Desarrollo personal

Sexo y sentimientos – (Versión mujer)-Dr. Sylvain Mimoun – Rica Étienne

El siguiente texto es un extracto del libro Sexo y sentimientos (Versión mujer)(ISBN: 9781683251545). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Dr. Sylvain Mimoun – Rica Étienne publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

El amor, el amor, el amor… No hay nada más natural y más complicado. Los desengaños amorosos y los malentendidos en la cama responden a menudo a la simple ignorancia de nuestro propio funcionamiento o del funcionamiento del otro. Este libro pretende traducir el sentimiento de las mujeres y hacerlo llegar al corazón de los hombres, así como recoger el de los hombres y llevarlo al corazón de las mujeres. Se interesa por la sexualidad en todos sus aspectos (fisiológicos, relacionales, psicológicos), porque la mente influye en el cuerpo y a la inversa. .¿Cómo descubrir el placer otener más? .¿Existen realmente cuatropuntos G? .¿Se puede querer a un hombre y aborrecer el sexo con él? .¿Los hombres realmente sólo piensan en eso? .¿Cómo saber si un comportamiento es normal o pervertido? .Tiene una enfermedad de transmisión sexual. ¿Ha sidoinfiel? .Frigidez, dolor durante el acto sexual… ¿Qué hacer? .¿La contracepción influye en la libido? .¿Qué hacer en caso de accidente con el preservativoo de olvido de la píldora? .¿Por qué los hombres que me gustan no están nunca por mí? El Dr. Sylvain Mimoun, ginecólogo y andrólogo, es presidente de la sociedad francesa de ginecología psicosomática. Rica Étienne, periodista especializada en salud, psicología y sociedad, colabora en diversas revistas femeninas.

La noche americana

En Estados Unidos, no se juega con el amor y todavía menos con el sexo. Como prueba de ello se encuentra la lista increíble, insólita y a veces surrealista de lo que prohíbe la ley en algunos Estados. Por fortuna, estas leyes sólo se aplican excepcionalmente, salvo cuando los infractores mantienen relaciones en lugares públicos o con menores.

               Desde 1999, está prohibido vender consoladores y otros juguetes sexuales en Alabama. El vendedor se expone a un año de trabajos forzados y a diez mil dólares de multa. En Georgia es peor: vender o utilizar objetos sexuales es ilegal.

Las leyes antisodomía se observan en varios Estados, como Pensilvania, y no sólo contra los homosexuales o los que negocian con animales…

La felación también está castigada. Si una pareja mantiene relaciones orales en la intimidad, está infringiendo las leyes de Maryland y de Pensilvania, salvo si están casados. En Louisiana o en el Estado de Washington esta excepción desaparece, porque incluso estando casados está penado. En Virginia, una mujer puede negarse a masturbar a su marido y a hacerle una felación, dado que se considera «delito».

La fornicación tampoco es totalmente legal en Florida, Minnesota o Georgia, ya que, en principio, implica mantener relaciones sexuales con una persona casada, aunque puede aplicarse a las parejas de hecho.

La zoofilia es ilegal en la mayoría de los Estados, y resulta divertido comprobar que en esta práctica se incluye el sexo con aves, peces y animales de caza.

En Estados Unidos, el amor ha perdido su aire festivo. Algunas revistas aconsejan a sus lectores hacer firmar un consentimiento a las chicas que conozcan una noche, por si al día siguiente a estas se les ocurriera denunciarlos por violación. Algunas universidades preconizan el «contrato sexual», donde se explicita lo que ambas partes admiten como juegos amorosos. Los profesores reciben a sus alumnos dejando la puerta abierta, por si a algún estudiante contrariado se le ocurriera denunciarlos por acoso sexual. Cuando las extranjeras que llegan a un campus americano todavía no han dado diez pasos, ya les han dado una lista completa con las asociaciones a las que deben dirigirse en caso de acoso o violación. Incluso la mirada levanta sospechas. Los hombres no se atreven a mirar con insistencia a una mujer, porque pueden verse sometidos al oprobio general, incluso a la denuncia judicial. En Europa, las prácticas marginales o extrañas no están bajo el peso de la ley salvo en condiciones particulares (exhibiciones públicas, obligación, etc.).feminismo radical americano no es ajeno a esta «judicialización» de la sexualidad. Como explica la filósofa Élisabeth Badinter en Fausse route (Mal camino), un mordaz y valiente análisis de la evolución del feminismo y de las relaciones entre hombres y mujeres: «[Según las feministas americanas radicales] las mujeres son una clase oprimida, y la sexualidad es la raíz de esta opresión. La dominación masculina se basa en su poder para tratar a las mujeres como objetos sexuales. Este poder, que se remonta hasta el origen de la especie, probablemente se inició con la violación. […] El veredicto resulta inapelable: se debe obligar a los hombres a cambiar su sexualidad. Y para ello, se deben modificar las leyes y recurrir a los tribunales».

Afortunadamente, no todas las feministas son tan extremistas, no todas preconizan la separación de ambos sexos o la transformación del hombre y de su sexualidad. La mayoría, al contrario, defiende el acercamiento y una mejor convivencia, siempre y cuando los hombres acepten compartir sus privilegios y participar de manera equitativa en las tareas del hogar. Es evidente que queda mucho por hacer.

