Cultura, espiritualismo y creencias

El libro del mal de ojo y de los hechizos

El siguiente texto es un extracto del libro El libro del mal de ojo y de los hechizos(ISBN: 9781683251613). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Equipo de expertos Osiris, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

El esoterismo y su práctica siempre han existido en todas las sociedades y culturas por distintos motivos y, de hecho, constituyen la base moral, ética y cultural de muchas de ellas, sobre todo de las llamadas «subdesarrolladas», es decir, de las tribus que suelen ser objeto de estudio de los antropólogos. Un ejemplo de la creencia en tales prácticas son las ilustraciones halladas en la mayoría de los monumentos prehistóricos; en ellos, se puede ver cómo el encantamiento es la defensa que utiliza el hombre para protegerse de aquello que consideraba fuera de su alcance material, es decir, del cuerpo.

El cuerpo constituye una de las dos partes del dualismo humano; la segunda es el espíritu. Entre el cuerpo y el espíritu se halla algo intermedio que es lo que los domina, la sustancia pensante, es decir la mente. Esta mente se ve conducida por algo superior a ella y al hombre en sí que es el alma.

El alma es la dueña de la mente y lleva en ella la parte más de- terminante de la vida de cualquier persona: los sentimientos. Y cuando hablamos de sentimientos, hablamos también de valores, de moral, de ética de comportamiento, de voluntad.

El odio y el amor, la amistad y la hostilidad, la sinceridad y la mentira, todo está inmerso en esta sustancia indefinida y desconocida que es el alma. Por lo tanto, las almas que son tantas como hombres, como personas existen, son las que proyectan unos sentimientos u otros, las que rigen las relaciones interhumanas, las que deciden quién sí y quién no, a quién hay que querer y a quién no, a quién hay que desearle mala suerte y a quién hay que rechazar por completo. Los hechizos y el mal de ojo no son más que una señal más de este hecho que ha movido a los seres humanos desde siempre.

Tanto el mal de ojo como los hechizos existen, aunque se quiera identificar desconocimiento e inexistencia. El mal de ojo es, quizá, mucho más accesible y común, puesto que es algo que se hace casi todos los días. Cualquier deseo de mal hacia alguien, los celos, el egoísmo, la envidia, son males de ojo. El pensamiento es una realidad, no empírica, pero realidad al fin y al cabo.

Así pues, si odiamos, seremos odiados, si sentimos celos, sentirán celos hacia nosotros, si amamos, seremos amados. Por lo tanto, el mal de ojo es una realidad en la medida que proporciona lo que se da. Dicho de otra forma, si hoy deseamos que un vecino nuestro pierda el autobús durante todo el día, no será de extrañar que mañana nuestro vecino desee lo mismo para nosotros.

La energía humana existe y se proyecta. El mal de ojo es una forma de proyección de esa energía, por lo que si odiamos a alguien, ese alguien se dará cuenta porque proyectaremos ese odio continuamente. Y en esta medida, el lenguaje juega un papel fundamental. Cualquier fórmula agresiva puede provocar una respuesta del mismo tipo, por ejemplo, si al conocer a la novia de un hermano nuestro decimos «Hermano, esta chica aparte de ser fea, es la persona más estúpida e ignorante que he conocido», estamos proyectando un sentimiento negativo hacia esa chica y hacia la relación que nuestro hermano tiene con ella, a pesar de que tal frase en muchos contextos pueda provocar lo contrario, es decir, que nuestro hermano conozca mejor a la persona que tiene a su lado.

El hechizo es más sutil que el mal de ojo porque no es producto del inconsciente o de un arrebato. Es algo mucho más pensado, es algo a lo que se recurre para encontrar una fórmula de mal. Si el mal de ojo es un acto involuntario, el hechizo no lo es. Forma parte de una maquinación, de la mentalización de algún individuo para dañar a alguien; en este sentido, los hechizos son más perversos que el mal de ojo.

El universo está regido por dos fuerzas antagónicas, el bien y el mal, que proporcionan un equilibrio antagónico a las fuerzas ocultas, a esas fuerzas desconocidas por nosotros pero en cambio existentes. Todas las culturas tienen un concepto de bien y de mal, algún tipo de varemo a partir del cual formulan los juicios necesarios para determinar qué acciones son las que se pueden calificar de buenas y cuáles son las que se pueden calificar de malas. De todas formas, el absoluto, es decir, el concepto universal de bien y de mal no lo tiene ningún hombre, sino sólo el sabio.

