavidades que contenían más de cincuenta mil manuscritos budistas que databan de los siglos iv al xii.

Si volvemos a los manuscritos del Mar Muerto, vemos que sedaban todos los elementos para hacer de Qumrán un fenómeno arqueológico excepcional: «Un descubrimiento rocambolesco en la Palestina atormentada de la posguerra —escriben Jean-Baptiste Humbert y Estelle Villeneuve—, un tesoro de textos referidos a las fuentes del judaísmo y del cristianismo, de repercusión científica, política y mediática, y también la sombra de aquellos piadosos esenios a menudo resurgidos de los textos antiguos en el sorprendente entorno del Mar Muerto».

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