Deporte y salud,  Desarrollo personal

La salud mediante el buen humor

El siguiente texto es un extracto del libro La salud mediante el buen humor(ISBN: 9781683251231). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Gill-Éric Leininger-Molinier, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Trate de ser feliz sea cual sea su estado y
alégrese sólo de la dicha que le rodea
.
SHIVANANDA

Siempre he obtenido enormes beneficios de los encuentros que,en ciertos momentos de mi vida, en periodos más o menos largos,he tenido con quienes han sido mis maestros, mis inspiradores,mis consejeros o mis guías, y que me han permitido avanzar según un modelo que se podría calificar de socrático. Ya sea por sus competencias, su espíritu, su sentido de la pedagogía, su aspecto humano o su simplicidad, todos los que, en un momento u otro, he encontrado geniales hasta el punto de integrarlos en un método que se muestra original a la vez que eficaz y que se acerca al máximo a un sistema adaptado, humanista y completo,toda esa gente que he apreciado, tenía un punto en común: a ninguno le gustaba la melancolía, ni tampoco la fomentaba. Todos eran optimistas, y con el tiempo he comprendido lo que ya sabía desde hacía mucho, que, en nuestro papel de hombre y de mujer, esta dimensión de felicidad es indispensable para el fenómeno de la vida.

El buen humor entró en mi cultura personal y en los años ochenta inicié mis primeras indagaciones sobre el tema, lo que me ha llevado a recopilar muchas informaciones cuyo rastro se refleja en este libro. Fue también en ese momento cuando propuse los primeros seminarios sobre temas que iban en este mismo sentido: directamente sobre El buen humor en 1982 en Gers, o a partir de las Propuestas sobre la felicidad en 1983 en la región de Toulouse. En cualquier caso, el buen humor ha ocupado siempre un lugar en todas mis manifestaciones, sin excluir nunca la seriedad, que no es su opuesto como muchos erróneamente creen.

Dicho esto, y con la evolución de mi vida que sigue el curso del tiempo concedido, esta obra corresponde a un momento de interrogación sobre la vida y la muerte, si bien es un tema que me interesa desde mucho antes. En efecto, psicólogo clínico, me consagro a las prácticas del cuerpo y del espíritu, y desconozco cualquier restricción relacionada con inútiles tabúes para dar prioridad a una relación respetuosa con mis pacientes. En 1992 ejerzo como psicólogo al servicio de la hospitalización a domicilio(HAD) del centro hospitalario universitario de Toulouse, cuidando enfermos terminales, lo que podría hacer pensar que hubiese un cambio radical respecto al buen humor. Pero no se equivoquen, no hay antinomia, pues siempre he acompañado a la vida, y mi trabajo al lado de los enfermos que visitaba era exaltar siempre las fuerzas de la vida. Estar a la cabecera de los pacientes me ha confirmado la necesidad de unir profesionalidad y calor humano, y en más de una ocasión, en el curso de las sesiones,el buen humor, la sonrisa y la risa son los invitados de honor. Está presente también en mis actividades como consultor, en la animación de grupos de charla, o en las sesiones de técnicas de búsqueda de empleo.

Este escrito se sitúa pues en la pura continuación de mi tendencia natural y mi creciente interés por los sistemas de la salud: antiguamente la medicina, la filosofía y la psicología iban unidas;la especialización de nuestros días ha debilitado estas materias,que han aprendido a ignorarse entre sí y a considerar al individuo,no como tal (es decir, indivisible), sino como un ser parcelado y compuesto por distintos elementos sueltos. Von Uexküll evoca esta decadencia comparable al aumento de nitidez de la imagen en un microscopio que reduce el campo de observación,lo que hace que exista el riesgo de ignorar los elementos circundantes y perder de vista las relaciones de conjunto. Ese saber parcelado, como lo llama Édouard Zarifian, a partir de la reflexión de Edgar Morin, impide el saber universal, pues es ese gran todo lo que guarda el sentido. Sacha Guitry, consciente de la existencia de médicos que curaban el corazón, otros que trataban los dientes, e incluso otros para el hígado, se preguntaba: ¿Y quién cuida del enfermo?