El bien hace posible que se distinga el mal y el mal hace posible que se distinga el bien, de forma que, entre ellos, son complementarios, puesto que el uno no sería posible sin el otro ni al revés. Entre los dos, consiguen que exista un movimiento. Si no existieran los dos no habría movimiento con lo que no se podría llegar a la perfección que es el bien; desde este punto de vista, la pasividad es peor que el mal.

Este libro intenta ser una explicación a los dos términos ya nombrados, mal de ojo y hechizos, identificándolos con el bien y el mal, a la par que introducirá un análisis del problema que supone el estudio de esta materia. Aunque en los últimos tres siglos la ciencia ha vencido a la creencia, hoy hay un resurgimiento de estas creencias y una nueva tendencia hacia ellas: la puesta en marcha de una verdadera investigación científica de las mismas.

Conceptos fundamentales

Diferencias entre el mal de ojo y la hechicería

Como ya hemos dicho en la introducción, el mal de ojo y el hechizo son cosas distintas, si bien las dos son envíos de energía negativa hacia alguien. El mal de ojo es energía negativa enviada involuntariamente (es esencial en el mal de ojo tener en cuenta que es completamente involuntario), sobre personas o cualquier tipo de ser vivo, por parte de alguien que alimenta sentimientos malévolos hacia los mismos.

El hechizo es una acción totalmente voluntaria (la voluntad, existente en el hechizo, es el principal rasgo que lo distingue del mal de ojo). Si se habla de hechizos se habla de un encantamiento de magia baja, de brujería y sus objetivos son muy definidos. Se trata de un móvil mágico y pensado que por medio de un ritual pone en marcha fuerzas altamente negativas El que opera con este tipo de energías recibe todo aquello que maquina. El hechizo es negativo, es malo, sea cual sea el fin, sea amoroso u homicida.

En cuanto al hechicero, hay que decir que no todo el mundo puede serlo. El hechicero posee un tipo de conocimiento especial, un conocimiento orientado hacia el mal, por supuesto, pero superior al fin y al cabo. Los que se quieran adentrar en la parapsicología llegarán a ser buenos adivinos o videntes, pero no podrán utilizar más medios externos que las cartas, el péndulo o la esfera de cristal.

Los brujos son compadecidos y ayudados por pensamientos de amor. Estas personas creen haber alcanzado el conocimiento y, en cambio, son las primeras víctimas de sus encantamientos. Se venden ellos mismos por dinero, el que sonsacan a personas que por ignorancia piden los hechizos, pensando resolver de este modo sus problemas. Con este comportamiento, perjudican también a las personas que han ordenado el rito, y alimentan las fuerzas negativas que, subyugando a los hombres necios, combaten las fuerzas del bien.

Por ello, hay que tener en cuenta que, aunque las dos materias están dentro de la llamada parapsicología, hay que distinguir entre hechizos, videncia, tarot o poder mental. La hechicería está orientada hacia el mal, el resto simplemente se valen de fuerzas desconocidas pero no perjudiciales.

Los hechizos de amor son los más conocidos y, por su nombre, se tendría que pensar que son los únicos que se salvan de ese carácter negativo de los hechizos en general. Hay que tener en cuenta que un hechizo actúa directamente sobre otra persona, en beneficio del egocentrismo de otra, y la víctima no elige, mejor dicho, no se defiende porque no sabe lo que le está pasando.

Así pues, aunque de amor, los hechizos de este tipo también están regidos por el mal, por lo tanto, también son negativos. A pesar de que nombrarlos no porporciona ninguna información práctica a los lectores (quiero decir, con ello, que no se va a enseñar ninguna brujería), merece la pena explicar algunos de ellos para averiguar qué tipo de pensamiento hay bajo tales hechizos.

Los elementos utilizados para tales hechizos están cargados de mensajes sexuales; la sangre menstrual es básica para conseguir el amor de un hombre, y en el caso de querer obtener el amor de una mujer el esperma será la materia prima para el hechizo. También servirán los pelos o el sudor.

El lazo es el símbolo más típico y tópico del amor. Un ejemplo de ello es el hechizo que consiste en enrollar tres cabellos, uniéndolos con tres gotas de sangre sacadas del dedo anular izquierdo, el dedo del matrimonio, el de la «verdad». Todo ello se coloca en una botellita, y se mantiene entre los senos durante nueve días y nueve noches; después, se le da al hombre amado un medallón o colgante.

