Desarrollo personal

Escucha con el corazón

El siguiente texto es un extracto del libro Escucha con el corazón(ISBN: 9788431552886). Conocerlo, entenderlo, interpretarlo y ayudarlo, escrito por Carla Curina Cucchi y Maurizio Grassi, publicado por de Vecchi /DVE ediciones.

Escucha con el corazón

Escucha con el corazón

Hemos evitado intencionadamente dar a este manual un aspecto homogéneo. Hemos mezclado, sin falsos temores y pudores, teorías dela programación neurolingüística con experiencias fruto del análisis transaccional y descubrimientos de la gramática generativa de Noam Chomsky.

Hemos utilizado estilos diversos para ayudar a orientarse a los lectores, con «mapas del mundo» subjetivos, entre las distintas técnicas de una comunicación que sea vencedora en un mundo complejo y siempre en movimiento. Esto deriva también del conocimiento de que es bastante fácil prescribir normas de comportamiento y de comunicación, pero es difícil entender a las personas: para alcanzar este objetivo es lícito, por lo tanto, usar todas las teorías o modelos disponibles.

Un estilo descriptivo guiará al lector para asimilar los conceptos, a menudo alejados de nuestra forma de pensar, de la programación neurolingüística, mientras los capítulos importantes sobre la escucha (sin la cual no puede existir la comunicación triunfadora) siguen el modelo racional de las escuelas de organización empresarial del otro lado del océano y el espíritu emotivo del mediterráneo. Hemos evitado seguir un paradigma anafectivo (sin emociones) puesto que la comunicación se alimenta con el mar (nostros) de los afectos y de los sentimientos; una perturbadora presencia en el diálogo que permite, si se trata de forma adecuada, profundizar el conocimiento del otro y de nosotros mismos.

En este trabajo hemos evitado hacer como aquel «mal panadero» que sabiendo todo sobre la harina, sobre el tiempo de cocción del pan, sobre los valores nutritivos de los carbohidratos, no se atrevía a poner nunca las «manos en la masa» para hacer un humeante panecillo, siempre sujeto al miedo de no saber mezclar o dosificar los diversos ingredientes.

Este libro ayudará sin duda alguna al lector atento a escuchar, ver, oír y finalmente saborear y oler de una forma nueva y distinta a la persona que tiene delante. Cambiará su percepción del mundo exterior y la imagen que tiene de sí mismo. Al final de esta lectura sabrá distinguirlo que es importante de lo que no lo es, al mismo tiempo que será consciente de que, como dice Bateson, «la realidad es un inmanente al que nuestro pensamiento consciente sólo puede acercarse».

Recuerde, además, lo que escribía André Gide: «No se descubren nuevas tierras si no se acepta perder de vista durante mucho tiempo la tierra firme».

El mapa no es el territorio: una nueva comunicación

Escucha con el corazón

Se trata del lugar más complejo del universo, el sistema más sofisticado y todavía misterioso que el Cosmos en su evolución haya producido nunca. Y en cambio lo llevamos encima del cuello, encerrado en una cajita ósea. Un kilogramo y medio de materia gris que en el microscopio desvela un increíble lío de células, arborizaciones y filamentos. Estamos hablando del cerebro del hombre, una arquitectura que millones de científicos, investigadores, filósofos, psicólogos y poetas se esfuerzan desde hace siglos en descifrar y reconstruir. ¿Es posible penetrar en sus meandros, descubrir las modalidades de transmisión de las señales que recorren sus redes, tener la presunción de dibujar todo el esquema de conexiones y entender su funcionamiento?

Por el momento es muy difícil que esto suceda. Para corroborarlo, basta leer lo que escribe el premio Nobel Edelman acerca de ello: «La parte superficial del cerebro es como un periódico enrollado. Si desenrollamos esta hoja o estiramos la corteza, impropiamente definida como la parte pesada del encéfalo, obtendremos una superficie grande como un mantel de un milímetro de grosor, con diez millardos de células y un millón de millardos de conexiones. Contando cada conexión al ritmo de una por segundo acabaríamos dentro de 32 millones de años. Si quisiéramos calcular todos las posibles formas de interacción entre las neuronas (células nerviosas), la suma superaría en distintos órdenes de grandeza de los átomos y la de las partículas que se encuentran en el «universo entero». Y por si esto no fuera ya suficientemente impresionante, Edelman señala que «la individualidad humana depende de las formas con que se conectan los distintos grupos de neuronas entre sí. El individuo es el resultado de un proceso particular que ha llevado a sus neuronas y a sus circuitos cerebrales a organizarse de una forma determinada, absolutamente única e irrepetible».