«Ello» hace referencia a todos los componentes del ser humano;de ahí que el lector encuentre aquí una gran variedad de elementos relacionados con todos los componentes del ser. El punto de vista global, del cual soy ferviente defensor, corre el riesgo de no ser tomado en serio, pues en la actualidad parece que sólo vale la opinión del especialista. Existe pues una especie de desconfianza hacia los avances holísticos y la mezcla cuerpomente que el paciente tradicional no llega a encontrar. Comprenderán pues que la introducción del buen humor en cualquier tratamiento tampoco se tome en serio. Una lástima. Pero quizá la especialización del tercer milenio sea precisamente considerar al individuo de forma integral, y la generalización irá entonces hasta una visión ecológica cuyo centro será el hombre y su respeto en relación con el planeta, pues este amplio movimiento permite comprender que todo es interdependiente y que cada uno es una parte de un conjunto mucho más grande del cual es una simple parcela, pero una parcela indispensable.Tal comprensión conduce al respeto hacia uno mismo, hacia los demás y hacia los cinco elementos —la tierra, el agua, el fuego,el aire y el espacio— que componen nuestro espacio vital y todo lo que en él vive.

Un alma sana en un cuerpo sano, el equilibrio del cuerpo y el espíritu, y el rechazo a ver la vida compartimentada están ahí para recordarme que mi triple función como consultor, como terapeuta y maestro de yoga con diplomas de varias corrientes y colaborador en la formación de futuros maestros, y como psicoterapeuta que ha elegido las vías del cuerpo, el espíritu y la creatividad, me invita a centrar mi actuación profesional en el conjunto cuerpo-espíritu. Apasionado de la comprensión y la filosofía,de la tradición y de lo «concreto», de conceptos teóricos y experiencias prácticas, estoy convencido de que el buen humor tiene una acción beneficiosa para la salud. Se puede decir pues que la idea de base de este libro es un postulado en el ámbito actual de la clásica pero incompleta psicosomática.

Es cierto, tengo una fe enorme en la vida.

Pero tratar del buen humor no es fácil. Aunque trate con la pluma (o más bien debería decir con el teclado) de expresar algunos de los rasgos de este fenómeno, que con frecuencia y regularidad les deseo a mis lectores, el rigor de la lingüística los paraliza y se enfrenta a la libertad etérea de un tema como este,lo que ya había observado Henri Bergson, que creía que esta cuestión seguía siendo un impertinente desafío para muchos pensadores,pues siempre se oculta bajo el esfuerzo, se escurre, se escapa y se endereza. En cuanto a tratar su influencia en la salud, se convierte en una idea apasionante pero poco extendida, pues son pocos los estudios realmente especializados en este ámbito,incluso aunque la mayoría de los mortales esté convencida de que el buen humor tiene mucho que ver con su salud potencial.

Existen numerosas obras cuya temática gira alrededor de lo quea nosotros nos parece evidente: por un lado, que el bien moral es fundamental para cada ser humano, y, por otro, que hay diversos elementos que nos impiden realizarlo. Estos van desde los medios,con sus numerosas y variadas noticias sobre catástrofes internacionales,hasta las condiciones socio-económico-profesionales, pasando por el mundo laboral de empresas cuyo ambiente, lejos de favorecer una producción eficaz, se estanca en una melancolía y mal humor, ciertamente agresivo, que no hace más que propiciarlos trastornos psicosomáticos, el absentismo y el malestar social.

El método utilizado es simple. Me adentré en un verdadero trabajo de recopilación y estudio transversal. A partir de una primera memoria realizada en 1997, la obra tomó la forma y la envergadura de una tesis a la que se le prescribió una cura adaptativa para lograr un contenido más accesible y menos voluminoso. Era necesario aportar informaciones sólidas, «oficiales», a un tema del que suelen hacerse muchas afirmaciones sin fundamento,lo que crea prejuicios y desconfianzas justamente cuando es indispensable no tener más que certezas fundamentadas. La exactitud en la redacción era indispensable para la comprensión. Creo pues que el lector no me culpará por haber sido preciso y riguroso, lo que es una metodología deliberadamente elegida. Este libro va dirigido, por tanto, a quienes buscan modos concretos para llevar mejor un mundo a menudo difícil, a los que están convencidos de que la actitud en la vida tiene una gran influencia en la salud holística del ser.

A lo largo de estas páginas encontrará tres influencias indispensables: primero la del filósofo Émile Chartier, más conocido con el nombre de Alain, profesor, pedagogo y filósofo francés que nació en 1868 y murió en 1951, y que fue célebre por sus propuestas de formas cortas y fácilmente accesibles para el lector,con un estilo del todo particular, claro, simpático, con imágenes, agudo y concreto. La segunda es la del psicoanalista Georg Groddeck, que fue uno de los pocos que, sin pertenecer a la escuela de Viena, obtuvo el reconocimiento de Sigmund Freud. Su trayectoria es esencial: tras recibir una buena formación con el médico personal de Bismarck, pronto pudo seguir el camino de Schweninger y ocuparse, no sólo del cuerpo, sino también del espíritu y utilizar la plenitud del individuo. A raíz de su actividad al cuidado de enfermos corporales crónicos,Groddeck dice en La Maladie, l’Art et le Symbole (La enfermedad,el arte y el símbolo) haber estado obligado al tratamiento físico y después al tratamiento psicoanalítico.