En los hechizos de amor, la principal finalidad del encantamiento se basa en el envío, en el plano físico, de sustancias, símbolos, imágenes que, por correspondencia vibratoria, crean una resonancia en el plano anímico.

En los atados se utiliza preferentemente la imagen del corazón. Quien quiere atar a otra persona dibuja dos corazones superpuestos, uno de ellos dirigido hacia arriba (el masculino), y el otro vuelto hacia abajo (el femenino). En los hechizos de amor son muy utilizados los lazos.

Las cuerdas a unir son dos: una representa al hombre y otra a la mujer. El nudo se estrecha, de un modo oculto, en presencia de la pareja. Se actúa con otra técnica durante siete días consecutivos: cada día se hace un nudo, pensando de este modo enlazar a la persona amada. Es mejor iniciar el encantamiento en viernes, el día dedicado a Venus, y por tanto al amor, y utilizar un lazo de color rojo, el color de la pasión.

Otros encantamientos se basan en la atracción, pues del mismo modo que el imán atrae al hierro, puede atraer a la persona amada. La tradición popular aconseja a quien busca el amor que lleve encima un imán, o bien que construya un verdadero atado, haciendo incidir sobre dos imanes los nombres de la pareja, y uniéndolos en viernes. De este modo, también se unen simbólicamente los corazones.

En los ligados de amor se utilizan asimismo las fotografías. Se ponen en un sobre las de las dos personas que forman la pareja, vueltas una hacia otra, y se une alguna parte de sus cuerpos, como por ejemplo los cabellos. Se coloca el sobre en un lugar oscuro, y cada noche deben enviarse pensamientos de amor hacia la persona que se desea atar.

Otro importante ingrediente de los atados de amor lo constituyen las hierbas, que la mayoría de las veces son suministradas en los alimentos.

Por último nos queda la denominada atadura del huevo. Se toma un huevo fecundado; en la parte terminada en punta se escribe el nombre del hombre, y sobre la parte más redonda el de la mujer. Después, se tiene en la mano izquierda (la del corazón) hasta que alcance la temperatura corpórea.

Al mismo tiempo se envían intensos pensamientos de amor hacia la pareja. Después, se coloca el huevo en el propio dormitorio, en un lugar oscuro, y en el ángulo dirigido hacia la casa del amado. En esta ligazón el huevo representa el acto fecundante (pues es una célula), que cataliza los pensamientos de amor proyectándolos hacia la pareja.

Vistos los hechizos de amor, vayamos a ver de qué manera se puede frenar un hechizo o, mejor dicho, hacer que el hechizo no llegue a su fin, es decir, a someter a la víctima. Los que no quieran enamorarse de alguien que les está hechizando, tomen nota de este apartado. El efecto que origina un estado de hechicería en el atacante, provocado por la víctima, recibe el nombre de contrahechizo.

Hay tres tipos de contrahechizo: el efecto boomerang, el contrahechizo de disgregación y el contrahechizo de absorción. El primero es involuntario (parecido al mal de ojo) y se caracteriza por el hecho de que el atacante recibe todo aquello que había planeado para la víctima, automáticamente; en este contrahechizo la víctima no recibe ningún mal. El segundo no es tan simple.

Exige la dirección de un buen mago, que no hechicero, porque se trata de enviar una energía opuesta al atacante, de forma que es necesario saber «qué cantidad de energía negativa ha sido enviada», a la par que hay que lograr que el método que se emplee para el contrahechizo sea meramente de defensa y no de «contraataque».

El último de ellos es el que se caracteriza por el uso de cristales y piedras preciosas que son unos muy buenos absorbentes de la energía negativa; más adelante, cuando hablemos de la protección hacia los hechizos explicaremos de qué se trata.

La limpieza de los utensilios utilizados para los hechizos recibe el nombre de neutralización. En ocasiones, los hechizos son realizados con posesiones de las víctimas, por lo que estas deben liberarlas de la energía negativa que hay impregnada en ellas.

Los objetos utilizados para el hechizo reciben el nombre de frutos que con la neutralización vuelven aun estado normal. El profano en la materia, para llevar a cabo la neutralización, deberá mojarse las manos en agua salada y untarse las yemas de los dedos con cera blanca antes de tocar cualquiera de los frutos; después deberá envolver todos los frutos en papel negro. El experto tendrá suficiente con un talismán protector.

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