La programación neurolingüística: el lenguaje representa la realidad

Escucha con el corazón

El misterio parece impenetrable. Pero esto no desanima a quienes desde hace años formulan teorías sobre cómo funciona el cerebro en el ámbito de la comunicación. Entre las investigaciones más acreditadas y sobre todo más eficaces se encuentra la PNL o programación neurolingüística(Neuro Linguistic Programming), que nace en California en la década de los setenta como punto de llegada de un conjunto de estudios sobre la estructura del lenguaje y sobre la elaboración de las informaciones aplicadas a la comunicación, por obra del lingüista Grinder y del matemático Bandler, basándose en las teorías de psicología humanística de Rogers y Berne y de las contribuciones de Watzlawick, Erickson, Satir, Korzybski, Chomsky y Bateson. Este último, considerado uno de los padres de la cibernética, afirma que «cada comportamiento humano es el resultado de complejos procesos neurológicos ordenados y ordenables en secuencias muy precisas». En otras palabras, los comportamientos son transformaciones de procesos neuronales internos que se ordenan en secuencias y modelos que dan informaciones sobre cómo percibimos el mundo que nos rodea.

Con respecto a esto recordamos uno de los conceptos clave de la programación neurolingüística: «El mapa no es el territorio». Como precisa Alfred Korzybski1, en Science and Sanity, «se deben tener presentes las características fundamentales de los mapas. Un mapa geográfico no es el territorio que representa sino que, si es exacto, tiene una estructura similar a la del territorio, lo que no justifica su utilidad».

En la práctica, la representación interna que hacemos de la realidad no es la reproducción exacta del acontecimiento, sino que es sólo una interpretación filtrada a través de creencias específicas, actitudes, valores personales y, de forma particular, a través de nuestros instrumentos sensoriales.

Cómo percibimos el mundo

Según la programación neurolingüística codificamos y elaboramos las informaciones que nos llegan del mundo exterior a través de los instrumentos sensoriales de nuestro sistema nervioso. No nos relacionamos directamente con el mundo que nos rodea sino que utilizamos «mapas mentales» o «modelos cognitivos» individuales.

En la práctica, nuestra visión de la realidad, la percepción de lo que sucede, de las cambiantes notas de un mundo siempre en evolución, se elabora a partir de lo que vemos, percibimos con nuestras emociones a nivel cinestésico (del griego kineo, «yo muevo», y aisthetikos, «capaz de sentir»), escuchamos, olemos y degustamos.

Otro filtro, no menos importante, para la elaboración de la realidad es el de las creencias, el de las convicciones y el de los valores que «fabricamos» basándonos en nuestras experiencias de vida. Se trata de unos conceptos que están explicados con mucha habilidad por Gregory Bateson en su ensayo Hacia una ecología de la mente.

Cada uno de nosotros tiene un sistema representativo que utiliza principalmente un canal sensorial que lo guía comparable con la lengua materna que se aprende en los primeros años de la vida. Lo preferimos a nivel inconsciente ante cualquier otro sistema aprendido más tarde en la vida. En la práctica, cuando traducimos nuestra comunicación en el canal representacional preferido por la persona con la que comunicamos, las informaciones pasan rápidamente de un cerebro a otro. La comunicación se convierte en una especie de baile y, aunque los contenidos estén contrapuestos, no asume nunca las connotaciones de una lucha.

Es importante remarcar que nuestros sistemas sensoriales se estimulan principalmente por las imágenes internas, recordadas o construidas, de ese gran almacén de sensaciones, sonidos, visiones, gustos, olores y perfumes que llamamos memoria. Este material bruto se manipula, se reorganiza y se reconstruye en algo particularmente personal y creativo: el pensamiento.

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