Tanto Alain como Groddeck son de principios del siglo XX. La tercera influencia es la de un autor poco conocido, Louis-Antoine Caraccioli, que escribió su obra antes de la revolución francesa y que, según la enciclopedia Nouveau Larousse de principios del siglo XX, muchas de sus obras han sido olvidadas. Hay que indagar en el Larousse del siglo XIX para saber que nació en París en 1721 y que murió en 1803. De espíritu brillante y miembro de la congregación del Oratorio, apreciaba las bellas artes y viajó a Alemania, Polonia e Italia, donde conoció y entabló amistad con Benedicto XIV y Clemente XIII. Tiene en su haber numerosos escritos impregnados de una filosofía amable y tolerante, y su obra principal, De la gaieté (Sobre la alegría), pertenece a ese tipo de libros que uno encuentra en un momento de su existencia y lo trastornan. Decididamente era un hombre avanzado a su tiempo.

El lector verá también que he mantenido en cursiva algunas frases y citas «in extenso», sin transformación ni interpretación por mi parte, aunque podría reprocharme haberlas extraído de un texto sin proporcionar el contexto general. Pero dudo que tenga esta crítica, pues se dará cuenta de que los fragmentos elegidos tienen un sentido muy preciso y de que no hay error posible. Todos invitan, o aún diría más, todos incitan a mejorar el buen humor y a cultivarlo con cuidado. Mi deseo es compartir con el lector el placer de esas magníficas frases, agudas, emotivas y concluyentes, a las que no hay nada que añadir o de las que no hay nada que eliminar. Espero que no me reproche haber decidido por él, haber mantenido esa integridad textual que no hace más que añadir la fuerza del pensamiento oriental al placer y a la riqueza intelectual y espiritual.

Hay otro elemento que requiere un poco de precisión. Esta obra trata del buen humor, pero no hay que entenderlo como algo ligero o risueño: escudriñar el buen humor es el mejor modo de matarlo. Algunos pensadores ya lo señalaron hace tiempo. Viendo que la alegría no tiene, en sí, nada de malo, olvidando la actitud de algunos cascarrabias moralizadores que siempre consideran al revés las manifestaciones de alegría y olvidan que todo lo que se hace con alegría es bueno (Alain), el lector podrá pensar que esta obra es una apología del buen humor, y es lo mejor.

De hecho, me posiciono a favor de la novelista Janine Boissard cuando escribe que la felicidad va acompañada de valores como el respeto, el honor, la estima, la fe o el coraje, y que todas las generaciones nacientes, sin excepción, necesitan modelos que motiven,ya que si no, malgastan sus energías en la desestructuración y la destrucción. Emite además una segunda advertencia que hace ya mucho tiempo que he adoptado: la de no seguir las pequeñas pautas del pensamiento único, las doctrinas del desencanto que nos empujan a pensar que los valores —algunos presentados en esta obra— no existen, no se llevan o simplemente no tienen validez. Se equivocan, ciertamente, pues están completamente en concordancia con nuestro mundo actual por proporcionarnos a cada uno la manera de participar en su construcción.

Muchos lectores de la primera redacción de esta obra me han aportado sus opiniones y experiencias. De forma intencionada ha sido reescrito y concebido para todos los públicos, y todo lo que el lector lea merecerá ser meditado y profundizado para obtener el sentido más directo y concreto que posee.

Finalmente, este no es un libro para leer una vez, sino para releer,en orden o en desorden, de forma parcial o completa, eso no importa. No es un libro para leer uno solo, sino para compartir y hacer que se comparta. Que el buen humor se extienda y se haga con el espíritu, que la felicidad esté en los corazones,porque le dará más energía, más fuerza y más tranquilidad. Mi deseo no ha variado, pues sigue queriendo que el lector encuentre en estas páginas la comprensión de su estado de ánimo y que sepa que la mala cara no es indispensable, que nadie la desea y que por fin todos podemos ganar mucho si elegimos conservar nuestro buen humor.

Ya sea profesional o terapeuta, especialista o no en las ciencias humanas, que sufra o tenga buena salud, que su vida sea feliz o difícil, sólo quiero que esta páginas le permitan sacar provecho de sus capacidades en el equilibrio soma-psique y en la existencia,para usted mismo y para su entorno.

Y también que le aporten alegría, fuerza, confianza y serenidad.

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