Siempre se dice que Europa lleva diez años de retraso con respecto a Estados Unidos. Así pues, ¿cabe la posibilidad de que las relaciones amorosas se degranden hasta ese punto? ¿Sería posible que hombres y mujeres se perdieran por el camino? Podemos partir del hecho de que las feministas han hecho mucho por las mujeres, y que muchos de los reajustes eran esenciales, justos y equitativos. Pero, por una vez, pongámonos en la piel de los hombres y adoptemos su punto de vista (en la versión destinada a los hombres, también nos pondremos en la piel de las mujeres para explicar y defender el punto de vista femenino). Algunas nuevas leyes europeas o experiencias locales son para preocuparlos: la ampliación del delito de violación o de acoso sexual (con la obligación para los hombres de demostrar que no son culpables), la penalización de los clientes de la prostitución, etc. En sólo dos generaciones, han visto cómo su imperio se derrumbaba en el ámbito social e íntimo, hasta el punto de que algunos temen convertirse en «hombres objeto» (una pesadilla…). De hecho, en el amor también se han puesto en peligro todos los equilibrios. Con la doble arma de la contracepción y de la interrupción voluntaria del embarazo, las mujeres han adquirido el derecho de decidir sobre su maternidad. Y, gracias al trabajo y su independencia económica, han podido plantearse el divorcio o la separación. Aparte de esto, sus enormes exigencias han generado una gran ansiedad en su alter ego masculino. Ahora demandan un hombre fuerte, pero no demasiado «macho»; un hombre tierno, pero que no sea un pelele; un hombre que las haga reír, pero sin exceso; un seductor, pero que no las ponga celosas; un hombre que las respete y que las excite; que les dé seguridad, pero que las sorprenda. En pocas palabras, quieren seguridad y sentimiento, confianza y reciprocidad, con una buena dosis de humor y sensibilidad; es decir, la cuadratura del círculo. Y otras reclaman incluso el derecho a la estabilidad –con un marido al que quieran– y a la pasión –con un amante elegido por ellas; en suma, una vida como la de los hombres. Todavía son pocas, pero ¿quién dice que en la próxima generación no los habrán alcanzado? Todo ello quizá explica la reacción vengativa de algunos machos heridos en su amor propio. ¿Quieren igualdad? Pues la tendrán. Que empujen el carrito de la compra solas, que se abran la puerta ellas mismas, que se las apañen sin hombres, ya que incluso pretenden tener hijos solas (mediante inseminación) y se compran sex toys (juguetes sexuales) sin complejos ni remordimientos. Esta avalancha de cambios, comprendida, admitida, y considerada normal por ellos, los hace temblar y con razón. En este torbellino, los hombres se sienten desconcertados, un poco atrapados, casi perdidos. Sobre todo, son conscientes de algo que los perturba: se han convertido en el «eslabón débil» de la cadena. ¿Por qué? Porque siguen funcionando como siempre, a base de amor y admiración. Necesitan que las mujeres los hagan sentirse seguros y los pongan en un pedestal. Al menos, cuando llevaban el salario a casa y mantenían a la tribu, tenían la ilusión de ser héroes. Cuando las separaban de sus familias para casarse con ellas, eran príncipes azules. Pero ahora, ¿qué lugar ocupan? ¿Qué papel juegan que la mujer no desempeñe también? Cada cual debe encontrar los puntos fuertes de su sexo. La diferencia constituye el motor del deseo y su abolición amenaza la libido e incluso el amor. Élisabeth Badinter cita en su libro este ejemplo caricaturesco pero verídico: en el entorno alternativo de Berlín o en Suecia, algunas feministas enseñan a los niños a orinar sentados en el inodoro para que no lo ensucien todo: hacerlo de pie se considera vulgar y provocador. Esta práctica no es nada divertida, pues algunos hombres la consideran una amenaza de aniquilación. Una más…

Las propias feministas no quieren seguir siendo considerados como el sospechoso número uno, ni como criminales en potencia. Les gustaría poder expresar lo que sienten, siempre y cuando respeten a su compañera. Si muestran su admiración ante una mujer con la que se cruzan, no significa que sean patanes ni pervertidos. Si declaran su deseo o sus ganas de hacer el amor, no significa que sean animales libidinosos. Si tienen erecciones, es su naturaleza, y son incontrolables. Si las mujeres no se conciencian de esta realidad, los hombres corren el riesgo de ir allí donde nadie quería llegar: hacia una sexualidad higienista (por la pulsión) con profesionales o hacia aventuras de un día y una sexualidad conyugal muy limitada. Las propias feministas americanas, al tener hijos varones, se plantearon la cuestión del lugar que les debían dejar, de la educación que debían transmitirles.5 Mientras tenían delante a sus compañeros, por no llamarles adversarios, luchaban por la igualdad paso a paso; pero, al llegar los hijos varones, la afectividad entra en escena y también la idea de equidad. Niñas y niños deben recibir una educación específica, según su naturaleza y necesidades. Esto significa que no todos requieren la misma educación unisex y sería una injusticia no darse cuenta de la riqueza de ambos extremos. Ver solamente una representación, un solo perfil, constituiría un empobrecimiento del mundo y representaría la negación de la diversidad y de la riqueza de cada cual.

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